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Cloud Nothings — Life Without Sound

Se te ha puesto cara de errejonista


Hay dos almas en Cloud Nothings del mismo modo que hay dos almas en Podemos: porque el equilibrio del universo depende de las relaciones siempre conflictivas entre quienes tienen el poder y quienes tienen la razón. A Dylan Baldi, tres discos después de aquel salto al vacío desde el Lo-fi hasta el Post-hardcore-Indie-rock-whatever, le dominan las mismas pulsiones que al esperpento político de Vistalegre II: el camino hacia la luz o el camino hacia la ortodoxia. Pero para él, ambos resultan en victoria, no en fracaso.

Recapitulemos: dos años después de sorprender a propios y ajenos con Attack on Memory (Carpark, 2012), el disco a partir del cual Baldi dejaba de ser un cliché atado al sonido casero de su habitación y se convertía en algo que merecía la pena tomarse en serio, Cloud Nothings subían la apuesta, elevaban el volumen del amplificador al once y se lanzaban al vacío post-Fugazi con un disco monolítico donde cada canción parecía una continuación del anterior. Si hubo un ramalazo pop, y pervivía en aquella gloria de canción titulada ‘I’m Not Part of Me’, había quedado absolutamente arrasado por la rabia en crudo, por los brotes dementes, de un Baldi pasado de rosca.

Here and Nowhere Else (Carpark, 2014) fue un acierto mayúsculo, un disco centrifugado en el corazón del Post-hardcore juvenil, de unos Cap ‘N Jazz prendidos sólo de rabia y no de nostalgia, de un Albini cruzado en el corazón de los noventa (pero sin Albini, como ya explicó Baldi).

Así que tres años después, las alternativas para Baldi eran evidentes: o el camino de la socialdemocracia pop, vía Errejón y transversalidad hasta el infinito y más allá, o el repliegue a las raíces, puño en alto, de la izquierda post-lo-que-sea (y pre-todo). Life Without Sound (Carpark, 2016) es el manifiesto de acuerdos mínimos entre unos Wipers enraizados en la lucha obrera y unos Weezer disparados hacia el firmamento de la post-ideología. O lo que es lo mismo, entre los tres minutos autoconsumidos de ‘Darkened Rings’ y la power ballad de ‘Enter Entirely’.

Sin que sirva de precedente, se impone el errejonismo: desde el guiño involuntario o no de la portada teñida en tonos azules hasta el triunfo de singles como ‘Modern Act’, por lo demás irreprochable, Life Without Sound es echar la mirada hacia atrás y toparse con aquel Rivers Cuomo en estado de gracia del Blue Album, en esa forma de aproximarse al pop tan quebradiza y rara como los Feelies del Crazy Rhythms.

Y si bien aquí hay más aristas y melodías, el fondo es el mismo: Baldi sigue cantando a todos los post-adolescentes que no han sido capaces de dilucidar su lugar en su propio mundo, abrumados por la soledad, la desesperanza y la desazón ante lo efímero de los acuerdos y lo perenne de las rupturas, de las derrotas. Pervive el tono oscurecido que ya dominaba el espíritu de Here and Nowhere Else, tanto romántica como filosóficamente, y canciones como ‘Strange Year’ o ‘Realize my Fate’, las dos de cierre, se lanzan a un callejón cada vez más ensimismado donde la rotundidad sonora da paso a un aire chungo y sonicyouthesco como sólo ‘Wasted Days’ evocaba.

“Por una mayoría social escuchando el Blue Album”.

Es decir, si te enamoraron los Cloud Nothings que pisaban el acelerador a fondo y prendían fuego a todas sus canciones puede que te quedes con hambre aquí: la rabia ha dado paso a la aceptación tétrica del fracaso, como el Punk se transformó lógicamente en el Post-punk. Ahora bien, si te reventaron los tímpanos los paisajes más melódicos de Attack on Memory (¡‘Cut You’!) y el intuido aire oscuro de ‘Wated Days’ y ‘No Future’, enhorabuena, Life Without Sound es lo mismo pero mejorado. Lo que Baldi ha perdido en potencia de fuego lo ha ganado en matices.

Conclusión: sí, puede que Cloud Nothings hayan superado su fase queremos-quemarlo-todo. Y puede que eso esté bien. Pero te adscribas a la corriente que te adscribas, todo lo que vas a encontrar en este disco te va a encantar si ya te flipaba lo anterior. Y eso es estupendo, porque quienes hemos estado siempre en este barco no hemos necesitado de un congreso-chanza para descubrirlo.

8/10

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