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Los 80 en 200 discos que hay que (re)descubrir (I)

The Replacements — Tim


Me gustaría convenceros, si no habéis caído alguna vez rendidos a sus encantos, de que The Replacements son una banda que tenéis que escuchar. Sí, hay demasiada música y puede que estemos abrumados, pero permitidme que coloque otra tarea pendiente en vuestra lista de cosas por hacer. Porque rendir pleitesía a muchos grupos del presente y estar dejando de lado a uno de los nombres fundamentales del rock estadounidense de los últimos 30 años no me parece solución. Que conste que en ellos la mayoría todo es grano y la paja no está, desde luego, en este Tim, su cuarto disco.

Y mira que lo tenían difícil los Replacements cuando sacaron Tim en 1985. Justo un año antes, habían editado el que desde ese mismo momento se convirtió en uno de los álbumes claves del rock undergorund de la época, Let It Be. No sólo eso, sino que espoleados por el éxito de este disco habían dejado Twin/Tone, su pequeña discográfica, para firmar con Sire. Se enfrentaban al adiós a la independencia con una actitud entre lo agreste y el absoluto convencimiento de que era su única salida. Permanecer como outsiders no parecía el camino válido y llegaba el momento de hincar la rodilla.

El mundo de The Replacements visto con cataratas

Producidos de manera un tanto peculiar por Tommy Ramone, los de Minneapolis solventaron aquella difícil sucesión con otro disco magnífico. Personalmente, me gustan más Let It Be o Pleased To Meet Me (sobre todo este último, también porque fue con el que me enganché por primera vez a la banda de Paul Westerberg), pero The Replacements, en 1987, eran una banda viva, llena de talento y que en disco apenas daban tregua o canción floja.

A Tim, le diferencia (y a veces, le pesa) una atmósfera singular. O la banda o Tommy Ramone decidieron dotar al disco de un ambiente donde la contundencia de su sonido se diluía en una bruma. Imaginad cuando escucháis un disco de rock que está sonando en otra habitación. Uno que esté alto, del que se pueden distinguir las canciones, las melodías, los instrumentos, todo, pero que nunca te suena cercano. Así es la producción de Tim: borrosa, tras una cortina de agua, como describen el mundo quienes sufren de cataratas.

A la izquierda del dial

Pese a todo, es una delicia volver a escuchar estas canciones: La enérgica y emotiva ‘Left Of The Dial’, otro himno para esa forma de entender el rock que floreció en el subsuelo y siempre fuera de las emisoras; la preñada de violencia ‘Bastards of Young’ o esa continua sensación de que el mundo no te comprende que florece en casi todos los textos de Westerberg.

Kneeling alongside old Sad Eyes
He says, “Opportunity knocks once, then the door slams shut”
All I know is I’m sick of everything that my money can buy
The fool who wastes his life, God rest his guts

El cierre de ‘Here Comes a Regular’ sigue siendo uno de los broches más emotivos de todo el rock de los años 80: parte del ‘Knockin’ on Heavens Door’ dylaninano para construir una imagen clara y precisa de lo chungo y a la vez necesario que es tener que escapar de la realidad metiéndote en un bar a echar cervezas.

Kiss me on the bus
Oooo, if you knew how I felt now
You wouldn’t act so adult now
Hurry hurry, here comes my stop

Antes de ese cierre, Tim presenta algunos de los temas más pop de toda la carrera de Replacements hasta ese momento, entre los que se cuela la twistera y vacilona ‘Waitress on The Sky’. Hay cumbres escarpadas, como hermosa también ‘Kiss Me On The Bus’, algo así como el ‘(Don’t Go Back to) Rockville’ de R.E.M. con final feliz, (cuya demo es una de las cumbres de la reedición de Rhino de hace pocos años).

Tim presenta eso y también la sensación de estar ante una banda en un momento muy dulce de su carrera, dominando todas sus caras. ‘Swingin’ Party’, por ejemplo, que en su día cerraba la cara A, es una muestra de lo emotivos que podían ser los de Filadelfia desde su cara más pop. ‘I’ll Buy’ les emparentaba con el regreso del R’n’R (y confirmaba el groove absoluto de sus guitarras) siguiendo la estela de su propio ‘I Will Dare’.

En dos años consecutivos, The Replacements dejaron un puñado de canciones que les convirtieron en héroes del rock underground. Himnos de una juventud de hace 23 años que, sin embargo, aún hoy perduran; aún hoy conservan la misma capacidad de seducir y describir las penas y las alegrías de cuando eres joven y ni tú mismo te entiendes. Sí, me gustaría convenceros de que éste es un disco que tenéis que escuchar.

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