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Preámbulo a las instrucciones para sobrevivir a un Cantajuegos

Yo tengo un (puto) tallarín

Piensa en esto: cuando te regalan un cantajuegos te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un DVD, que tu hijo los cumpla muy felices, y esperamos que te dure porque es de FNAC, o de Amazon Premium; no te regalan solamente esos menudos jilgueros que te atarás a la vida y canturrearás a toda horas.

Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben–, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo (y al de tu hijo), ponértelo a todas horas en tu Smart TV o en Youtube. Te regalan la necesidad de enchufarlo para que todo vaya como un reloj; te regalan la obsesión de atender a la letra exacta en cada aparición televisiva, en el anuncio por la radio, en las canciones del colegio.

Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa, de que el niño empiece a llorar si no lo tiene. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, mejor que Mundo Arco Iris, te regalan la tendencia a comparar tu Cantajuegos con los demás títulos de Cantajuegos, los otros siete, ocho, cien, mil.

No te regalan un Cantajuegos, tu eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del Cantajuegos.

Instrucciones para sobrevivir al Cantajuegos

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el cantajuegos con una mano, tome con dos dedos el DVD, sin poner los dedazos, hombre, que luego salta y ya tenemos el Cristo montao, introdúzcalo suavemente.

Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan, el Burrito Pepe, el cocodrilo y su cueva, el tallarín, el puto tallarín.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Póngalo pronto en su DVD, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. Hágase un Just Dance cantajueguil. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las canciones del dichoso Cantajuegos, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Y Wincy Araña quizás también ande por allí.

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