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Jukmob, San Junípero hecho app de música

“Cuelga al dj, porque la música que pincha no me dice nada sobre mi vida”.


Morrissey, bocazas por excelencia, tenía razón en esto. Como te toque el DJ coñazo, no hay ni dios que te pueda levantar ese bar, esa fiesta. Ya ni hablemos de bodas, fiestas privadas, cenas de trabajo con el más moderno queriendo demostrar lo mucho que vale eligiendo. Es la maldición hangthedj.

En una enumeración rápida de HangtheDjs que hayan tenido lugar en nuestra vida, nos salen fácil tantas sin pensar mucho que asusta:

  • Electrolatino por la vena en la cena de Navidad.
  • Queen una y otra vez porque “Queen son lo más”
  • El tipo empeñado en pincharte una de Dire Straits porque “son los amos”. Ni olvido ni perdón.
  • La vez en la que en vez de una fiesta que tenía pintaza fue una sesión de repaso discográfico a los grandes jitazos de Pitbull (Blame @NatxoSobrado)
  • LA-MÚSICA-DE-MIERDA-DEL-GIMNASIO (que soportas como si ir al gimnasio no fuese ya de por si suficiente castigo)
  • El disco de relajación del final de Pilates (¿alguien me explica cómo una canción relajante puede hacerte querer ser un sosias de Hannibal Lecter?)
  • y tantas más

Así que es inevitable no pensar en Jukmob como el paraíso en la tierra, nuestro propio trocito de San Junípero (argh, Charlie Brooke, cómo elevaste ese altar en medio de una temporada tan desastrosa). La app permite elegir las canciones que van a sonar en el bar sin más intervención que las de todos los que están allí. Convierte el estar de farra musical en una experiencia colectiva, en un acto donde la democracia directa tiene sentido. Es fabuloso, claro.

“Al que ha puesto Human en pleno 2017, ¿lo matas tú o lo mato yo?”

Recuerdo que, cuando aún existían los recreativos, en uno de ellos había una jukebox. Recuerdo que alguien puso Creep, de Radiohead: la primera vez que la escuchaba. Recuerdo pensar que aquello era LOPUTOMÁS y que por qué no lo había conocido antes. Y no, un DJ entonces nunca me la hubiera puesto (en mi ciudad sólo había una disco-light a mediados de los 90: ni para canción lenta valía en ese entorno hostil). Cuando ya las jukeboxes no tenían sentido más allá de la nostalgia, aún seguían teniendo UTILIDAD vital, aún eran capaces de hacerte confiar en la inteligencia colectiva (bueno, vale, vender esto en plena era Trump es un poco wishful thinking, … sí, dejadnos ser optimistas).

Jukmob apuesta por recuperar eso. Pero, claro, pensad en que podríais acabar en un sitio con los hipersónicos y, de repente, lo mismo empieza a sonar un tema de 20 minutos prog que una tristeza de Chou que alguna delicia de indie-pop campanamuertismo o que Keaton Heanson (¡cigarrríiiin!). Pensad en el eclecticismo llevado al terreno sincriterio. Lo hemos probado, y aún así, es la leche.

Bueno, no siempre: pensad en que lo mismo es Ferraia quien elige todo el rato. Ay, San Junípero, qué reverso tenebroso sigues teniendo.

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