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¿Deberíamos los medios boicotear la música con contenido machista?

Venga, metánomos en el fregao


El presente artículo me va a traer algún disgusto, seguro, pero hemos venido aquí a jugar, así que no hay miedo. La cuestión es sencilla, otra cosa es que tenga una respuesta igual de simple: ¿deberían los medios especializados boicotear a solistas/bandas que empleen mensajes machistas en sus letras/vídeos?

En primer lugar, dejemos claro que hablamos de boicot, no de censura. Es decir, no defendemos que ningún organismo oficial examine y obligue a modificar ningún contenido en las letras o vídeos de nadie. La cuestión es otra, es si estamos de acuerdo en que los medios difundan comentarios que discriminen a una parte de la población.

Como ocurrió hace décadas con otros movimientos sociales, actualmente el feminismo está cobrando (o eso opina quien escribe) la pujanza suficiente para que quien quiere acallarlo se las vea y se las desee cada vez más para conseguirlo. Las noticias, los blogs, los posts en redes sociales, etc… que denuncian comportamientos o comentarios machistas en la sociedad son, por suerte, cada vez más. Igualmente, cuando alguien intenta acallarlos al grito de “feminazi!!!” encuentra menos peña que le ría la gracia. Con un poco de suerte, estaremos por fin afrontando el camino de no retorno a la hora de reconocer en las mujeres capacidades y derechos tradicionalmente reservadas a los hombres.

Entonces llegamos a la música. Como cualquier otro elemento de la sociedad, las letras o videoclips de cualquier estilo musical han estado (en parte, no todas, claro) empapadas de machismo. Igualmente la actitud de muchos de los que consumen música en cualquiera de las formas disponibles para hacerlo. A las mujeres se les dejaba un hueco para el folk blandito, para ser teclista o bajista de una banda, para ocupar un puesto de diva pop o, si te quedaban bien los pantalones de cuero y los corsés, para ser front-woman en un grupo de metal.

A cada año que pasa, nos vamos acostumbrando con mayor naturalidad a que eso deje de ser así (aún con esas, la presencia de grupos femeninos, por ejemplo, en carteles de festivales grandes sigue siendo irrisoria comparada con los masculinos), por lo tanto, en la medida en que intentamos acorralar al machismo, ahogarlo sin miramientos, desaprobar cualquier mínimo y lejano comportamiento que lo justifique, ¿ha llegado la hora de aislarlo? ¿de quitarle voz?

Machismo en las letras: mucho cambio en muy poco tiempo

La cuestión es controvertida: a priori no estamos de acuerdo con ningún tipo de boicot. Y, aunque distingamos entre boicot y censura, según quién te boicotee, obviamente de alguna forma te ha censurado. Del machismo en la música en general, y en alguna de la música que nos gusta en Hipersónica en particular, lleva mucho tiempo hablándose. Aunque me fallará la memoria, recuerdo como primera hostia aquella del machismo en el indie, hace cuatro años. Yo mismo lo leía intentando justificar cosas desde la inercia machista que todos llevamos dentro. Hoy en día voy cayendo de la burra.

Hay mil letras, no especialmente remotas, que a día de hoy serían imposibles. Desde la cacareadísima ‘La mataré’ de Loquillo y los Trogloditas al ‘Hoy voy a asesinarte’ de Siniestro total. Pero yendo más allá, hay grupos que han sido criticados de forma más reciente que, no sabemos si de forma premeditada o no, han ido cambiando la temática de sus letras. Pongamos por ejemplo, obviamente, a Los Planetas. Su Zona temporalmente autónoma, discazo incontestable, contiene una temática mucho más amable en las letras. Desde el amor, la religión o el activismo político, parece que J vive ya muy alejado de aquellos personajes a los que daba voz en letras como ‘Algunos amigos’. Del revanchismo de “eres una zorra porque no quieres estar conmigo”.

Si eso ha ido cambiando en relativamente pocos años, es probable que, incluso sin boicot de los medios, la educación vaya dando sus frutos y poco a poco las letras reflejen lo que es la sociedad, al menos la nuestra: un lugar en el que vayamos intentando no discriminar a nadie.

Claro que fiarlo todo a la educación igual es un pelín ingenuo. El que escribe cuenta con 35 años. No es un hombre muy mayor, pero tampoco podría desenvolverse en jerga juvenil sin dar vergüenza ajena. Y aquí, como hombre mayor, me asombro del auge y éxito incontestable entre la chavalada del trap. Igual es precisamente esa barrera generacional la que me impide verlo, pero no consigo entender que, justo cuando parece que la presión feminista de las últimas décadas consigue por fin no ser acallada, surjan fenómenos como Pxxr Gvng, de la mano de, entre otros muchísimos ejemplos, ‘Tu coño es mi droga’. Soy un cliente fijo siempre me da mucho, porque sabe que no voy a fallar, que la voy a follar, que la voy a hacer gozar.

Llama la atención que un movimiento que tan habitualmente cosifica a la mujer cuente con la aprobación de tanta gente mucho menor a uno. Gente que, se supone, debería tener mucho más interiorizado el mensaje de que discriminar a una persona en función de su sexo (entre otras muchas cosas) no es precisamente adecuado. De hecho, tal y como ocurrió en otras ocasiones con músicos que hacían apología del racismo o la homofobia, empiezan a ser noticia cancelaciones de giras de este tipo de artistas ante las protestas de asociaciones feministas. Sin ir más lejos, Kaydi Cain, autor de letras tan majas como la anterior o también Te vas y vienes cuando quieres y yo mientras con otras mujeres pero ninguna me llena como lo hace mi nena, ella sí merece la pena, tuvo que suspender su gira gallega el pasado año gracias a la presión de ese tipo de asociaciones.

Y tampoco es que sea algo inherente al estilo. Porque hay ejemplos suficientes de que es perfectamente posible entregarte al trap desde una perspectiva feminista. Otra cosa es por lo que opte la persona en sí.

Racismo y homofobia no rotundo. Machismo… hay que educar

En ese sentido, obviamente, el hiphop es otro de los ejemplos (con el pop, con el trap, con el rock y con el folk) en el que la cosa no pasa desapercibida. Incluso auténticos iconos de la etiqueta actualmente, como el dios Kendrick Lamar, mezclan mensajes en sus letras alegando porque quieren ver más culos con estrías y celulitis en los medios (bravo, Kendrick, demos la bienvenida a los culos de verdad), mientras no tienen el menor problema en presentar planos cenitales de tías en sujetador en sus vídeos. Absolutamente necesarios, claro, para que el vídeo se entienda.

Se pisa terreno peligroso. Está claro que empezar a decidir qué se boicotea y qué no sería delicado. La respuesta, seguramente, sea que nada debe ser boicoteado y, mejor, que se publiquen cosas dejando claro que desde tu punto de vista, son una mierda. O empezar a vivir un poco más tranquilos y dejarnos llevar, sin que nos fijemos excesivamente en los mensajes. Aunque es complicado que nadie me convenza de que está feísimo tratar a los negros como apestados, a los gays y lesbianas como gente a aislar en una isla desierta para que no contagien a nadie, pero que tampoco nos podemos escandalizar y pillárnosla con papel de fumar porque alguien se dirija a una mujer como “mi zorra” o que le deje bien claro que no va a saber de verdad lo que es follar hasta que él la folle.

En el tema de los vídeos, quizás el apartado más obvio si nos quedamos en lo superficial y no afrontamos también actitudes mal llamadas micromachistas como el paternalismo o la adjudicación de determinados roles a las mujeres, extrañándonos de que quieran abandonarlos y dar un golpe en la mesa, la cuestión es extraordinariamente habitual. Las tías continúan siendo, en muchísimos casos, utilizadas como elemento de captación desde lo sexual, reducidas a entes que se dedican al twerking y que dejan al batería tatuado haciendo lo que tiene que hacer. Ejemplo reciente, Mastodon:

La cuestión es extraordinariamente delicada. Probablemente se irá definiendo sola, con el paso de los años, mientras continuamos discutiendo sobre el tema. ¿Es recomendable un boicot? Pues si todos vemos como normal que asociaciones feministas se quejen de según qué artistas y presionen, como consumidoras, para que determinados festivales o salas no los contraten, tampoco nos debería extrañar que algunos medios empezasen a optar por esa vía. No es cuestión poco polémica.

Mientras, esto seguirá ocurriendo, porque la música no es algo aislado de los demás comportamientos de una determinada sociedad, y a lo mejor es cuestión de la sociedad en sí condenar y apartar algunos comportamientos. Como digo, parece que la homofobia o el racismo son tipos de discriminación que todos hemos conseguido censurar. El machismo, por lo visto, de momento no tanto. Ya que muchos no parecen pillar el mensaje, ¿debería darse un paso más allá?, ¿deberíamos empezar a acallarlos?

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