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Sónar 2017, jueves y viernes: algunos pinchazos grandes y el triunfo de los nombres más modestos

Jornadas de contrastes entre cabezas de cartel y artistas jóvenes


Un año más nos sumamos a la convocatoria del Sónar, que este año ha cumplido récord de asistencia con más de 120.000 personas, una barrabasada de gente. Y con todo, sigue siendo un festival cómodo, algo que no todos los de su tamaño pueden decir. Eso sí, este año hubo algunos problemas gordos como las barras nocturnas, y en cuanto a lo musical, pinchazo de gente que venía con grandes expectativas y en cambio salieron airosas propuestas no tan conocidas por el populacho. Es la doble cara de siempre, y como siempre, algún solape doloroso, algo que seguiremos sufriendo hasta que no seamos ubicuos. Eso sí, lo que estaría bien sería modificar la política de horarios, con artistas patrios muy buenos a horas tempranas y lo mismo con algunos cabezas de cartel. Y después de las exigencias, vamos al tomate con las jornadas de jueves y viernes:

Sónar jueves

Empezaba la jornada con unos pesos pesados del techno y la experimentación, Dopplereffekt, que iban a presentar un espectáculo sobre la historia del espacio. Algo que como idea podía sonar bien por el carácter espacial que puede tener el techno, pero finalmente fue una propuesta demasiado pesada, con una guía explicando la historia del espacio con proyecciones de fondo mientras el Sónar Complex se sumergía en una capa de ambient lineal y suave. La gente empezó a emigrar de allí, y a pesar de que en algún pasaje, bastantes minutos después, el dúo estadounidense llegó a los teclados para meter algo de músculo, después llegó de nuevo la guía. Un pinchazo que muchos no soportaron.

Tras el cambio de horario repentino de Princess Nokia, salió Bawrut al Village con una sesión simplona, sin pena ni gloria, para volver después de Nokia. Sin embargo, había llegado la hora de Daniel Brandt para presentar Eternal Something (Erased Tapes, 2017), uno de los discos electrónicos del año. Su interpretación de jazz, llevada sobre el escenario en formato banda fue de lo mejor del día. Mostró su valía como batería, pues era prácticamente la mitad del espectáculo, mientras que con su ritmo se fundía entre la coraza rítmica que completaban sus otros dos compañeros. Aunque la traslación del disco al directo no fue perfecta (no es fácil), su actuación fue de notable. Muy bien cuando sonaron temas como ‘Chaparral Mesa’ o ‘Kale Me’. Uno de los tapados del día y sin embargo una de las actuaciones de jueves.


Y de una actuación clave a otra, esta vez la de Forest Swords, que volvieron tres años después para presentar su nuevo álbum: Compassion (Ninja Tune, 2017). Una vez más, la formación de Liverpool, armada de bajo y teclado, volvió a hacer las delicias de los presentes con una de las actuaciones más sibaritas y delicadas de la jornada. Con ese ritmo downtempo y las melodías jalonadas de sonidos orientales, consiguieron esos momentos de cerrar los ojos y dejar que sus vocales burialistas se metieran en tu cabeza. Presentaron el nuevo trabajo y también dejaron caer alguno de los pesos pesados de Engravings (Tri Angle, 2013) como ‘The Weight of Gold’. Y claro, otra vez visuales para quitarse el sombrero con figuras asiáticas varias. Psicodelia y trance. No fallan.

Quien sí falló, muy a nuestro pesar, fue la propuesta que trajo Andy Stott al Sónar Complex, que no fue otra que estar una hora jugando ciertas características de su sonido; con la oscuridad y percusiones regias. Un show que también hizo que salieran no pocas personas de la sala, seguramente esperando algo más de producción propia y de repaso a su trayectoria discográfica. Sin embargo, salvando las distancias, se hizo un Autechre, no hubo visuales, temas suyos ni vocales. Tremenda decepción y siesta que ocasionó a más de uno (literalmente). Sin embargo, como pasa en festivales como el Sónar, puede que alguien grande pinche y que alguien más modesto te deje el culo del revés. Y ese fue el caso de Denis Sulta, que presentó su candidatura para cerrar en el Sónar Noche.

El de Glasgow sabía que la suya era la última actuación del Sónar Dôme y que algunos abandonarían el festival después, así que teniendo en cuenta que ya vimos a Arca la vez anterior, fuimos allí. Y repartió que dio gusto, fue lo más divertido del día, con recital de zapatilla, remezclas dance con ‘Pulverturm’, temas propios al final de su set como ‘Dubelle Oh XX’ y subidones continuos. Derramó sobre el escenario toda la adrenalina y contagió a los presentes. Ojo para próximas ediciones, con sesiones como esa, cierra el festival fácil por todo lo alto.

Sónar viernes (Día)


Y con la llegada del viernes llegaron los problemas que ha habido algún otro año en organización: las barras de Sónar Noche. Este año había menos y menos camareros, lo que suponía colas de 20 minutos para pedir lo que fuera, obviamente sembrando quejas por doquier. Una cosa que se puede esperar de otro festival de menos calado pero no de uno como este. Aspecto a corregir de cara al año que viene, teniendo en cuenta que con el precio de los abonos en sus diferentes formatos, el servicio debería ser acorde.

Por aquí empezamos el día con el proyecto de Aitor Etxebarria (El_Txef_A) en el que ha puesto música al documental ‘Gernika.Markak’. Como se esperaba y teniendo en cuenta que tocaban en el Complex, con un sonido diáfano ideal para propuestas como esta, vino con una banda (también con su hermano Ibai al piano) en la que había guitarra, bajo, batería, teclados y una sección de cuerdas. Del minimalismo a la intensidad y teniendo en cuenta los silencios o los momentos de protagonismo únicamente para el violín o el chelo, fue un directo fantástico. Además, de fondo iban pasando imágenes del documental, lo que subía la emoción del directo sumado a la música. Por momentos, fue sobrecogedor. Bravo por la propuesta.

Salimos a tomar el aire y de nuevo vuelta al Complex, esta vez para ver de nuevo a LCC, que venían a presentar Bastet (Editions Mego, 2017) con los visuales de Pedro Maia. El resultado fue algo menos corpulento que con d/evolution (Editions Mego, 2014) y más minimalista y experimental por momentos, una muestra del giro que han pegado con este segundo largo. Apostar por ese sonido hizo un directo más acongojante y opresivo gracias a los visuales. Para despedirse dejaron caer uno de sus cortes más imponentes, ‘Adámas’ con su sonora ovación después.

El viernes era un día de mujeres, así que tras ver a las asturianas, Lena Willikens estaba con un techno a fuego lento en el Village, en una de las actuaciones de más personalidad que allí se vieron. Y después llegó la hora de ver a una de las pioneras de la electrónica, Suzanne Ciani y su sinte modular. Sin embargo, ni ese escenario era el propicio para su propuesta (más de Complex), ni logró conectar lo esperado. Su set fue algo errático y costó disfrutar del poderío y la riqueza sonora (salvo pasajes concretos) que ofrecen estos cacharros. Así que tocó el paso hacia una propuesta totalmente diferente, la de Evian Christ.


Uno de los baluartes del trap antes de que viniera ese-otro-trap, vino a ofrecer una sesión inconexa sin mucho sentido, con unos volantazos de un noise de machaque a luego jugar con Robert Miles y su ‘Children’ y algo de techno. Sin embargo, fue interesante ver una propuesta tan loca. Con la máxima de ofrecer el sonido más corpulento posible y con unos visuales poderosísimos, Christ tuvo momentos brillantes de ruido y músculo, aunque hubiera ido mejor con la sesión estructurada de otra forma, con más sentido. Pero bueno, el dinamismo y esos mismos cambios hicieron que fluyera cómodamente.

Y de nuevo tocaba regresar a otra de las artistas del día, Marie Davidson, que con ‘Bullshit Treshold’ se esperaba algo más. Puso el sintetizador en marcha con un synth pop encantador y salió a cantar y bailar delante de la máquina, pero se esperaba algo más efusivo y electro como en otras producciones. Así que cambiamos de tercio rumbo a Sónar Hall para ver a uno de los pesos pesados del cartel, Clark, que no decepcionó. Presentó Death Peak (Warp, 2017) y apeló al sonido propio de esa IDM melódica que le caracteriza. Como siempre, este escenario retumbaba un poco, aunque quizá con él fue con quien menos. Su directo fue irreprochable y nos puso a bailar enseguida, sobre todo con perlas como ‘Peak Magnetic’ y con la contundencia de ‘Hoova’. Cómo no, de cara al final fue cuando sonaron estas y también ‘Winter Linn’, de Clark (Warp, 2014). Sobre el escenario había dos bailarinas y dos monolitos con luces que hacían la propuesta más visual. Todo bien Clark. A la altura.

Como a la altura estuvo don Robert Hood e hija (aunque esta con menos protagonismo) con Floorplan después. 20 minutos de poderío para cerrar, con un techno que tiraba mucho hacia el house y que con temas como ‘Never Grow Old’ no hacían más que levantar al personal. Al menos por lo visto, una sesión de no parar, de puro hedonismo para la pista de baile, y así nos contagiaron a todos. Hay que ponerle más Robert Hoods a la vida.

Sónar viernes (Noche)

Por la noche, la imposibilidad de llegar a tiempo a Dj Shadow si apostabas por Floorplan, hace al final los cabezas de cartel que pinchen a primera hora de la noche sean los damnificados. Pero bueno, sí estuvimos ahí para ver a Anderson .Paak & The Free, que fue todo un espectáculo de flow. Le puedes ver como frontman simplemente con el micro, o con el piano, o con la batería. Y posiblemente le vieras con unas castañuelas si las tuviera, porque Anderson es un fuera de serie, tiene actitud, tiene magnetismo sobre el escenario y el ritmazo con sus compañeros es de categoría. Hip Hop, funk o soul, lo que le eches. Un verdadero recital, de los más divertido de toda esta edición.


Y de la alegría de este pasamos a la maestría de Clams Casino, el beatmaker que hay detrás de algunos de los señores del hip hop que más lo petan en EEUU. No sólo pinchó su último álbum, que es lo esperado, sino que guardó hueco para sus dos primeras mixtapes, algo que no era tan seguro y que es lo mejor que ha hecho. Esas bases instrumentales, la música para estrellas como ASAP Rocky, son gloria pura, y así sonaron. Encontró el equilibrio justo entre el hip hop instrumental y su nuevo álbum y dio una muestra de clase y de por qué van detrás de él algunos de los MCs más afamados.

Al final, una vez más, la cosa acabó en Moderat, que a pesar de que en sus últimos discos han ido flojeando cada vez más, siempre guardan algún hit dentro y en directo suelen ser una garantía por cómo suenan. Con un Sónar Club hasta los topes, Moderat dedicaron parte de su actuación a sus mejores trabajos con temas como ‘A New Error’ o ‘Rusty Nails’. Eso sí, hicieron un parón inexplicable a mitad del espectáculo y volvieron con uno menos. Tras el misterio, siguieron y finiquitaron con ‘Bad Kingdom’ como estaba pensado. El público ya podía respirar, aunque no si se iban a Nicolas Jaar, porque menudo embudo de un escenario a otro. Increíble la cantidad de gente concentrada allí.


Más espacio había en cambio en Masters At Work, que dependiendo de si estaba Vega o Dope había más house o más machaconismo. No obstante, en general en las dos partes hubo buena conexión con el público y mucho espacio para el baile. También lo que hubo con Derrick Carter, que mostró sus destrezas a los platos con house señorial que fue evolucionando hacia episodios más tech y acabando con una vorágine más cañera, que es a lo que acaba yendo siempre la inercia del Sónar Noche. Entre tanto, pudimos ver algo de Soulwax y su gran combinación entre indie y electrónica, con ritmos bastante frescos y mucho groove. Pero claro, la aglomeración de gente era asfixiante.

Así pues, después de Carter tocó ir a ver a Nina Kraviz, que apostó con un techno aguerrido y lineal con pocos matices. Algunas modificaciones en la superficie de sus temas pero siempre tirando de una misma base, oscura, que le siguió al menos durante la primera hora de sesión, que fue hasta donde aguantamos. Es el precio de estar más de 15 horas de festival de cuerpo presente. Tocaba ahorrar para el sábado.

Fotos | Nerea Coll | Ariel Martini

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