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The Mountain Goats — Goths

Para góticos fanegas


Con Goths me pasa que me produce gran curiosidad intelectual pero a la vez en el camino de la escucha me voy desactivando. Quizás sea más problema mío que del disco, que me lo pongo muchas veces haciendo otras cosas siempre, sin prestar atención completa a la obra en sí. Probablemente porque estoy roto yo y no la última parada de los Mountain Goats.

Roto como muchos de los que habitan las últimas canciones de John Darnielle, al que ya no sólo le amamos por sus discos y sus letras, sino también por sus libros: ahí queda ese magnífico ‘Lobo en la camioneta blanca’, novelón ideal para que echéis el verano.

Goths es un disco que va de hacerse viejo. No de envejecer, sino de perder pie en la realidad brutalmente. De intentar ser diferente, sentirse como tal, y acabar siendo lo mismo que todos, pero tras haber estado a pecho descubierto. Podría haber sido un disco sobre viejos heavies que ahora son calvos con (restos de) melena, pero Darnielle escogió hablar de góticos. Góticos que en su día brillaban (bueno, pun not intended) y ya no.

No podría haber sido un disco de rockers haciendo anuncios para el Sabadell. O sí, porque Darnielle puede hacer lo que quiera si de contar historias se trata. No en el sentido de “le dejamos hacer lo que quiera”, sino en el sentido de “tiene la capacidad”.

All four of us still fresh and alive

Goths, por encima de todo, le vuelve a mostrar como un escritor con una profunda capacidad de empatía hacia sus personajes. Así que el retrato de romperse por dentro que es la irrelevancia de los góticos hoy está contado con trazo fino, amabilidad y, también, brutalidad sincera. Que se lo digan a Andrew Eldritch ( “no le van a hacer un desfile, vendrá en tren con un maletín en la mano y una vieja mochila militar de la II Guerra Mundial comprada en una tienda de segunda mano de Leipzig”, fantasea sobre la decadencia del líder de Sisters of Mercy) a Pat Travers, del que en Rage of Travers lamenta:

Nobody wants to hear the twelve bar blues

from a guy in platform shoes

El problema es que, musicalmente, éste es sólo un disco normal de Mountain Goats. Uno en el que se han olvidado de las guitarras por elección propia, vale, pero que les ha quedado, a pesar de coquetear con varios géneros, demasiado plano. Especialmente, a Goths le pesan los ramalazos de soft jazz y una entonación atípica, algo abúlica.

Hay canciones muy Mountain Goats etapa más brillante (‘Rain In Soho’) y otras que muestran lo que sería este disco con la banda comprometida a ir a otros sonidos. Brilla, por encima de todas, ‘Shelved’, feroz diatriba del músico acabado que, sin embargo, se niega a admitir que este sea el fin y en el que le caen hostias a todos: a los programadores de código C++, a los productores musicales de mierda y a Trent Reznor:


Como oportunidad musical, Goths quedará como una perdida frente a otros discos del grupo (ojalá esto mismo con el paisaje sonoro de All Eternal Decks). Como retrato del desencanto y de que el mundo te parta la espalda como Bane a Batman, es maravilloso.

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