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Yellow Eyes, un enigmático telar trenzado sobre Siberia y el conflicto espiritual

El mejor Black Metal estadounidense, aquí y ahora

Una villa pesquera a orillas del Baikal, en el corazón del este siberiano. (Urbain J. Kinet)

Místico por definición, el Black Metal ha ocupado, en cierto modo, la posición paradigmática de los románticos decimonónicos en su relación con el paisaje. La sublimación de las emociones adosadas a las montañas y los ríos, la perfección de la metáfora artística en torno a las fuerzas totémicas de la naturaleza, el hábil trenzado de la simbología geográfica y de las cuestiones que atormentan al alma humana. Al igual que aquellos románticos hoy tan denostados — y no sin razones — , el Black Metal se vale de las imágenes icónicas del paisaje para construir su propio relato pictórico.

No siempre es así, por supuesto. Por cada Autumn Aurora hay doscientos discos dedicados a las más comunes temáticas del satanismo, la violencia y los viscosos caminos que conducen hacia el demonio, hacia el Mal en su conjunto, hacia la corrupción del espíritu, auténtica columna vertebral lírica del Black Metal. Sin embargo, la proliferación de grupos ajenos a los clichés más repetitivos — y tan deudores de sus influencias primitivas — bebe en gran medida de la escena americana. A través de aquel marasmo de movimientos aunados bajo la etiqueta Cascadian, WIITR a la cabeza, el Black Metal del siglo XXI asimiló otros motivos temáticos, a menudo paisajísticos y emocionales, sintetizados en composiciones de gran poso atmosférico.

La preponderancia de aquella escena, en singular guiño al romanticismo decimonónico, se desarrollaba casualmente en una región cuyo sino político había coqueteado con el nacionalismo de nuevo cuño, muy conectado a las montañas, ríos y fauna de la región. Su influencia ha sido palpable, hasta el punto de quedar abducida por otra suerte de meta-definición, el USBM, cuyas líneas definitorias serían tan claras — y ortodoxas — como las de la segunda oleada. Y así, grupos de toda condición, como el que hoy nos ocupa, Yellow Eyes, han quedado resumidos bajo esos mismos vectores.

Yellow Eyes son estadounidenses, de Nueva York, y su música huye de las convencionalidades metafísicas de la mayor parte del Black Metal para diseñar un poemario a ratos paisajístico, a ratos profundamente simbólico, a ratos definitivamente introspectivo. Su articulación sonora, sin embargo, queda lejo de los estereotipos habituales del Cascadian: la música aquí es más fiera, más seca, mucho menos ornamental y atmosférica. Yellow Eyes, en realidad, casan mucho mejor dentro de los nuevos grupos estadounidenses cuyo trabajo ornamental a las guitarras, tan cuidadas y tan descarnadas, destaca sobre cualquier otra virtud. A saber, grupos como Anicon, Ash Borer o Vanum. Una nueva iteración del género.

https://yelloweyes.bandcamp.com/album/immersion-trench-reverie

Sobre el aspecto compositivo, hay pocas dudas: Immersion Trench Reverie ( Gilead Media, 2017), su cuarto disco, es un apabullante ejercicio de guitarras trenzadas, un telar repleto de texturas, claustrofobia y emociones concentradas. Composiciones como ‘Blue as Blue’ ejemplifican el diálogo monotemático de los hermanos Skarstad — sus ancestros, casualidad o no, son noruegos — , guitarras que vertebran la narración a ratos de forma unísona, a ratos en riquísimos ejercicios de disonancia melódica. En ambas formas, el disco ofrece algún respiro más inspirado que su predecesor, Sick With Bloom (Gilead Media, 2015), igualmente brillante. Valga ‘ Shrillness in the Heated Grass’ como paradigma de ello. El resultado final, no obstante, es de una solidez fulminante, profundamente evocadora.

Tales atributos, muy similares a los de Anicon — aunque desde una perspectiva más asfixiante — , se ven hilados con el interesante apartado lírico-temático del disco. Al igual que Sick With Bloom, Immersion Trench Reverie está repleto de grabaciones de campo. La diferencia, en esta ocasión, es su origen: los hermanos Skarstad pasaron los meses previos de la grabación explorando las infinitas latitudes de Siberia, y de allí se trajeron campanas, pisadas, oraciones ortodoxas a varias voces, grillos, perros ladrando o el crujir de una cabaña cuando cierra su puerta. Las letras están preñadas de este peculiar arco, con permanentes motivos simbolistas, referencias a oligarcas y buenas gentes locales y marcos que revelan la insignificancia del alma humana entre la vasta naturaleza septentrional.

Pese a todo, Yellow Eyes no cae en el sentimentalisto paisajístico — hay escaso poso romanticista, al contrario que los grupos europeos que han bebido de idénticos iconos artísticos — , y limita estas cuestiones al espíritu, al subtexto de la grabación. No hay concesiones sonoras: no hay amanerados paisajes folclóricos, no se introducen instrumentos acústicos, no hay secciones melódicas, no hay voces amables. Immersion Trench Reverie está interesado en redibujar y redefinir asuntos clásicos al Black Metal (el paisaje, la mirada introspectiva, el juego de guitarras, los largos desarrollos opresivos y sugestivos) desde sus propias normas, introduciendo los asuntos geográficos y naturales desde una perspectiva más cruda, más pura, en la que sólo ejercen de telón de fondo para su particular conflicto espiritual.

Yellow Eyes triunfan en ambos niveles. Valga este disco como confirmación definitiva de un grupo extremadamente sugerente.

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