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Daniel Brandt — Channels

Superando las expectativas

El año pasado, Eternal Something (Erased Tapes, 2017) fue uno de los mejores discos del año en electrónica internacional, y seguramente hubiera sido el mejor de no toparse con James Holden. El londinense Daniel Brandt no ha dejado reposar su obra para dar rienda suelta al momento de inspiración que vive, y en este 2018 ha publicado su segundo larga duración en solitario, Channels (Erased Tapes, 2018), un álbum que no sólo está a la altura de su debut, sino que lo supera. Una magnífica obra que le encumbra o mejor dicho, le erige, como uno de los referentes en ese cajón de-sastre en el que se encuentran la neoclásica y el minimalismo. La clave, una apuesta decidida por sacar punta a la línea electrónica,

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Si bien Eternal Something ya era un gran disco, Channels tiene la virtud de seguir la misma narrativa, pero con un discurso más cohesionado, más vibrante, con más cuerpo. Esta vez no hay interludios más tranquilos y jazzísticos; tiene más ritmo en conjunto y eso es una gran fortaleza para este segundo largo que tiene el mismo concepto: pocas canciones y mucho matiz. Otro trabajo en el que vuelve a deslumbrar su querencia por referentes del minimalismo y de los loops de teclado como Steve Reich o Terry Riley. Nombres gigantescos que no se quedan pequeños en Channels, pero que quedan perfectamente engarzados.

Cuando parecía que no se podía superar un debut tan redondo

Si ‘Flamingo’ muestra esa evolución marca de la casa, con el acompasamiento de la batería junto a la melodía electrónica y el loop de piano, tema que ya anticipa lo que vendrá, ‘Sailboats III’ es la confirmación de ese acertado giro electrónico. Sobre la base de unas secuencias que recuerdan bastante a Holden, Brandt va dibujando líneas eléctricas y recreaciones sonoras que van y vienen, construyendo un tamiz que tiene su continuación en ‘Cherry Dream’. Más devaneos y virguerías que flotan sobre ese piano tan clasicista y que estuvo ten presente en su LP de 2017, y que finaliza con una explosión en la que convergen percusión y secciones de viento preciosas sobre la secuencia como base. En definitiva, una fracción de un par de minutos que ponen de relieve la creatividad y el talento del londinense.

En los siguientes cortes seguirá mostrando cómo combinar todo esos elementos, un cruce de partituras modernas con clásicas en las que rememora a míticos referentes, al tiempo que se acerca a postulados de productores contemporáneos como Floating Points y Nils Frahm por ese equilibrio entre lo electrónico y lo clásico. Y Brandt configura como pocos esa simbiosis, bien sea al final de ‘Cherry Dream’ o al final del tema que da nombre al disco, con esos pasajes orgiásticos de instrumentos, sonidos analógicos y software que quedan grabados como algunos de los mejores instantes sonoros de 2018. Asimismo, y como guinda del pastel, cierra con la maravilla ‘Twentynine Palms’, con todo lo que tiene que dar: el teclado minimalista, la percusión jazzística, la sección de viento y esas líneas de melodía electrónica que jalonan el tema. Todos juntos culminan de forma entusiasta y a modo de éxtasis un disco bárbaro.

8,8/10

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