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Los 20 mejores discos de electrónica de 2018

Pero cómo no iba a salir, copón

Esta lista llega más tarde que nunca a la cita, pero repleta de discos como la copa de un pino, motivo justificado de sobra para sacarla. El tiempo, la vida, el amor al arte… Hay incontables motivos por los que haber llegado tarde a la fiesta de la democracia de las listas, aunque tuviéramos sondeos favorables. Así pues, para que la lista de ruidos, experimentaciones y gente guapa siga cumpliendo con la tradición, ahora llega la lista de mejores discos de electrónica. Porque al menos estamos en enero, y enero es legal. Y sí, ante la cantidad de discazo por metro cuadrado este año, casi como todos en general en el ámbito electrónico, no queríamos dejar de aportar nuestro grano de arena. Del house al ambient, pasando por technoides veteranos, algo de trip hop y la fabulosa ola de deconstructed club, aquí van nuestros veinte mejores. Y como también es tradición, al final una lista personal de Spotify para curiosear y perder el tiempo.

20. Yves Tumor — Safe in the Hands of Love

Para alguien que no haya seguido la carrera de Yves Tumor, o incluso aunque l haya seguido, o que ha estado presente en alguna de sus últimas actuaciones en nuestro país como en el Sónar, escuchar al productor de Safe in the Hands of Love (Warp, 2018) es toda una sorpresa. De transcurrir por caminos variados dentro de lo ambiental, o pop deconstruido con sutiles ingredientes electrónicos, al último Yves Tumor, parece que hayan pasado muchos discos por en medio.

Como si fuera una versión anterior; el paso de un productor más centrado en el ruido y los sonidos densos y cargados que después se tranquilizó y pasó a construcciones más tranquilas cuando maduró. Tumor ha hecho al revés, ha roto esquemas tirando de uno de los ejes camuflados dentro del deconstructed club, con rap a borbotones, duetos señoriales y fructuosos paseos por house añejo. El de Miami ha elaborado un trabajo muy ambivalente, fusionando lo bueno que ha hecho en largos anteriores, y entrando en esa dinámica de mezclarlo todo, con sonidos a veces densos y potentes, sobrecargados, que se pasan de madre, propios de la sociedad de hoy. Un álbum del que es difícil no extraer nada. Altamente disfrutable.

19. Jon Hopkins — Singularity

Hablar de lo que ha vuelto a hacer Jon Hopkins sea seguramente una perogrullada. Quizá lo que más hace ver la relevancia que está adquiriendo, es su carácter transversal, de cómo gustar a público de guitarras y también al electrónico. La clave, ese gusto por las melodías y por las evoluciones progresivas embadurnadas de muros de sonido, como si fueran guitarras, que dejan embobado. Entre la magia espacial de los sonidos a los que evoca, encarnados en la magnífica ‘Everything Connected’ y sus estructuras tech house accesibles y muy, muy melódicas como ‘Luminous Beings’, Hopkins ha encontrado una grieta por la que entrarle a todo el mundo. Y es difícil decirle que no. Aunque sus trucos sean los mismos últimamente.

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18. Voiski — Sick Parrots

Después de un gran Disconnections, Music for Clouds, el galo ha vuelto a publicar en larga duración en 2018. Un trabajo menor que el del curso anterior, pero que sin embargo sigue siendo una notable colección de esas coordenadas en las que Voiski se hace fuerte: en las evoluciones techno que pueden ser más o menos pesadas, pero generalmente siempre con melodía. Dosis de ácido, paisajes pixelados que evocan a tiempos añejos, y loops en los que seguir disfrutando de ambientes suaves en los que poco a poco va distorsionando su propio tema. No falla.

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17. Public Memory — Demolition

Hablar de trip hop en 2018 casi parece una broma. Y más hacerlo de artistas que están muy lejos y fuera de los circuitos y el tamaño de los Massive Attacky compañía. Sin embargo, en esos márgenes a veces se pueden encontrar pequeñas perlas, como es el caso de este Demolition de Public Memory. Un trabajo en cuyo primer tema, ‘The Line’, ya te empequeñece cuando entra en acción la voz femenina, jalonada a su vez con una prominente ambientación que le da más empaque. Demolition avanza lento, como todos los discos de su género, pero en esos tempos densos hay hueco para grandes secuencias de sintetizadores, buenísimas apariciones locales y ciertas dosis de épica. Uno de esos discos que si estuvieran en la casa de alguna multinacional anglosajona ya habrían hecho al proyecto de Robert W. Toher algo más conocido y boyante. Una gratísima sorpresa.

16. Surgeon — Luminosity Device

A veces ocurre que subirse al escenario hace que a los referentes internacionales se les conozca más por ello que por su faceta productora. Algo que pasa con el veterano Surgeon, cuya carrera con esta vertiente empezó a mediados de los 90 y ha sido interrumpida hasta la actualidad. Con una vertiente techno acorde a la que ha dominado en cada época, el año pasado lanzó Luminosity Device (Dynamic Tension, 2018).

Un largo que rememora esos trabajos de hace bastantes años que recuperan su toque melódico y luminoso en este caso, como bien menciona el título, y que luego son atravesados por el techno regio y marcial del inglés. Con un sonido tendente a lo industrial que vertebra todo el álbum, el cirujano hace honor a su nombre y genera pequeñas microcorrientes de sonidos dentro de cada capa. Quirúrgicas modificaciones de ADN techno que brillan prácticamente en cada canción, a veces de forma melódica como en ‘The Primary Clear Light’ y otras pasando por encima el rodillo en ‘The Etheric Body’. El trabajo propio de un maestro.

15. Answer Code Request — Gens

Atmósferas con muchos claroscuros que se difuminan en una paleta de colores muy amplia, juegos con el tempo y cada una de las texturas que ofrece en los cortes más centrados en la inmersión con los auriculares. Patrick Gräser ha hecho con su segundo álbum una introspección altamente interesante para todos aquellos acérrimos de las estructuras IDM, que están como base junto a las percusiones, al servicio de todo tipo de ambientaciones. Moldes dub, pasajes ensoñadores o intensidades medias de evocación espiritual. Una válvula de escape que ha dejado totalmente diluido el ingrediente technoide que se encontraba en su álbum debut y que dejó un grato sabor de boca por su imaginería futurista con olor a Detroit. Un lienzo gratísimo para dejar en bucle y buscar nuevas aristas. Su portada lo dice todo.

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14. Aleksi Perälä — Sunshine 2

Hay gente de prestigio internacional que saca publicaciones todos los años y cuya reacción cuando se conoce esa nueva referencia es claramente un “ufff”. Luego hay otra con la que dices, “ey, tú otra vez. BIEN”. Dentro de estos parámetros entra todo un veterano como es el danés Aleksi Perälä, que dentro de todas las publicaciones hechas en 2018, Sunshine 2 es un claro ejemplo, como casi lo podría ser alguna de las otras publicaciones del año, de su buen hacer y regularidad. Entre la IDM, el acid de finas y suaves capas y breaks cocinados con cacharros analógicos, es tremendo cómo Perälä es capaz de sacar tal cantidad de álbumes en un año — cinco o seis — a un nivel tan parejo, por el que estaríamos alabando a cualquier fulano por haber sacado al menos uno de ellos. El señor nórdico en cambio ha sacado varios, y todos rayando a un mismo nivel, con mucha melodía, emociones varias y también secuencias oscuras para pinchar en garitos oscuros. Alguno había que meter. Tremendo.

13. Demdike Stare — Passion

El dúo mancuniano lleva desde principios de esta década jugando en los márgenes, sobre todo con sus célebres Tespressing. Sin embargo, si bien hay algo más de melodía en sus publicaciones en largo, Passion (Modern Love, 2018) es un claro ejemplo del abanico de posibilidades casi infinito que se puede construir desde la electrónica. Desde temas tan soberbios como ‘At It Again’ hasta ‘Cracked’, pasando por ‘Dilation’, su último largo es una oda a la experimentación, al cruce de estilos sin miedo en un mismo trabajo. Ambient, outsider house, cajas de ritmo entrecortadas, UK Bass forcadísimo… Un disco que te puede reventar la sesera, aunque sea utilizando trucos que no son nuevos.

12. Helena Hauff — Qualm

La EBM, el sonido guarro, lo post industrial, las fábricas abandonadas de aspecto brutalista… demasiados recuerdos en el imaginario de países como Alemania o Estados Unidos a través de ciudades como Berlín o Detroit. Toda época social necesita su banda sonora, y la que ha hecho Hauff en su tercer largo recluta un poco de todo aquello; sonidos oscuros para épocas de desencanto y abandono, pero también fragmentos melódicos que brillan en un entorno acidorro fabuloso. Encontrar esos sonidos luminosos dentro de lo oscuro no es fácil, y si además hay imaginería de sofisticación como en la excapital de la General Motors, el acabado final es un trabajo de techno polivalente como el de ella. Regio dentro de la arquitectura cerrada y fría, pero cálido y efervescente para momentos de baile y espíritu de baile.

11. Prime Minister of Doom — Mudshadow Propaganda

Una perfecta muestra de cómo el house puede hacer de simbionte con otros estilos. Con él como base, más o menos deep, dialoga en un perfecto equilibrio con el minimal techno, con sonidos dub, tribales e incluso pequeños zarpazos de acid. Un álbum completísimo de uno de los numerosos alias de Traumprinz. Evocaciones ambientales, momentos para dejarse llevar en la pista, pero siempre rompiendo la homogeneidad a la que suele tender el deep house. Mucho groove en diferentes aspectos, haciendo un repaso al house de ayer y hoy, sea a través de las cajas de ritmo, o a las secciones vocales negras como la que se difumina entre las diferentes capas en ‘The Wai’, el tema encargado de cerrar. Sugestión, escapismo y mucho más que un simple disco de (deep) house. Gran debut en largo con este aka.

10. Daniel Avery — Song for Alpha

2018 ha sido un año brutal para Daniel Avery. Después de aquél lejano Drone Logic (Phantasy, 2013), con demasiado éxito internacional y muchos brotes electro, el inglés ha cambiado de chip para enfatizar que tiene bastante más que dar más allá de la parroquia de la zapatilla. Aunque su año extenso con epés ha sido muy lustrativo, Song for Alpha, también en Phantasy, es la clara publicación que habla de su necesidad de reivindicarse y mostrar vida más allá de los impulsos de la pista de baile. Un disco de ambient techno con groove, claro, pero también con esa descarada herencia del inexorable Selected Ambient Works II. Ambas facetas, la de las cajas de ritmo, y la de los paisajes escapistas, sacan a relucir, lo que supone un clarísimo paso adelante, las magníficas dotes para la producción de Avery. Bravísimo disco y año.

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9. Lotic — Power

Lotic viene de la mano de lo que ahora se conoce como deconstructed club, una de esas nuevas etiquetas que tanto facilita la nueva electrónica, y que a priori, aglutina a estilos como el grime o el trap (electrónico), y que puede versar sobre minorías raciales, feminismo o posicionamientos queer. En estos últimos, precisamente, es donde se encuentra Lotic, produciendo música que tiene tantas aristas, que a veces hay que preguntarse justamente si tiene sentido el etiquetado de la música (más allá de para reconocer, describir o categorizar). En ese totum revolutum de Power encontramos cantidad de detalles, zarpazos y versos que rescatar. Una válvula de escape con la que Lotic se ha decidido a hablar de sí mismo, en lo que ha servido como una forma de empoderamiento, hablando sobre identidad y sobre la persecución. Un disco sugerente, potente y una hostia a problemas actuales.

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8. Varg — Nordic Flora Series Pt. 5: Crush

Es difícil concebir que el sueco publique un disco algún año y ese trabajo no esté en las listas de lo mejor. Con sus más y sus menos, su saga de Nordic Flora Series suelen ser una apuesta segura. En su quinto volumen, Crush (Posh Isolation, 2018), juega la carta de siempre, ambient techno, paisajes opresivos, spoken word, capas inquietantes en segunda línea y motores techno añejos que recuerdan a veces a algunos de los temas clásicos de Undergound Resistance. Con esa descripción también cabe la opción de enviarle a freír espárragos por hacer ‘lo de siempre’, pero de momento cuesta, porque su habilidad para jugar en distintos ambientes, más o menos oscuros, más o menos melancólicos; como los hay en este trabajo, junto a samples de pistola o voces elocuentes que se pierden en lo oscuro del bosque, siguen surtiendo efecto. Quizá cuando deje de vivir o inspirarse en sus autóctonas tierras frías pierda su aliciente. Mientras, toca aplaudir hasta con las orejas.

7. All Against Logic — 2012–2017

Para quienes aún no habíamos sucumbido a Nicolas Jaar, con Against All Logic ya es imposible resistirse. Con este aka, el chileno saca el talento que tiene de la mejor forma posible. Un incontestable disco de house en mayúsculas, haciendo un repaso por todas las referencias de las que bebió y se creó el género, así como otras que llegaron después. Ritmos funky para entrar, baile señorial después e incluso un tramo final con ácido. Comedido, eso sí. Porque de haber sido más, hubiera roto todo lo ensoñador y bonito que tiene el álbum, que no es poco. A la ornamentación sonora y que le caracteriza hay que sumar unas partes vocales exquisitas. Un trabajo antihaters, que sólo un sordo sería incapaz de no apreciar. Mucha alma, baile, irresistibles quiebros funk y un final entusiasta y precioso que nos deja diez de los minutos más finos de 2018.

6. Dj Richard — Dies Iræ Xerox

Tres años después de su gran debut, Grind (Dial, 2015), Dj Richard vuelve a demostrar el gran maestro de la ambientación que es. Con un trabajo de inspiración en la Edad Media, elabora atmósferas inquietantes, casi tétricas, en las que desparrama sobre tus oídos el techno sobrio que le caracteriza. Un eje que vertebra el disco, aunque eso no significa que se olvide de ese sonido orgánico y no tan evocador que ejecutaba en mayor medida en su debut. Un álbum de transición en el que le vemos jugando con sonoridades profundas y ominosas, pero también en otras que incluso resultan algo celestiales, y que es lo que hace parecer a este disco una metamorfosis a un nuevo estado. Por el camino, Dj Richard hace un LP introspectivo de los que te encierra en callejones sonoros un poco marroneros, pero con un elemento de adicción del que es difícil escapar. Mejor quedarse sentado hasta que las paredes se echen encima. Gran tramo final.

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5. Oliver Coates — Shelley’s on Zenn-La

El nuevo trabajo de Coates ha llevado a su máximo punto de esplendor por el momento. Durante su trayectoria ha jugueteado en esa amplia gama de coordenadas sonoras que hay entre la conocida como neoclásica, la electroacústica y aspectos más minimalistas. Una suerte de experimentaciones con sonidos livianos que combinan con su trabajo más decididamente orientado a la electrónica y en la que esa formación como músico profesional marca un punto que sublima su propuesta. A lo largo del disco sobrevuelan nombres contemporáneos que van desde Julia Holter hasta Aphex Twin. Un álbum completo con varias perlas de por medio.

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4. Amnesia Scanner — Another Life

Un Windows 95 colgándose chorrocientas veces, la pantalla de los pitufos azules se queda de fondo de pantalla sempiterna y el sonido de la minicadena se queda atrancado en un molesto ruido que no se puede parar si no se desconecta el enchufe. Los desesperantes errores informáticos de hace veinte años llegan en pleno 2018 en forma de pasada de frenada, de autotune extremado, del regreso de los pit(uf)os makineros. La macarrada que han hecho Amnesia Scanner ha dejado a mucha gente (y en esta redacción no ha sido menos) con el WTF crónico.

Porque eso es lo que han hecho este dúo de ingleses, de la mano de todo un movimiento englobado en el Deconstructed Club que ha traído a nuevos y no tan nuevos a caminos de noise, industrial, UK Bass o pseudoreggaetón como el de Another Life (PAN, 2018). Un disco que se define sólo con la portada, una ruptura de esquemas digna de la posmodernidad y los tiempos líquidos que hoy se practican. Con terroristas sonoras como Pan Daijing de aliados, estos chavales que ojo, han debutado en PAN, se han marcado un disco sobrecargado y lleno de excesos que es simple y llanamente una pasada.

3. Skee Mask — Compro

Con tan ‘sólo’ 25 años, el alemán Bryan Müller se ha sacado de la manga un segundo largo, Compro (Ilian Tape, 2018), digno de alguien que lleva toda la vida metido en el mundo de los sintetizadores, el software y diferentes cacharros. La democratización de la electrónica y la curiosidad junto al talento innato permiten que con una edad tan relativamente temprana, nos encontremos con discos tan bien construidos como este. Skee Mask ha trazado una línea discursiva que atraviesa varios segmentos clave: los breaks, la IDM y ambient. Una piedra de toque mediante la cual muchos edificaron su leyenda tiempo ha. Con este brillante LP, el joven productor saca a pasear una gran creatividad, con temas vibrantes, pasajes muy melódicos y ritmos rotos de vieja escuela, con pequeños retazos ácidos. Un disco evocador con muchas aristas y detalles en segundas líneas que disfrutar. Compro.

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2. Alva Noto — Unieqav

Veinte años al servicio de la sofisticación y solvencia alemana. Si Skee Mask representa el entusiasmo de la joven escuela alemana, Alva Noto forma parte de esa sobriedad que siempre le ha caracterizado, no sólo a él, también a la electrónica germánica. Unieqav (NOTON, 2018) ensalza todas las cualidades que le caracterizan, lo que ha hecho que publique su mejor disco en solitario en mucho tiempo. Un disco que recoge su fanatismo por el sonido monolítico, pero también la precisión glitch que construye cual cirujano dentro de atmósferas oscuras y la apertura a melodías más ambientales, con cierta épica. Un notable álbum de sonido futurista y diáfano a pesar de lo poco sobrecargado que está. Hacer grande lo ‘sencillo’. Un Alva Noto en su mejor forma, inexpugnable.

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1. Daniel Brandt — Channels

Un año después de su debut en solitario, Eternal Something (Erased Tapes, 2017), el inglés ha vuelto con Channels (Erased Tapes, 2018), un trabajo que a pesar de la alargada sombra que proyectaba el anterior disco, viene a plantear un álbum mejor a nivel integral: una secuencia más completa, un acabado más electrónico que supone un avance en su propuesta y con una inspiración compositiva que deja mejores melodías en cada corte. Una obra que demuestra el momento talentoso por el que pasa, con una sucesión de siete temas inspiradores, mágicos, en la que Brandt conquistará a cualquier interesado no sólo en la electrónica, también en propuestas musicales de distinta índole.

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Una transversalidad que da mayor enjundia al disco y que también está presente en lo estrictamente musical: atraviesa ese constructo conocido como neoclásica, para llevarla a un terreno en el que la electrónica y el minimalismo bailan juntas logrando una simbiosis superior a cada una de las partes. Secuencias, jazz y loops que acaban en explosiones exquisitas. Con este disco, Brandt se sitúa en algún lugar entre Steve Reich, Terry Riley y contemporáneos como Floating Points. Bravísimo.

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Spotylista para frikear:

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