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Un repaso por la escena electrónica nacional e internacional de 2018

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Por supuesto, si la lista de mejores discos de electrónica llegó a finales de enero, en febrero tenía que llegar el también tradicional repaso a la escena, esta vez bien desglosado por estilos y movidas varias, como en antaño, y no a modo de apuntes como en 2017. Eso sí, con el pack nacional e internacional junto, que hay que economizar —en lenguaje viral del nuevo siglo—. Allá vamos. Con todo el año detrás visto en perspectiva, esta vez más de la habitual, las cuentas salen: otro añazo, aunque si hay algunas cosas que destacar, o que más me han fascinado, ha sido toda esa nueva ola de referencias que vienen bajo la etiqueta del Deconstructed Club, con una amalgama de gente nueva y otra que se ha pasado al ramo. Como hay tantas cosas, al final paso mi chuleta personal de Spotify.

Lo del Deconstructed Club

En pleno 2018, con todo tan de vueltas, y con posmodernidades varias —tiempos líquidos lo llaman algunos, para incidir más en esa posmodernidad y sus efectos colaterales—, bajo este nuevo término que algún iluminado ha acuñado —ni la deconstrucción ni la experimentación es que sean conceptos nuevos— encontramos unos patrones electrónicos que van desde el extremismo sonoro, puramente post-industrial, hasta estructuras densas y aceleradas, con constantes cambios de ritmo que vienen del UK Bass, el grime o el trap. Y dentro de esos parámetros, aunque no necesariamente, mucho discurso de colectivos tradicionalmente marginados, que pueden ir desde la comunidad negra hasta lo queer o LGTBI. Así pues, desde un prisma futurista, a vuelta de todo, o desde un discurso político, encontramos estas dos vertientes dentro del género. En cualquier caso, a favor, del mismo, que una vez más, acuña precisamente el juego entre los límites estilísticos, barreras que se rompen y se difuminan donde etiquetar puede tener poco sentido, salvo para ordenarte tus mp3 en una carpeta.

Una definición que este año ha traído grandes trabajos como el debut al fin de Lotic, repleto de discurso contra la represión racial en EEUU, a la vez que sirve de válvula de escape y de purificador de demonios internos y empoderamiento. O lo último de Yves Tumor, que ha cambiado de registro, extremando la densidad de su sonido, paso lógico por otra parte, debido a su pasado de collages sonoros. Aunque si ha habido alguien que lo ha petado en el género ese ha sido el dúo Amnesia Scanner, hooliganismo inglés en un debut que se pasa de frenada, con un “de perdidos al río” cuñado marcando el camino. Reminiscencias industriales, ritmos latinos, vocales procesados, pitos y ritmos makineros y mucho sudor.

Un discazo para tirarte de la silla, aunque para almas más circunspectas está también lo de Aïsha Devi, otro trabajo con autotune, de sonidos más etéreos orgánicos y mucho peso digital, muy en la línea de la abertura perpetrada por Oneohtrix Point Never con Garden of Delete (Warp, 2015). Otra mujer con producciones en estos parámetros, difícil de catalogar, como siempre, ha sido Elysia Crampton con su EP de homónimo título, de nuevo barruntando cantidad de estilos, distorsión y ruido en el que encontrar aderezos sonoros preciosistas. Muchas capas que tienen mucho que decir y que huyen de catálogos tradicionales.

La lista podría no acabarse, pero si hay que destacar otro álbum con algunas cosas brutales, y por eso su inclusión en lo mejor del año electrónico hipersónico, es Passion (Modern Love, 2018) de Demdike Stare. Más noise y saturación sonora, con motores IDM y drum ‘n’ bass inmiscuidos en cortes brillantes como ‘At It Again’ que recuerdan a cierto pelirrojo irlandés. Y con mucha herencia grime y ruptura de roles, como deja intuir la portada. Mención aparte para Sophie, nacida Samuel Long, que del glitch y esas grietas digitales ha debutado al fin en largo con un trabajo notable en el que se entremezcla toda es conceptualidad sonora con su discurso de género. Así pues, algunos de los discos más interesantes dentro de la ola sonora que más fuerte ha pegado este año. Merecían ser los primeros en aparecer.

Productores compulsivos

Punto y aparte como siempre para los señores compulsivos que no paran de sacar lo que se encuentran en la encimera de casa, aunque esta vez con los sospechosos no habituales como en otro tiempo lo fueron Dominick Fernow o Legowelt. Esta vez hay que mirar obligatoriamente a gente como Daniel Avery, que después de su notable e inesperado giro al ambient techno, se ha sacado la careta para repartir estopa de diferentes formas en tres regulares epés, Diminuendo con sus mordidas electro, el tech house vitalista de Projector y el gran toque ambiental que tiene Slow Fade. Un giro de calidad y una gran actividad compositiva que esperemos no pare, o al menos, se mantenga regular en el tiempo. Y hablando precisamente de hiperactividad, el iraní Ash Koosha, quien ya nos dejó buenas impresiones con  I AKA I, ha autopublicado nada más y nada menos que cinco LPs, desde el glitch hop hasta cómo no, el deconstructed club. Trabajos que han ido acompasados de dos epés, y que muestran el talento del joven productor, aún a la espera de un gran disco que le lance de forma más clara al panorama internacional.

Quien no necesita de ese empujón es el estadounidense Rafael Anton Irisarri, al menos dentro del mundo de lo ambiental y el minimalismo. Con un EP drone para la gente que disfruta de la erosión y la evocación, y con dos discos con especial acento melancólico, destacando Midnight Colours (Geographic North, 2018), este año ha sido especialmente productivo para él. Y después hay otra gente como el bueno de Aleksi Perälä, el finlandés, que en 2018 publicó un EP y atención, seis largos. Continuaciones muchos de seriales que tenía por ahí pendientes de seguir desarrollando. Uno de ellos también parte de lo mejor de 2018 para esta casa, porque su ambivalencia entre las variaciones techno, la IDM, los breaks y su sentido de la melodía hacen que sea difícil prescindir de él.

Si bien son trabajos cortados por el mismo patrón, siempre suele satisfacer la demanda, aunque a veces cueste seguirla, sobre todo cuando publica incluso el día de Nochebuena. Un crack en lo suyo, reminiscencias a los 90s pero luego amoldado a la actualidad cuando quiere. Otro crack habitual de la casa es Varg. Desde su fría Suecia, donde no habrá mucho que hacer a ciertas horas, sigue con su serie de Nordic Flora, fusilando el autotune con ambient techno y con el volumen 4 y sobre todo su colaboración con Anna Melina centrada en el ambient, lo que ha dejado pasajes fantásticos. Otro productor al que no perder la pista. Por cierto, este año ha debutado con otro proyecto, Misantropen, también del mismo rollo, recomendable.

Luego ya en un segundo plano astral de la realidad tenemos a esa gente normal que publica un par de epés al año, sin necesidad de estar toda su vida metidos en el estudio. Puede ser el caso de gente como el suizo Andrea Festa con su propuesta acidorra de Acid Lab o el house de salón rescatado junto a gente como Terrence Parker en Archives 1. Al lado, conocidos de sobra como Lone con su serie luminosa de Ambivert Tools, Mattheis con su sonido fractal, o gente siempre fiable como Overmono, que a ver cuándo se atreven a dar el salto al LP. De momento, con Raft Living y Whities 019, en una línea que se sale del techno tradicional, nos conformamos.

Trabajos de los que se esperaba más

Un apartado tradicional en estos repasos es el de los nuevos discos de esa gente que tanto nos mola y que nos ha dejado con el oído con ganas de más. Empecemos por uno de los discos que venían con un cartel bastante apetitoso, Lawrence English, maestro —cuando quiere— del ambient y el drone y el veteranísimo William Basinski. Un trabajo con un hype por los cielos que no ha pasado de buen trabajo, que era el mínimo que se podía esperar de estos dos señores, algo más de épica y más diversidad de texturas. Siguiendo con este campo, de Tim Hecker, un tipo que nos tiene acostumbrado a la excelencia, y que es de los dos tres pilares del ambient actual, ha tirado de capas de sobra conocidas en su repertorio, sin la sorpresa y la acongojante capa sonora que arropa sus escuchas. También sin esa parte clasicista de teclados u otras secciones que tantas veces nos han dejado sorprendidos últimamente.

Por otra parte, si hablábamos antes de OPN como disruptor a través del cual se han colado ahora artistas del deconstructed club con esa interpretación tan digital y rompedora, Age Of (Warp, 2018), con su vuelta a un mundo clásico después de la hostia jovial de 2015, deja a mitad. Un álbum sin mucha aportación nueva, con bastante de refrito y que para quedarse en el autotune y demás, ya hay otras propuestas mucho más potentes. Por último, la otra decepción por lo poco a lo que ha sabido ha sido Vessel, que precisamente con un giro hacia ese deconstructed club, ha acabado con un álbum con el que cuesta enganchar, una evolución que se podía imaginar, pero cuyo interés no va más allá del tema de adelanto, ‘Argo‘, que sí parecía que iba a tener más chicha.

Lo de los dinosaurios

Gente veterana, cuando no legendaria, también hizo acto de presencia en 2018. Algunos con trabajos en largo MUY LARGOS. Quizá demasiado, como el caso del gran Chris Carter, que con un disco de 25 temas agota y pierde al estirar tanto el chicle. Sin embargo, hay detalles fabulosos como ‘Field Depth’, inquietante pero bella al mismo tiempo, con un gran poder evocador. Pero si alguien se lleva la palma esos son Autechre una vez más, después de aquellos elseq de 2016, al pasado ejercicio fue el turno de las NTS Session. Horas y horas para indagar en el universo Autechre, donde las propuestas sonoras se extreman y donde a veces resucita el precioso espíritu cubista de Oversteps (Warp, 2010). Esos momentos merecen la pena, pero es lógico que muchos pasen al tener que indagar en minutos y horas de cacofonías o experimentación en el sentido más literal del término.

Y ya que se habla de Autechre, por qué no hacerlo de Aphex Twin. Collapse EP (2018) es una referencia que trae lo mejor y más característico de Richard D. James. Sonido orgánico, grandes detalles en las capas secundarias, breaks bañados de melodía IDM, cambios de esquema a mitad de canción, acid y cantidad de recuperación del sonido que le ha hecho indispensable. Cumplidor y notable dentro de su complejidad. Y venga, ya que hablamos de Aphex, hagámoslo también de Mike Paradinas, µ-Ziq. Con la recuperación de Challenge Me Foolish (Planet Mu, 2018), a pesar de que se traten de cortes guardados en un cajón, son una muestra más de su gusto pro los ritmos frenéticos y por los sonidos juguetones. Montañas rusas de tempos, melodía por todas partes y destellos de sus mejores discos. Una foto del momento en que fue grabado esto, allá por 1998. Grandes tiempos para ese fascinante universo que es el dril ‘n’ bass.

Para finalizar, ya que nos ponemos en plan carca, es fundamental rescatar otra vez el último disco de Alva Noto. Un álbum serio, regular, completísimo y en el que el germano repasa lo mejor que ha hecho en el tiempo. Un disco sin fisuras. Buenísimo. También ha sido el año de regreso de un grande del house de Chicago, Mr. Fingers, con un disco 24 años después, irregular, con partes secuenciales muy estimulantes, y otras que flojean bastante. Como pasa con clásicos del techno, brillan más por sus sesiones que por su faceta productora.

Debuts y gente joven que apuntar

Y si hemos hablado de señoros, hablemos ahora de mujeres y de señoretes. Empezamos con el trabajo de Eartheater, un disco con algunas irregularidades, también con reminiscencias el deconstructed club, pero sobre todo con una raigambre más experimental y por momentos de vanguardia y art pop. Una de los regalos de hecho de este año ha sido suyo: ‘Inclined’, un tema bárbaro con ese sampleo de violín. El que sí es debut, que a pesar de no entrar en lista de los mejores 20, podría haberlo hecho, es el del belga Borusiade, un trabajo fascinante por cómo se pasea en los derroteros oscuros y cortantes de la minimal wave, con sintetizadores que atrapan fácilmente, y que guarda en su cierre otro de los temas del año para mí. ‘A Body’ tiene esa base característica del disco, minimalista, pero que junto a los vocales superpuestos tiene ese aire de épica tremendo. No minimalista, pero sí más ambiental ha sido el debut de Pariah, Here From Where We Are, en Houndstooth, con un trabajo minucioso y detallista con importantes dejes de new age. Un debut interesante en el que se ve su potencialidad.

Volviendo a las artistas femeninas, en el UK Bass hemos empezado a oir hablar de Deena Abdelwahed, tunecina, por su experimentación y combinación con sonidos herederos de su región geográfica, bien subsumidos en su propuesta electrónica. Precisamente, de partes poco atendidas en el panorama electrónico, en Corea del Sur hemos visto este 2018 el segundo disco de 박지하, aunque quizá os suene mejor Park Jiha, con su Philos (Mirrorball, 2018) ha compuesto algunas cosas tremendas, con un sonido heredero de gente como Laraaji. Mucha emoción y tradición recogidas en un disco con pasajes jazzísticos y modernistas bárbaros.

Y de un género que sigue en boga, aunque no ha pegado tan fuerte este año, el outsider house, tenemos que destacar también lo que han hecho Rezzet, un álbum impregnado de agudos y bases con un tamiz muy rico en texturas, con mucho de UK Bass y breaks. Muy recomendable. Notable debut. Eso sí, si un primer LP ha gustado por aquí este año ha sido el del ruso тпсб (tpsb en occidental). Entre el ambient techno y la IDM, demuestra que si bien tiene mucho por mejorar, hay una serie de productores en el Este a los que hay que seguir la pista. Él es uno de ellos, con un álbum completo con el abc de la IDM, con sus ritmos rotos, sus cambios inesperados y sus atmósferas inquietantes.

Ambient, progresiones, minimalismos y algo de experimentación

Uno de los apartados que más peso han tenido aquí en los últimos repasos, y no será menos ahora. Podemos empezar por ejemplo por Alessandro Cortini, que sí ha tenido una colaboración algo más fructífera con Lawrence English, con algunos de temas de esos de quitar el hipo por la épica drone y sus evocaciones. No ha estado quieto este año, también haciendo con Roll The Dice uno de los temazos del año, o facturando un interesante disco de sintes como Sonoio. En su línea, como el último disco de The Field, que sin estar entre lo mejor que ha hecho, ni siquiera de lo mejor del año, está en su lógica sonora, de progresiones y loops infinitos en los que hay algún tímido cambio, con bases menos lineales. Si hablábamos antes de influencias de Laraaji, la mano de Aphex Twin y su infravalorado, o mejor dicho, no suficientemente reconocido Druqks (Warp, 2001) han llegado descaradamente al buenísimo y último disco de Kelly Moran, Ultraviolet, que cómo no, ha salido en Warp. Teclados y loops para acérrimos de ese sonido tan característico del disco del irlandés.

Por otra parte, en 2018 salió a la luz una recopilación de Carl Stone, otra pieza importante e influyente dentro del mundo del minimalismo y de los collages sonoros. Hay cortes que son auténticas maravillas, con sampleos que ponen los pelos de punta como en ‘Sonali’ al tocar música clásica. Como siempre, discos de ambient interesantes, unos cuantos. Desde Abdul Mogard hasta Aaron Moore y Erik K Skodvin — un trabajo más experimental—, pasando por los notabilísimos trabajos de Anenon y su postminimalismo —en la línea de New Bodies de Tangents— o el vuelco electrónico de Nils Frahm, en su mejor referencia, ha sido un año excelente. Aunque quizá haya faltado ese disco de sobresaliente que en cursos anteriores presentó Tim Hecker.

En cualquier caso, la lista de álbumes que escuchar es larga, como la reedición de The Hilvarenbeek Recordings de Biosphere o el grato giro de Steve Hauschildt (exEmeralds) con Dissolvi (Ghostly, 2018), saliéndose de su discurso habitual. Mención necesaria también para el inspirador disco de Dedekind Cut —el otro alias de Lee Banon—, al contrario que gente como Dino Spilutini, que en su primer disco, un Split junto a Nils Quak, facturó uno de los mejores discos del género en 2014. No se puede decir lo mismo de No Horizon (Umor, 2018). No ha sido el único en decepcionar, como lo ha hecho Recondite con un paso más introspectivo, con un trabajo más plano y alejado de todos esos detalles sonoros por los que apostaba anteriormente. Por otra parte, también ha sido este un año con sospechosos habituales como Ian William Craig o Rival Consoles, ambos en su línea, sin grandes novedades ni trabajos relevantes pero cumplidores. Para algo más, para más elocuencias y progresiones en estéreo, dirigirse a lo de James Ferraro.

Los bombos de toda la vida

Una etiqueta que nunca muere y con la que siempre rascar, como el sonido electrificado y delirante de Container en LP, el sonido imperial del de momento infalible Dj Richard con sus paredes aprisionándote, el acidorro de Helena Hauff o el nuevo largo de Iñigo Kennedy, Strata (News, 2018), sacando a pasear su característico sonido. Para sonidos más orientados al house, además con sonido añejo de vieja sofisticación tenemos el completo álbum de John Tejada, Dead Start Program (Kompakt, 2018). Y para gente más desconocida, tenemos el debut de la productora Afrodeutsche y su debut Break Before Make (Skam, 2018), un disco con pasajes muy interesantes con un techno de raigambre ambiental, aunque flaquea en varios puntos por falta de miga, pero muy interesante lo que viene con ella.

En este ámbito, de gente de la que esperábamos más ha sido Redshape, con un LP y un EP de los que esperábamos más, sin apenas momentos de los de venirse arriba que había construido en anteriores referencias. Otra cosa el regreso del más célebre cirujano, Surgeon, y cómo no, Voiski, aunque haya sido con un disco menor en lo que ha hecho, sigue a la altura de lo que es, uno de los grandes del techno actual. En un término punto medio entre estos dos lados encontramos la vuelta en largo de Silent Servant o los nuevos epés de Shed y Vril. Y luego está lo último de Objekt, muy esperado, pero demasiado experimental dependiendo de los oídos, en mi caso, me gusta más verlo en el cruce con el techno de Flatland.

IDM, house y metamorfosis varias

Además del prolífico año de Perälä y los debuts rusos, han pasado algunas cosas interesantes en el ámbito de la IDM, también más allá de los lanzamientos de vacas sagradas del género. Por ejemplo, otro EP del infalible Brainwaltzera, que suma y sigue con sus producciones de gran acabado. Y lo mismo se puede decir de Patricia, de nuevo con sus trazos emocionales y raíces ácidas, dando un precioso resultado, como no podía ser de otra forma. Si hay que destacar algún álbum, habría que hablar de Tim Koch y Spinifex en Central Processing Unit. No ha sido un año de mucho disco de top en el estilo, pero sí de ver que al menos quienes han producido este año están a un buen nivel, también en el caso de Actress y su EP con Young Paint en su casa, Werk con sus temas minuciosos con teclados y elegancia que mira al outsider house. Y gente querida en esta casa por su nombre (y su música), SHXCXCHCXSH y sus sonidos laberínticos.

Precisamente de ese house fuera del margen hemos tenido en 2018 disco nuevo de Anthony Naples, cumplidor, aunque más interesante ir a los límites difusos entre estas coordenadas y las del dub techno que ha ofrecido Topdown Dialectic. También han caído epés de Delroy Edwards, a veces más enfocados a la pista de baile, como Aftershock, aunque sin mucho más que rascar en comparación a anteriores. Y si hablamos de house, obviamente hay que hablar de DJ Koze y su disco elegante y señorial de siempre, no se puede negar su calidad, pero el volver a jugar la misma carta en ocasiones hace empalagosos lanzamientos como este. Bastante mejor el trabajo de Primer Minister of Doom con sus juegos en los márgenes del Deep house. Y muy guay el EP entre la vieja escuela Octave One y Random Noise Generation, Endustry.

Por otra parte, si hablamos de metamorfosis dentro de house o IDM, en el primer caso, Leon Vynehall ha pasado de la pista y su efectivo frenesí a un introspectivo trabajo más ambiental, un cambio sorprendente aunque en unos terrenos que no se le dan tan bien como el sonido baleárico repleto de groove. Eso sí, quien se ha vuelto a pasar de la IDM a un proyecto más ambiental y relacionado con el nu jazz y los loops es Luke Abott resucitando otra vez a Szun Waves con un gran segundo LP de requiebros, progresión y bucles de los que cuesta salir. Mención también para SCNTST, el otro reverso de uno de los grandes nombres del año, Skee Mask. Además de Compro, esta propuesta a mitad de camino entre el techno, el house y el glitch, en ese ejercicio camaleónico de sonidos, vuelve a mostrar su gran talento.

El 2018 español, completo aunque sin grandes piezas

No ha sido un año especialmente brillante para la electrónica española, pero sí ha tenido presencia de habituales y de trabajos muy muy buenos, que son lo más destacado del año. Han salido epés technoides de Architectural, Exium o Eduardo de la Calle, aunque dentro del género destaca una vez más Óscar Mulero por su propuesta en Perfect Peace (Semantica, 2018), mostrando que gana mucho cuando se acerca a las texturas y no tanto al bombo, tirando de IDM y ambient techno. Otros discos a resaltar han sido por ejemplo el gran álbum de Balago, que años después vuelve con atmósferas fantásticas en El Demà, como también lo han sido las de Pepo Galán. Tremendas ambas, y una pena que no hayan dado más que hablar.

No ha faltado el disco regular y completo de siempre de Pina. Y en terrenos más movidos encontramos los lanzamientos del progresivo de Jus Kno’, el footwork de BSN Posse una vez más, el house tribal de beGun, los sintes de Lasers en formato EP o el largo de Ioan Gamboa, o la colaboración entre Pional y Davis. En formato álbum, el glitch hop de Skygaze también es de destacar. Aunque toca hacer punto y aparte por la propuesta analógica y curiosa la de Diego García con ese sonido de moog al más puro estilo de George Kingsley con Labyritmos en Sonido Muchacho, que está publicando de todo. Y ya que nos ponemos clásicos, ha vuelto en 2018 el kraut y la electrónica de los valencianos Güiro Meets Rusia, para los amigos de los sonidos sin final, recomendable trabajo. Así pues, en lo nacional, un año sin grandes obras, pero completo.

Y antes de la spotylista, unos minutos para esta joya que comentaba:

Spotylista

 

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