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Finlay Shakespeare – Domestic Economy

finlaySólo pronunciar la palabra electro en 2019, en plena oleada Trap y con nuevas brechas electrónicas interesantísimas como el Deconstructed Club —con connotaciones políticas, para que luego hablen de botones—, parece un viaje instantáneo a 2005. Hay vida más allá del casi siempre infalible Mr. Oizo. Hay artistas de nuevo cuño que apuestan por él, y el del bristoliano Finlay Shakespeare es uno de esos enigmáticos casos. Después de varios años de dar vida al proyecto experimental y cacharrero de Future Image, y de publicar ya con este nuevo aka todo un serial de epés y singles, Shakespeare ha debutado ahora en solitario con Domestic Economy (Mego, 2019). Y lo hace nada más y nada menos que en Editions Mego. Algo debe haber.

Domestic Economy tiene once cortes, un disco que a priori puede parecer corto, si no fuera porque la media de los temas es de seis minutos, raro para ser un disco de ‘electro’, y aquí es donde está la gracia y lo llamativo del debut de Finlay Shakespeare. Se nota que su trabajo previo con otro alias ha versado durante años sobre experimentaciones con todo tipo de sonidos, lo que le ha permitido definir y aprovechar bastante bien por dónde tiene que ir el álbum. Unos sonidos propiamente electro, aunque con una estructura más progresiva, y que en no pocas ocasiones está en algún punto intermedio colindando con el minimal wave y el synth pop.

Se trata por tanto de un álbum atípico, como atípico que se publique un disco así en Mego, en el que saca jugo a los cánones electro para llevárselo a otros terrenos más abiertos, con una contradictoria aura pop que le otorga la parte vocal. Esa coraza singular le hace bastante atractivo, además de la elocuencia que se gasta Shakespeare en sus temas. ‘Luleå‘, el primer tema, es un buen artefacto que define a las mil maravillas este álbum. Sus coordinadas seguras coinciden en algún lugar entre el pop de Hot Chip, la sofisticación de Anne Clark y todos esos detalles ochenteros a lo The Human League. Un interesante mejunje muy bien ensamblado.

Meter mil influencias sin saturar y salir victorioso

A partir de ahí, Shakespeare te hace entrar en un accesible bucle de secuencias y cajas de ritmo que van añadiendo nuevas capas, usando también efectos vocales porque cuanta más chicha más rico. ‘Dulin‘ es uno de esos ejemplos, niveles y niveles con una estructura de percusión homogénea junto a la línea melódica que dibuja el sinte. Con esa base va estirando el chicle hasta casi los nueve minutos, cuando lo lógico hubiera sido cortar a los tres en un tema de sintetizadores y vocales. Sin embargo, esa obcecación de volver y desarrollar aún más el loop es la que hace fascinante a este trabajo y a su propio creador. Y seguramente, la que hizo que Mego apostara por él.

Hay temas de corte más decididamente ochentero, con sonidos arcaicos como en ‘Amsterdam‘,  sonidos más mecánicos como en ‘Pontyclun‘ y estallidos electro como el del final de ‘Perris‘, que funciona de una forma más progresiva, un crescendo de manual para pegar ese subidón del último tercio. No obstante, el LP tiene algún tema que corta el buen ritmo del mismo como ‘Pittville‘, pero es una anécdota dentro de un trabajo que tiene puntos muy fuertes en su defensa como ‘Monadnock‘ o la épica lenta y envolvente de ‘Birmingham‘, una de las perlas del disco y con la que tendría que haber acabado el disco, porque tiene el minutaje y el desarrollo ideal para hacerlo. La siguiente es accesoria e innecesaria. Pero no todo iba a ser de color de rosa en este notabilísimo debut, de lo más interesante en electrónica de lo que llevamos de curso. Hasta en el minuto y medio final el bueno de Finlay Shakespeare tiene que meter esa distorsión que se va difuminando, acorde a su gusto y talento con los teclados. En definitiva, gran y sorprendente debut en largo en Mego.

7,9/10

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