Algiers — Algiers

Mucho antes de que los sucesivos revival le despojaran de todo cariz vanguardista, el Post-punk había sido un género cuyo inicio y final dependió siempre y de forma exclusiva de la innovación y la experimentación. Surgió, de hecho, como respuesta y continuación natural a las limitaciones sonoras del Punk, no como la única, pero sí como la más simbólica y excitante de todas ellas. Y tres décadas y media después, aquí estamos, frente a Algiers (Matador, 2015), el LP debut de un grupo que de forma rimbombante entra en terrenos políticos, sociales, religiosos y espirituales mientras afirma fusionar los límites sonoros del Gospel, la música industrial o el mismo Punk. Algiers son exactamente Post-punk, la clase de grupo que por discurso y estética es central a la historia del género. Y precisamente por ello son tan alucinantes.

La historia del grupo no es extraordinaria, pero cómo funden su contexto social en su narrativa artística sí. Por un motivo muy especial: Algiers logran a un mismo tiempo sonar políticos pero no frívolos, revolucionarios pero no charlatanes, experimentales pero no abstractos. Todos los peligros que conlleva adentrarse en los terrenos antes mencionados se ven sustituidos por una pasión, un ritmo y un alma práctica que lleva a la mejor tradición de la música afroamericana mientras en el camino recoge de aquí y allá elementos vanguardistas. Nada es accesorio: en ‘Blood’, por ejemplo, el esquema rítmico se tiñe de tintes industriales con la notoria finalidad de otorgar más carga emotiva, más dramatismo, al relato jadeante y melancólico de Franklin James Fisher, vocalista y guitarrista del grupo, sobre la esclavitud en Estados Unidos. El resultado, un híbrido que no por extraño deja de ser exitoso, un cruce bastardo entre PiL y Nina Simone.

Podría darse el caso de que Algiers, por demasiado experimentales, terminaran varados en la playa a donde van a parar todos los proyectos intelectualizados pero escasamente pasionales. No sucede

Porque es una constante que se repite a lo largo del disco: el fondo y la forma caminan de la mano, importa tanto el de dónde venimos, cuál es nuestro marco teórico, como la ejecución final, su talento como músicos y el gancho de las canciones. Podría darse el caso de que Algiers, por demasiado experimentales, terminaran varados en la playa a donde van a parar todos los proyectos intelectualizados pero escasamente pasionales. No sucede: ‘Old Girl’ es puro frenesí; el bajo y el estribillo de ‘And When You Fall’ crean quizá uno de los mejores momentos del año, poniendo el corazón a mil por hora; ‘Black Eunuch’ es trepidante, bailable, sucia y oscura, puro Rock ‘n Roll. Hay sustancia detrás de la coartada intelectual, muy interesante, en efecto, pero del todo insuficiente por sí misma para hacer de Algiers LP el fa-bu-lo-so debut que es.

En todo ello, juega un papel fundamental su sentido grupal. Su proceso de composición es colectivo pese a que se realiza a miles de kilómetros de distancia — algunos viven en Londres, otros en Nueva York — . A la hora de ejecutar lo plasmado por escrito, su colectividad se agudiza: los coros, tamizados por una pátina oscura y pesada, juegan un papel fundamental en el toque Gospel que imprime Fisher, en pequeños ejercicios de llamada y respuesta que tanto recuerdan a los cantos primitivos de los esclavos negros del XIX. De forma paralela, las percusiones son creaciones grupales, ya sea a través de patrones programados por ordenador o a través de palmas y golpes. Eso redunda en la sorprendente armonía natural de un grupo que, por lo demás, juega abiertamente con géneros difíciles, agresivos para el oyente convencional.

A la hora de ejecutar lo plasmado por escrito, su colectividad se agudiza: los coros, tamizados por una pátina oscura, juegan un papel fundamental en el toque Gospel que imprime Fisher

Por ahí se cuelan las referencias, claro: de Nick Cave a The Afghan Whigs, pasando por Gang of Four. En el fondo es bastante atrezzo: Algiers, por fortuna, no suenan a ninguno de ellos. Su música es tan original como propia, y necesita de pocos espejos donde mirarse.

Por si todo esto no fuera suficiente, el recorrido de Algiers se expande más allá de los límites de sus canciones. En su cuenta de Facebook suben con frecuencia enlaces a noticias de actualidad — Grecia, esta semana — , acompañados con un breve comentario altamente sugestivo. En las entrevistas que han ofrecido dejan entrever cómo el poderoso contexto social y cultural del que provienen, el sur de Estados Unidos — son de Atlanta, Georgia — , ha definido no sólo su posición artística, sino también su aproximación ideológica y práctica a los problemas que les rodean. Una prueba quizá no tan evidente de ello: Algiers es el nombre de una ciudad argelina donde tuvo lugar una de las batallas más importantes durante la guerra de independencia de aquel país, Argelia, frente a su metrópoli, Francia. Desde su propia formulación como grupo, Algiers son un canto al anticolonialismo, con todas las ideas asociadas que ello conlleva.

8.6/10

Así las cosas, es natural que el cocktail de tradición cultural afroamericana, géneros experimentales y abrasivos, altísima carga política y enorme sentido colectivo de la creación musical derive en puro éxtasis. Algiers tienden a caer en el trance, y cuando lo hacen es espectacular, como en los compases finales de ‘Black Eunuch’ o en la tremenda balada titulada ‘Games’. ¿Música industrial apasionada, en el otro extremo de la frialdad emocional? En efecto, allí se encaminan con firme paso Algiers, a un rincón muy especial de nuestra memoria y, por mérito propio, a todos los resúmenes del año mínimamente sensatos que se escribirán en diciembre de 2015. Algiers no es uno de los discos del año: es uno de los acontecimientos del año.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.