An Autumn for Crippled Children — The Long Goodbye

En un sorprendente giro de los acontecimientos, una de las escasas reseñas que he leído de The Long Goodbye (Wickerman, 2015) afirmaba sin miramientos que el inicio de ‘A New Form of Stillness’ le había recordado a The National. A la hora de valorar lo atrevido de la sentencia deberíamos tener en cuenta que, desde hace años, An Autumn for Crippled Children es uno de los grupos que, con más empeño que acierto, se propone traspasar todas las barreras imaginables del Black Metal para instalarse en terrenos de lo más sorprendentes, ya sea el Post-rock — Deafheaven, Ghost Bath, etcétera — o el ¿Shoegaze? — Botanist, esos últimos Lantlôs, esos últimos Alcest — . Que alguien puede tejer hilos invisibles que llevan desde The National (!) hasta algo tan remotamente alejado del Pop (o no) como The Long Goodbye habla del vivero de ideas, algunas disparatadas, algunas no, de un género en constante huida de su propia sombra.

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An Autumn for Crippled Children no son en absoluto nuevos en este campo. Desde sus inicios siempre se han caracterizado por condensar la esencia del Black Metal en baterías sintetizadas, canciones de menos de cinco minutos, un montón de trémolo, un claro espíritu melódico y voces de ultratumba. No siempre han dado con la tecla adecuada: su último LP, Try To Not Destroy Everything You Love (Aeternitas Tenebrarum, 2013), ponía de manifiesto los excesos de un género, el Blackgaze — tangible le pese a quien le pese — , que no siempre podía sonar tan celestial como ‘Dream House’. Por ahí, entre inauditos ecos del Dream Pop, An Autumn for Crippled Children naufragaban. Dos años y un EP después, The Long Goodbye les vuelve a colocar en la senda de Only the Ocean Knows (A Sad Sadness Song, 2012), un disco con al menos una canción — ‘Uncureable’ — epítome de hasta dónde podía dar de sí la inspiración creativa de los impresionistas del Black Metal.

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6.7/10

Recuperado el brío de las guitarras, rellenados los incómodos vacíos de Try To Not Destroy Everything You Love con capas y capas de distorsión, An Autumn for Crippled Children vuelven a saber emocionar en sus mejores momentos — ‘When Night Leaves Again’ y esos compases instrumentales de la recta final de la canción — manteniendo una línea bastante regular a lo largo de nueve canciones. No, no hay nada de The National aquí, aunque el espíritu pop — ese inicio de ‘Gleam’ — de The Long Goodbye pueda llevar a alguien a trazar evocaciones tan aventuradas. Sí hay, sin embargo, una tremenda facilidad para dibujar canciones épicas, densas y sencillas para todos los oyentes. En su quinto LP, An Autumn for Crippled Children no parecen contar con la inspiración casi sempiterna de Woods of Desolation ni, por supuesto, con la mayor proyección de Deafheaven, pero sí con un puñado de canciones en las que perderse durante varios días. Y su curva parece ascendente, otra vez.

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