Arca — Mutant

Es uno de los nombres propios de la electrónica actual. El venezolano Alejandro Ghersi, Arca, lleva algunos años sacudiendo la escena con su forma de percibirla, introduciendo ritmos latinos y saturándolos de graves y bombos reggaetonianos. No sólo eso, sino que también se ha puesto a producir y a trabajar codo con codo con gente como Björk, Kanye West o FKA Twigs. En apenas un par de años ha pasado de ser un artista que no pasaba de algunas publicaciones especializadas, a estar en boca de prácticamente todos los sitios que le echan un vistazo a la electrónica internacional. El pasado 20 de noviembre publicaba su segundo LP, Mutant (Mute, 2015), la ansiada continuación del sólido Xen (Mutant, 2014).

Un vertiginoso ascenso a Primera División

La muestra de ese parabólico crecimiento de popularidad se constató en el Sónar de este año, donde muchos se acercaron como seguidores y otros tantos con un “a ver qué hace el tal Arca”. Pues dejarnos descompuestos, tanto a los que le seguíamos como los que no. Una explosión de creatividad, bastante de descaro y también un poco de boutade, líneas — sobre todo las dos primeras — estratégicas que va marcando junto a su inseparable Jesse Kanda, que se encarga de la parte visual. Xen ya era un trabajo de suficiente enjundia, donde el venezolano mostraba sus cartas y las presentaba con total naturalidad, exhibiendo esos ejes sonoros que ya había enseñado en &&&&&, aunque más contundentes y exóticos. Contra todo pronóstico, máxime viendo la personalidad extrovertida tanto en lo personal como en lo sonoro de su música, este disco representa un cambio bastante perceptible. Precisamente dice de Mutant que es un álbum más extrovertido, que ha convertido la fragilidad de producciones anteriores en valentía.

A pesar de todo, por sonido, Mutant se puede percibir como un disco más intimista — cada cual lleva su extraversión como quiere — y que es más largo. Frente a la cadencia sugestiva de Xen, Mutant es un trabajo más experimental, un viaje a la parte más interior de Ghersi. Hay que viajar a los adentros para poder expresar esa extraversión y relación con los demás que marca este álbum. Un giro inesperado en el guión que hace su propuesta mucho más excitante; un cambio casi contrario a lo que cabía esperar, que muestra a un productor muy ambicioso, explorando nuevos terrenos y sin renunciar a sus aristas sonoras básicas. Compagina los bajos gruesos y los ambientes envolventes con sus ya canónicos aguijonazos agudos, que esta vez se funden en una maraña sonora que se va retorciendo durante todo el disco. En ‘Mutant’ o ‘Vanity’ vemos esa faceta más reposada en lo rítmico, pero en cambio con una textura sonora más rica.

Una sorprendente y más compleja propuesta

Impresiona ver los contrastes que ahora mismo aglutina la obra de Arca, tenemos esa parte más latina y sensual, decididamente hecha para incendiar la pista de baile, y por otro lado canciones como ‘Anger’ o ‘Front Load’ que por su construcción podrían ser de artistas más en las coordinadas de un pretérito Actress o similares. En cortes como ‘Snakes’, el equilibrio entre esos dos lados, vemos lo que a día de hoy es capaz de ofrecer el venezolano; una propuesta más compleja que la del año pasado, y sin renunciar a los cánones que le han hecho pisar tan fuerte en poco tiempo. Ese tema hace referencia a Björk y cómo su música y su espíritu le ha influenciado, algo que sin duda es recíproco, viendo el notable resultado de Vulnicura.

8.2/10

Sus nada más y nada menos que veinte canciones, con disquisiciones entre un glitch tímido y perlas como ‘Enveloped’, con arpegios propios de Forest Swords y una IDM luminosa, ayudan a construir un renovado discurso propio repleto de detalles y huecos que explorar. A pesar de que el hilo conductor es evidente, entre ‘Thievey’ y ‘Soichiro’ hay un salto de calidad notorio, ambicioso, y que denota una capacidad creativa en plena ebullición. En apenas un año, Arca ha tenido tiempo de dejar boquiabierto al público con sus directos, producir para figuras de la relevancia de Björk y, sobre todo, dar un inesperado, oscuro y poliédrico cambio a su música. Especialmente en un momento en el que su carrera hacía pensar que la línea a seguir era la de Xen. Pero benditos culos inquietos y las ganas de experimentar con nuevas líricas. Por lo que es y lo que representa dentro de la carrera del joven Alejandro Ghersi, Mutant es un disco fascinante. Totalmente imprevisible.

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