Beach House — Depression Cherry

Una de las cosas que más me desespera que me comenten es el “sabía que ibas a decir eso”. No sé, algún listillo que presuma de que te conoce tan bien que no existe momento en el mundo en el que no pronostique exactamente lo que vas a responder, o cómo vas a actuar ante un determinado estímulo. “Ya está el listo que todo lo sabe”, pienso en voz baja en ese momento. O no tan baja. Pero lo cierto es que imagino que, cuando se alcanza cierto grado de familiaridad, es fácil predecir cómo va a reaccionar el otro. Saber cuál va a ser su siguiente movimiento, la palabra que va a enunciar o hacia qué lado se le torcerá el morro en función de si está o no de acuerdo con lo que acabas de decir. Tiene su punto encantador. El irritante también, claro. Pero alcanzar tal nivel de entendimiento con el otro tiene bastante hechizo.

Depression Cherry es, exactamente, lo que esperabas que fuera

Beach House han hecho el disco que ya sabía que iban a hacer. Y lo sabía yo y cualquiera que los haya seguido. Han grabado el mismo trabajo de hace tres años, y uno casi idéntico a hace un lustro. Y no es que seamos muy listos. Es que el camino elegido por Victoria Legrand y Alex Scally tiene un recorrido muy recortado, pero absolutamente fascinante y encantador. Es por eso que el cuerpo me pide darle algún azote a Depression Cherry (Sub Pop Records, 2015), pero el oído acaba derritiéndose al encanto conocido y el alma, rendida a los pies de la voz de Legrand. Sí, Depression Cherry es el mismo disco de siempre, pero yo no acabo de cansarme. De dejarme conquistar por esa especie de nostalgia escondida. Del dream pop que uno quiere denostar, pero que por contra acaba mezclando congoja, nostalgia y erección del alma a partes casi iguales.

La pregunta es obvia. ¿Hasta dónde se podrá estirar el chicle? A día de hoy, al menos para mí, la respuesta es una incógnita.

En realidad, esa vagancia que podría achacárseles a Beach House, parece absolutamente premeditada. Ya no es que su apuesta deje muy poco margen a la improvisación, es que el “si algo funciona, ¿por qué cambiarlo?” lo llevan hasta el punto de que ni por la cabeza se les haya pasado que Depression Cherry pueda ser producido por otro que no sea Chris Coady. Se fueron hasta el retiro del Studio in the Country, en Louisiana. Allí se creó la magia necesaria para dar a luz otros tres cuartos de hora de música en las cuales, por buscar unas diferencias con lo previo que seguramente no existan, puede parecer que las guitarras solistas de Alex tengan un poco más de protagonismo en varios momentos, y que la riqueza compositiva de las letras de Victoria sea un poco mayor. Paso lógico, teniendo en cuenta el grado de madurez que, necesariamente, va alcanzando el dúo.

El inicio de Depression Cherry es brillante. De largo, concentra lo mejor del disco. Empezar con ‘Levitation’, que guarda en su título la respuesta perfecta a lo que uno siente en los primeros segundos de teclados y voz, es un acierto. Un paso que te prepara para un aislamiento perfecto, para que la ya conocida ‘Sparks’ vaya pareciendo cada vez más grande, mientras las guitarras hacen más ruido que casi nunca antes. En todo caso, el momento mas redondo de este inicio, y seguramente de todo Depression Cherry, es ‘Space Song’, abrasiva, desgarradora, fantástica. Todas las virtudes del grupo sintetizadas en cinco minutos. Como ni nada más fuese necesario. A partir de ahí el disco entra en una meseta. En un lugar en el que todo es bello, tranquilo, pacificador del ánimo. Como si Beach House hubiesen abrazado esa hermosa desidia y la hiciesen parte propia de su ADN. Como si fuesen máquinas perfectamente programadas para tocarnos la fibra sin mayor dificultad. Para alcanzar el click emocional de forma repetida.

7.5/10

Ante esto, la pregunta es obvia. ¿Hasta dónde se podrá estirar el chicle? A día de hoy, al menos para mí, la respuesta es una incógnita. En algún momento Beach House tendrán que dar un paso hacia algún lado, un pequeño cambio de rumbo, pues este recorrido llegará a su fin, antes o después. Mientras tememos por el futuro, de momento aceptamos regalos como ‘PPP’, trazando una línea de unión invisible entre My Bloody Valentine y Cocteau Twins, la atractiva melodía y cadencia de ‘Wildflower’ o el martillo neumático que (a su estilo), nos perfora la cabeza en ‘Bluebird’. Un nuevo disco, un nuevo paso acertado. Viviendo el presente pocos peros se pueden encontrar a Depression Cherry. Otra cosa es imaginarse la salud de Beach House a un lustro vista. Pero centrémonos en lo de hoy. Y lo de hoy es otro trabajo estupendo.