Built To Spill — Untethered Moon

Decía el otro día madamma — con toda la razón del mundo — en El tamaño importa de Yo La Tengo que es uno de esos grupos para celebrar la vida. En ese sentido, son pocos esos grupos que llegan a crear una ligazón melódica y emocional tan profunda contigo y que te hagan vibrar con magníficas sensaciones. Son pocos, y algunos suelen no fallar. Yo La Tengo es uno de ellos; otro es Built To Spill, de quienes llevábamos tiempo esperando un nuevo álbum como agua de mayo. Y más después de escuchar los adelantos del proyecto liderado por Doug Martsch. Untethered Moon (Warner Bros, 2015) es su octavo disco, su vuelta seis años después y, ante todo, un álbum con el que volver a emocionarse con la banda.

Aguantar el tipo y volver con un gran disco

Después de más de veinte años de carrera, casi una decena de discos y un puñado rotaciones en el motor musical, a excepción de Doug, el timonel indispensable que otorga a Built To Spill su distinguido sonido, no es fácil llegar a una vida productiva tan longeva sin traspiés. Y los ha habido — ligeros — con trabajos más modestos y que no llegan a la categoría de su prolífica etapa, que data de los noventa. Una vez superada esta, el grupo no ha podido ofrecer discos tan redondos y compactos como los de aquella época. Pero ha sabido mantenerse en buena forma, sin caer en un páramo compositivo del que muchos grupos veteranos no han podido escapar — ni querido ver — , quedando condenados a un presente indiferente.

Built To Spill han sabido mantenerse en buena forma, sin caer en un páramo compositivo del que muchos grupos veteranos no han podido escapar

En cambio, Built To Spill aún tienen argumentario que sacar a pasear en cada álbum. Es cierto que ya tenemos a Martsch muy calado, ejerciendo en su principal proyecto su papel de guitar hero que lleva interpretando desde antes de los propios Built To Spill. Fruto de esa capacidad para seguir sorprendiendo con la guitarra y haciéndonos disfrutar, que es de lo que trata esto de la música, viene el gran sabor de boca que deja Untethered Moon, disco que viene después de su hiato más largo. Él mismo dice que el 99% de las cosas que escribe son bastante estúpidas, pero lo cierto es que, postureo o no, sus canciones y el engranaje que forma junto a sus compañeros, aún parece lejos de quedar en la estacada. Y más después de publicar un álbum como este, repleto de filigranas, demostraciones virtuosas y por encima de todo, una vitalidad tremenda, invocando el espíritu de sus años primerizos. Se nota al grupo cómodo y feliz, y eso fortalece el trabajo.

Abrir la botella y descorchar el champán

Dejando a un lado lo que dice de sus letras, y teniendo en cuenta que cada uno interpreta en ellas una cosa diferente, es evidente que el peso de Built To Spill se encuentra en su armazón musical, siempre tan elocuente. Y esa trascendencia suele tener especial prioridad en el tema que abre prácticamente todos sus discos. El cebo para que no te desenganches. En esta ocasión esa encargada es ‘All Our Songs’, quizá la máxima expresión de las sensaciones que rezuman este trabajo. Un tema que desprende mucha frescura, a pesar de que nos conozcamos los trucos y los modus operandi del grupo. Siguen sabiendo jugar sus cartas, que es de lo que se trata. Con todo y a pesar de esa fuerza y esas embestidas, con sus indispensables punteos, está lejos del sonido más crudo o aguerrido de trabajos anteriores. Por eso es preciso señalar que a pesar de que es obvio que las cosas cambian, la formación sigue bastante viva y aún con ideas que proponer. Con recursos.

Es más, en el arranque de ‘Living Zoo’ tenemos más recreación, más energía y capas de detalles guitarreros de los que hoy se escuchan muy poco en el mundillo indie rock, tan trillado y a la vez tan aclamado cuando encontramos una joya en bruto. Tras el cambio de ritmo, llega la entrada de Doug, radiante como si estuviera en la cresta de la ola, con ese We know where we wanna go / But we can’t tell que promete pogo. Y después más estribillo para descorchar el champán y una melodía ganadora. Una canción ideal para abrir un concierto. En general, características bastante similares a las de ‘Never Be The Same’, uno de los adelantos que nos deshizo al escucharla.

Es uno de los arquetipos de canción que han utilizado para este esperado regreso, y ahí demuestran por qué aún tienen motivos suficientes para no sólo seguir adelante, sino hacerlo muy dignamente. A pesar de que conozcamos todas sus cartas — o eso creemos — , hay una verdad categórica, y es que aún son capaces de crear buenas canciones como esta. Difícil no quedar prendado. Un gusto que no sólo llega por estribillos que le gustarían incluso a tu madre, también por esos momentos solemnes que hielan la sangre como los que existen en ‘Some Other Song’. Uno de esos temas que te hacen vibrar a lo Keep It Like a Secret (Warner Bros, 1999). Y que dejan de relieve el talento de Martsch para la composición; como ocurre con Mascis, no todo son los punteos. Unos acordes lentos que se suceden antes de llegar a los cuatro minutos son suficientes para emocionar. Precioso.

A pesar de que conozcamos todas sus cartas, hay una verdad categórica, y es que aún son capaces de crear buenas canciones

Pero no todo es perfecto, claro, aunque en conjunto siguen sonando estupendos, como un engranaje suizo; mientras que la primera mitad del álbum está para dejarla en bucle durante horas, la segunda desfallece en varios puntos. Tenemos cortes más aleatorios y que tienen poco que decir como ‘C.R.E.B.’, mientras que hay algún ramalazo que huele al músculo de Ancient Melodies of the Future (Warner Bros, 2001) en ‘Another Day’. Una de cal y otra de arena que es entendible después de tanto tiempo dando el do de pecho. Con todo, incluso en esas piezas que son más modestas, hay pequeños detalles de la grandeza del grupo.

Pero sin duda, si hay algo que te levante de la silla en última instancia es ‘When I’m Blind’, la típica canción larga de Built To Spill. Ocho minutos y medio de raza, deformaciones musicales y un cúmulo de improvisación que toma forma al final para elevarse con señorío como lo que el grupo es, una de las aristas más talentosas del indie rock de las últimas décadas.

8/10

Han perdido visceralidad e inmediatez con el paso de los años, pero aquí en cambio han compuesto canciones — esas que decimos que son para celebrar la vida — como hace años que no se les escuchaban. Lo que se pierde por un lado se recupera por otro. Un álbum con actitud que culmina un necesario y esperado regreso que satisface las expectativas. Puede que para alguno las supere. Doug Martsch podrá tildar sus letras como ridículas, pero musicalmente su grupo todavía nos desarma con virtuosismo, solemnidad y mucha energía. Celebrando la vida.