Ahora todas las series quieren tener su propia película. El éxito de Downton Abbey hará que todo vaya a más

Incluso con el progresivo crecimiento que han tenido las series de televisión en nuestro ocio diario, el medio parece habérsele quedado pequeño y cada vez vamos viendo más ejemplos de saltos al formato largometraje por parte de algunas producciones. Resulta curioso precisamente porque el formato ha demostrado ya su propia valía cultural y cada vez son más ocasionales los casos de directores cretinos que las miran por encima del hombro.

Pero es así, cada vez es más común esa búsqueda de la duración cinematográfica para ofrecer un final o un epílogo a una serie con mayor o menor duración (u ofrecer un cierre a algo que no quieres darle la última temporada, como hizo Netflix con Sense8). No es que no haya habido muchos casos en el pasado. Podríamos destacar el caso más notorio y exitoso, el de Star Trek, que dio el salto a la gran pantalla tras varios años funcionando en los televisores y acabó lanzando su propia saga cinematográfica, que hasta ha llegado a ser reiniciada durante esta década.

Pero lo suyo lo podemos considerar como excepcional, mientras podemos destacar ejemplos que trataron de llevar ciertos formatos a la condición de película (La Dimensión Desconocida) o personajes televisivos que encontraron una segunda vida, especialmente en personajes infantiles o cómicos (Los Teleñecos, Pee-wee Herman, Mr. Bean). Y no hablamos de adaptaciones que cogen series de ficción y lo llevan al largometraje, porque podríamos estar eternamente citando casos reseñables, sino de continuaciones directas de un formato al otro.

Se puede apreciar cierto boom de este fenómeno entrando en el siglo XXI, momento donde el formato serie empieza a adquirir mayor consideración por parte del público y de las secciones culturales. Quizá propulsados a raíz de una de las series más idolatras de los 90, que realizó esta jugada en 1998, después de su quinta temporada: Expediente X. Años después, volvería a tener una oportunidad en este formato años después del primer final de la serie, en 2008 con Creer es la clave.

Hemos llegado a ver numerosos casos de ficciones animadas dando el salto, pero ninguna con tanta relevancia como la tuvieron Los Simpsons en 2007, que adquirió cierta condición de evento. Algo que sin duda allanó el terreno para una de las ficciones en acción real más importantes de la primera década de siglo, que lanzó su largometraje en 2008 y dio cierto prestigio a la maniobra: Sexo En Nueva York. El éxito fue tal que tuvieron una segunda película en 2010 (que no tuvo nada de éxito y puso cierto freno a la tendencia).

Hollywood empezaba a hacerse a una idea de que un movimiento así podría crear ciertos eventos que llevasen a los fans a las salas, dando luz verde a películas incluso de Entourage y de Hannah Montana. Había cierta aura en la película final que hasta series como Community querían aspirar a ello, convirtiendo en su objetivo vital y su lema conseguir “seis temporadas y una película” (de momento tienen lo primero, lo segundo está por ver).

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Deadwood: The Movie (Daniel Minahan, 2019)

Pero es en el momento actual, con mayor producción de series que nunca, cuando estamos viendo a las ficciones televisivas abrazando un nuevo/viejo formato. Un formato que ya no necesita realmente de un estreno en cines para ser considerado cine, y eso da alas a experimentos como el de Steven Universe, forzándose a sí misma un salto temporal, o el de Transparent, que optó por un final de película musical en lugar de una temporada final entera sin Jeffrey Tambor (por motivos obvios). Incluso un formato tan excéntrico y libre como el de Between Two Ferns acaba de tener su propia película en Netflix.

Otro de los estrenos que más relevancia a adquirido (con legítima justicia, claro está) es la película de Deadwood, ofreciendo una clausura merecida a una de las mejores ficciones del siglo que tuvo que acabar de forma abrupta e inmerecida. Su conclusión no sólo resultaba satisfactorio desde el punto de vista de la vinculación emocional, sino que el film logra rescatar y replantear algunas de las tesis principales de la serie, así como ofrecer lucimiento a uno de los repartos más completos que ha visto el audiovisual.

Sin embargo, si hay un caso que puede considerarse un éxito rotundo ese es el de Downton Abbey. En un momento de crisis existencial en Hollywood, que sigue buscando maneras de llevar a la gente al cine, la gente acudió a ver dos horas nuevas de la ficción histórica británica. Su buena taquilla y recepción la ha convertido en uno de los fenómenos más inesperados del año, y es imposible no pensar que algunos estudios están tomando buena nota de esto.

No obstante, no debería sorprender tanto este éxito, si tenemos en cuenta qué está mandando en la taquilla últimamente. La mayor factoría de éxitos actuales, el Universo Cinematográfico de Marvel, cuyo funcionamiento base comparte bastante con cómo se realiza una serie de televisión: cada capítulo (película) va construyendo hacia el momento cumbre del final de temporada (las pelis de Vengadores) y en el camino te presenta y desarrolla una serie de personajes con los que el público conecta emocionalmente en mayor o menor medida. Al final, la clave principal está en lo último: personajes (o propiedad intelectual) que la gente reconoce y con los que tiene simpatía, así que harán lo posible por ver el nuevo episodio de sus aventuras, y se irán al cine si es necesario. Con suerte acaba mejor que ver de repente a un tullido como rey de todo.

El nuevo paso de esta corriente lo tenemos mañana: Se estrena El Camino, una película de Breaking Bad. El spin-off de Better Call Saul no ofrecía la suficiente oportunidad de expandir el mundo del narcotráfico y la ciencia. Por supuesto, estrenándose en Netflix, tarde o temprano la veremos todos. También tenemos en el horizonte una precuela de Los Soprano, Newark. AMC quiere seguir explotando The Walking Dead con una trilogía de películas con Rick Grimes que estrenarán en cines. Quién sabe cuáles más se estarán planeando en estos momentos en algún despacho de alguna cadena.

Si por casualidad algún ejecutivo está leyendo esto, sólo le pido una cosa: dadnos una película de I Think You Should Leave with Tim Robinson.

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