El Hijo (Brightburn, 2019): una premisa poderosa

El Hijo (David Yarovesky, 2019)

Una de las cosas más interesantes surgidas antes del lanzamiento de Brightburn (o también conocida aquí como El Hijo) era la cantidad de posters realizados por diseñadores profesionales, haciendo trabajos no oficiales pero alucinantes (aquí una buena muestra) en base únicamente al concepto principal de la susodicha. Lejos de ser curioso, muestra realmente el atractivo de la premisa de la peli producida por James Gunn (ese genio), que te dispara la imaginación sobre las infinitas posibilidades que te puede dar un concepto, en teoría, sencillo.

Cómo sería si un joven Superman llegase a la tierra, pero se volviera un villano en vez de un héroe”. La cinta de David Yarovesky llega con una idea bastante interesante como contrapunto a la idea general dominante en el cine superheroico actual, donde hasta el concepto del antihéroe ya está bastante asimilado por el público general y ya hasta se manufactura hasta domesticar su carácter rompedor. Tiene sentido que el siguiente paso de la dominación mundial sean, directamente, historias de origen de los villanos.

Venom (Ruben Fleischer, 2018) parecía ir por ese camino, pero finalmente optó por otra dirección. La inminente Joker (Todd Philipps, 2019) sí parece más dispuesta a explorar esas pantanosas aguas y un éxito de la misma daría luz verde a más adaptaciones del estilo. En ese sentido, Brightburn llega con un timing adecuado para resultar fresca.

Sin embargo, aunque no se la pueda acusar de no ir hacia adelante con la idea del Superman maligno, el guión de Brian Mark Gunn (hermanos del mencionado James) nunca termina de explorar las posibilidades que da la idea aunque estén atinados a la hora de sobre quién enfocar la historia. Hacer de esta una historia de una madre entregada (y hasta cegada) por un hijo largamente deseado que le llegó, literalmente, caído del cielo, ofrece una exploración interesante sobre la maternidad que conecta con la idea primaria de Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011), aunque lo haga de manera diferente.

El Hijo (David Yarovesky, 2019)

Ambas acaban tocando las complicadas tesituras a las que debe enfrentarse una madre de un psicópata que es casi la encarnación del mal. Aunque haya diferencias palpables entre los personajes protagonistas (en la peli de Ramsay, la madre nunca terminó de desear a su hijo), las dos obras acaban tocando la indefensión y hasta negación de ambas ante la transformación maligna de sus retoños, con consecuencias fatales para su núcleo familiar y para los inocentes que les rodean.

Pero aunque Brightburn tenga ideas interesantes, buenas intenciones y algunas decisiones inspiradas a la hora de enfocarla como una cinta de terror (con algunos momentos gore muy logrados), nunca termina de ganarse el aterrizar de pie con su conclusión a causa de un guión poco definido, con personajes secundarios poco trabajados (el padre, por ejemplo) y un pobre desarrollo del hijo protagonista que en los primeros 20 minutos pasa de niño normalito un poco creepy a full psycho asesino (el motivo del cambio repentino se aproxima bastante al “lo hizo un mago”).

Así, lo que podría haber quedado como un fabuloso cruce de dos brillantes obras de Richard Donner como son su adaptación de Superman (1978) y La Profecía (1976), se queda en un producto resultón y disfrutable en sus momentos gore más locos. Pero bueno, no parece que Hollywood vaya a relajar el ritmo y no tengamos más intentos de blockbusters protagonizados por supervillanos, así que será cuestión de tiempo que alguno clave el aterrizaje.

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