It: Capítulo Dos: este payaso debería ser más divertido

Os podrá parecer de vagos tener que empezar esta reseñada comparando It: Capítulo Dos con su antecesora (casi tan vago como soltar la expresión “las comparaciones son odiosas en la reseña”), pero se antoja complicado, por no decir imposible, no pensar en esta secuela como una expansión de la primera It (Andy Muschietti, 2017) dada la propia decisión creativa tomada para adaptar la novela de Stephen King y, por supuesto, las expectativas comerciales surgidas tras el bombazo de dicha entrega.

El libro narra los sucesos de forma paralela, es decir, alternando entre las dos épocas donde los protagonistas se enfrentan a Eso, primero de niños y luego, 27 años después, de adultos. Las películas optan por dividir las dos líneas temporales en dos películas distintas, mostrando primero el primer contacto de los niños con el monstruo y en la segunda parte pasar a la versión adulta, pero recurriendo también a flashbacks de la primer época. La decisión ayuda a tener una estructura más funcional, permitiendo que cada línea temporal fluya de forma más natural a su propio clímax, pero a la postre se ha mostrado como una decisión que ha favorecido más a la primera parte que a la segunda.

Algo que probablemente tenga relación con la propia génesis del proyecto, hace ya más de 5 años cuando estaba a cargo del proyecto Cary Fukunaga. El director de Jane Eyre (2011) y la celebérrima primera temporada de True Detective trabajó en un guión junto a Chase Palmer (que se puede encontrar por Internet sin dificultad) que distaba de lo que acabó siendo la adaptación de Muschietti. Más morboso, con más carácter sexual, y menos payaso, acercándolo más a un drama de personajes que conduciría a un terror más cercano a los esfuerzos experimentales del “terror elevado” que a las tendencias del terror mainstream a las que acabaría acercándose la película final.

El estudio rechazó las actualizaciones más morbosas y abigarradas del guión de Fukunaga, que acabó saliendo del proyecto, pero mantuvieron la base de los conflictos dramáticos -curiosamente, la parte que más funciona de la película final- y le encargaron a Gary Dauberman (la trilogía de Annabelle, La Monja) la tarea de reescribirlo y acercarlo más a una cinta de terror convencional incluyendo más sustos. 

El resultado, tras unirle la (irregular) pericia de Muschietti en lo visual, dio una cinta efectiva, que manejaba bien el aspecto dramático de sus personajes y dejaba algunos sustos más agradecidos que otros. Más efectiva cuando quería ser Cuenta Conmigo (Rob Reiner, 1986) o los Goonies (Richard Donner, 1985) con monstruo, como ideó Fukunaga, que como una heredera de las Expediente Warren de James Wan. Pero todo lo que se nutre de centrar el conflicto de la película en la época infantil acaba siendo un regalo envenenado para su sucesora.

It: Capítulo Dos (Andy Muschietti, 2019)

It: Capítulo Dos acaba teniendo el problema de ser demasiado reiterativa (es más de un aspecto, pero ya entraremos en eso) y, como he mencionado antes, parece más una expansión que una continuación, complicando seriamente su necesidad de existir. Como sus personajes, la película se ha vuelto más grande, tanto en duración como en presupuesto, pero el libreto de Gary Dauberman, que aquí firma el guión en solitario, cae en las peores tendencias de su predecesora, teniendo que estructurar sustos cada 10–20 minutos (no vaya a ser que la audiencia se aburra) que ahogan un poco los momentos dramáticos o incluso los más ligeros, que no tienen ocasión de reposar y oxigenarse.

La estructura tren de la bruja es algo que Dauberman controla, como se puede ver en los spinoffs del Warrenverso, pero se erosiona más cuando tienes que hacer una película que se acerca a las 3 horas, sobre todo cuando la efectividad de los sustos va variando (algunos son verdaderos hallazgos visuales, otros ya se hicieron mejor en otras cintas recientes del género y otros ya son directamente olvidables). Pero lo que más palidece en Capítulo Dos son los conflictos dramáticos, algo más atropellados y demasiado repetitivos con respecto a la anterior.

Una cosa es mostrar cómo los traumas del pasado repercuten en las versiones adultas de los personajes, como el libro conseguía notablemente, pero otra es tener que pasar exactamente por los mismos caminos que ya vimos en la anterior película: Bill y su culpa por la muerte de su hermano, la relación abusiva de Beverly con su padre, Eddie y su germofobia, Ben y su aislamiento por el bullying, Mike y la violenta muerte de sus padres, etc. Las posibilidades conceptuales del libro se quedan algo desaprovechadas por el espectáculo y la búsqueda de la familiaridad y, al estar cada personaje aislado para tener su escena de ataque de payaso, la química entre personajes y reparto se resiente.

El único que logra tener un arco distinto e interesante (incluso aunque esté tocado muy tímidamente) es el personaje de Richie, interpretado por Finn Wolfhard en su etapa infantil y en su versión adulta de manera magnífica por un Bill Hader que se destapa como el auténtico ancla emocional de la película. Hader acaba brillando en cada aspecto que la película requiere de él, ya sea llevar a sus espaldas el humor más cafre o sustentar la parte dramática de su personaje, mostrando lo poco que tiene que envidiar de la gente constrastadísima que le acompaña en el reparto, como Jessica Chastain (esplendida) o James McAvoy (no tengo claro que sea el que mejor actúa en esta película, pero sí que es el que más actúa).

La peli va dejando una de cal y otra de arena hasta en el humor, con algunos momentos de humor muy retorcido y macabro de puro espíritu King que le sienta de fábula pero también con unos chistes muy meta sobre malos finales que repiten en exceso (al cuarto ya hasta te lo subrayan con un sorprendente cameo). La cinta siente demasiado la necesidad de responder a las expectativas, creando una fanfarria que es más elaborada y más ruidosa pero también atropellada y tan mecánica que acaba resultado un espectáculo algo frío. Probablemente la audiencia más predispuesta responderá positivamente, dado que no busca alejarse demasiado de lo que ya convenció y se puede decir que, hasta cierto punto, cumple, pero no evita la sensación que algunos críticos ya apuntaron antes que yo: It Capítulo Dos parece menos una cinta de terror y más otro blockbuster de fantasía épica algo inflada y artificial de los que tenemos cada dos semanas.

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It: Capítulo Dos
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