Teníamos ganas de poder hacer un artículo de este tipo sobre M. Night Shyamalan, a quien tenemos mucho cariño al igual que su obra a pesar que mucha gente parece haberle perdido la fe (recientemente se ha vuelto a ganar muchos adeptos, pero estos parecen estar todo el rato en la cuerda floja). Un autor imprescindible del género fantástico, reconocido por sus monumentales giros final que, lejos de lo que puede parecer, son más consecuentes de lo que parece y dan otra capa a sus películas, haciéndolas muy interesantes en el revisionado. Le recuperamos ahora que su serie Servant está de vuelta.

13. After Earth (2013)

Todo mal. Turra ciencióloga lanzada por dos actores protagonistas absolutamente apáticos (o en ocasiones inaguantables), un Shyamalan perdido sin demasiado que aportar y un frío espectáculo CGI con sólo unos pocos momentos de usos del 4K como elemento remarcable. No nos perdimos nada aquí.

12. Airbender, el último guerrero (2010)

Tras varios tropiezos comerciales, Shyamalan trató de redimirse jugando al juego de los que le consideraban el nuevo Steven Spielberg, haciendo un colosal encargo de entretenimiento familiar. Mucho se le puede achacar en una producción con muchos problemas en su narración, en la dirección de la acción o en la sobrecarga de efectos digitales, pero es una película que ya partía con una rama atascada en las ruedas con las imposiciones del estudio para cambiar el guion, marcar diferencias con la serie original que haría perder a los fans de línea dura sin conseguir algo que complaciese al público general, y ordenar cortar 30 minutos para poder convertirla a formato 3D, que entonces era un carro al que había que subirse. Demasiadas cosas en contra y una desagradable sensación de que nada de esto hacía falta para nadie.

11. Los primeros amigos (1998)

Ya es raro de por sí ver a Shyamalan haciendo una comedia infantil sobre un niño curioseando sobre la vida después de la muerte (?), pero encima cuando llega Harvey Weinstein para hacer una de sus trastadas con el montaje y destroza la película ya no hay nada que hacer.

10. Praying with Anger (1992)

Por algún lado hay que empezar, supongo, pero tampoco ha demasiado que rascar en un drama independiente sobre la violencia y sobre la relación con las raíces personales bastante amateur.

9. El incidente (2008)

Tras un par de varapalos consecutivos, Shyamalan decidió canalizar al mismo tiempo su Hitchcock interno y su espíritu más serie B. Quizá sus locas ambiciones (e ideas de bombero) no terminaron de trasladarse debido a su histrionismo, sus diálogos desconcertantes o quizá sobre todo a un dúo de protagonistas bastante mal seleccionados y fuera de lugar. Ciertamente fallida, aunque no falta de cierto interés. La mayor prueba de que estaba adelantada a su tiempo son los éxitos de Un lugar tranquilo y A ciegas (Bird Box), que claramente beben de ella.

8. Múltiple (2016)

La película que terminó de reconciliar a Shyamalan con el público, con un giro finalísimo que fue el que terminó de hacer que la gente se resubiera al barco. Quizá el impacto de ese giro final durante los créditos desvirtualizó la reacción a una película que mucha gente reconoció que no estuvo entusiasmándole hasta que llegó el momento. Como película de origen de supervillano tiene sus puntos de interés, pero su manejo del trastorno de personalidad es desigual (¿por qué 24 personalidad? ¿por qué siquiera las 8 que vemos?). Aun así, tremendamente estimable.

7. La joven del agua (2006)

Nacida precisamente como una historia infantil que Shyamalan inventó y contó a sus hijos, La joven del agua es la película más eminentemente fantástica y con carácter de fábula. No cabe duda de la pasión y las ganas de contar cosas en el relato, y hasta se le puede perdonar que él mismo interprete al escritor destinado a salvar el mundo con su obra, o que en ciertos puntos los personajes paren la acción por estar explicándose la película entre ellos. Se le perdona, porque es una fábula sincera, imaginativa y bastante contracultural cuando el mainstream se estaba volviendo cada vez más cínico.

Además, hay que admitir que tiene gracia cómo se ensaña con el Roger Ebert de pacotilla que ha colado en el sarao.

6. La visita (2015)

Tras varios años perdido en los grandes presupuestos y los hipertróficos mundos plagados de efectos del blockbuster, Shyamalan decidió que la mejor manera de recuperar la vitalidad y el músculo cinematográfico era volver a la pequeña escala, a sortear obstáculos y ser creativo ante las limitaciones. Y lo hizo hipotecando su casa, subiéndose pronto al carro de Blumhouse, y jugándosela con un género tan quemado por entonces como el «found footage». El resultado, además de efectivo, es ingenioso y retrata con mucho tino la ironía de que, incluso con toda la tecnología que hay para unirnos, cómo hemos terminado más distanciados de lo que pensábamos. Nuestros dieses también por escribir adolescentes tan reales, muestra de cómo suele estar pendiente de cómo se comportan e interaccionan las nuevas generaciones.

5. Señales (2002)

Al mismo tiempo, la peli post-11-S de Shyamalan y su propia Encuentros en la tercera fase (con varias inversiones, desde que el protagonista no abraza a los extraterrestres hasta que el encuentro le lleva a acercarse más a su familia), acercándole más que nunca a Steven Spielberg. También donde explora aspectos profundos como la supervivencia al trauma en el núcleo familiar y la pérdida de la fe. El tiempo, además de la posterior influencia en películas más recientes, no ha hecho sino darle la razón a Shyamalan en esta, su película más popular después de El sexto sentido.

4. Glass (2019)

El cierre de la trilogía superheroica de Shyamalan no era el Vengadores: Infinity War que parecía que iba a ser, sino que se trataba en realidad de una historia de origen. El director se mantiene fiel a los principios de una saga fantástica que siempre tuvo los pies en la tierra, que despliega su clímax en el patio de un hospital en lugar de en un edificio gigante porque no podía ser de otra forma. Shyamalan ofrece un interesante crossover de los estilos de El protegido y Múltiple, desarrollando a los personajes y, en el camino, ofreciendo una reflexión sobre el poder de las historias superheroicas, de la necesidad de la fantasía y advierte de aquellos que te machacan con una mentira para convencerte de que es real. Esta heterodoxa película es una de sus cimas creativas, y del género que ahora dominan Marvel y DC, ofreciendo un agradecido y necesario contraste a dichas películas.

3. El bosque (2004)

Vilipendiada excesivamente en su momento, marcando el punto de ruptura entre la crítica (especialmente la americana) y el director, El bosque ha sobrevivido como una de sus películas más audaces y logradas. No sólo por una increíble atmósfera, además de esa magia en la narración propia de la fábula, sino por donde quiere apuntar Shyamalan con sus dardos, cargados con veneno a raíz del contexto de la inseguridad posterior al 11-S y la guerra contra el terror instigada por la administración de George Bush hijo. Pero no sólo es Shyamalan quien se muestra brillante (además de preclaro y avanzado al momento), sino que buena parte de su reparto, destacando a Bryce Dallas Howard, está en plena sintonía y a la altura. Y ya ni hablemos de la fotografía de Roger Deakins o la banda sonora de James Newton Howard.

2. El sexto sentido (1999)

Ya no vimos las películas igual. Nos la metió tan doblada con el giro final que decidimos desconfiar de todas las que vinieron después y nos dedicamos a intentar adivinar las piruetas de guion (osea, nos pusimos a hacer las cosas mal). Pero más allá de la revelación, este apasionante relato de fantasmas desvela un drama familiar muy profundo y desgarrador que aguanta todos estos años gracias a su magnífica narración y a lo bien trazados que están sus personajes. Y sirve para recordar aquel breve momento donde Haley Joel Osment parecía que se iba a comer el mundo. Ah, y quizá sea uno de los mejores Bruce Willis.

1. El protegido (2000)

Las pelis de superhéroes no se habían vuelto todavía el dominador en la cultura popular, pero aquí ya había una modesta película que venía a revolucionarlas a todas. Aunque hay quien puede decir que, más que una peli de superhéroes, es una superpeli de héroes. Una peli que concentra toda su historia en lo que otras películas de género sería el primer acto, pero encuentra ahí toda la riqueza de la génesis del héroe, el doloroso conflicto interno, el resquebrajamiento de la familia a nivel emocional y, finalmente, abrazar que tener un gran poder conlleva una gran responsabilidad. El tiempo no ha hecho sino volverla más necesaria y más contundente.

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