Le Mans ’66, crítica: señores al volante

Siempre hay mucho comentario sobre las traducciones que se hacen en España de títulos en inglés, generalmente con cierta sensación de inferioridad. Estos cambios suelen obedecer a esfuerzos de la distribuidora para hacerlo más atractivo o acercar la intención de la película para el espectador. El último caso lo podemos ver con Le Mans ’66 (James Mangold, 2019), originalmente titulada Ford v. Ferrari, que ha optado por dejar a un lado la rivalidad entre escuderías y escoger la reconocible cita de las 24 Horas de Le Mans para territorio europeo.

Pero probablemente el título escogido para nuestro territorio sea más acertado para lo que vemos en el film que el escogido originalmente, probablemente mantenido durante otras etapas del proyecto donde se focalizaba más la historia en los dos bandos y el encargado de dirigirla iba a ser Michael Mann (qué oportunidad perdida). El conflicto latente en esta historia está lejos de ser la americanada típica donde tratan de derrotar al europeo para demostrar su superioridad, sino que Le Mans se convierte en una meta aspiracional con diferente significado para las dos fuerzas en colisión y que muestra la fractura del sueño americano.

Que James Mangold, director que ha pasado años moviéndose por el sistema de estudios con cosas tan dispares como En la Cuerda Floja o Logan, escoja una historia de automovilismo sorprende, especialmente cuando él mismo reconoce que los coches no le interesan demasiado. Sorprende menos cuando se le observa poner el foco en la historia de Carroll Shelby y Ken Miles en vez de en la rivalidad entre marcas que anuncia el título. Shelby y Miles son apasionados de lo suyo, de crear coches, perfeccionarlos, comprender cada parte de ellos y, sobre todo, disfrutar pilotándolos. Su objetivo de ganar Le Mans es menos poético que el de la corporación Ford, que quiere la victoria por meros intereses empresariales y de lucimiento personal.

Resulta menos sorprendente que alguien como Mangold, que se ha pateado estudios de todo tipo para intentar hacer un tipo de película que cada vez se hace menos, escoja esta historia si empleamos la clásica táctica de observarla como una metáfora sobre hacer películas en el sistema del Hollywood actual. Los apasionados de lo suyo, los verdaderos artistas, saben realmente lo que hace falta para los coches, están dispuestos a tomar riesgos que puedan llevar al triunfo, y eso está en constante tensión con los ejecutivos que se preocupan sobre todo por sus intereses económicos, por su prestigio, por La Foto. No es especialmente sutil, pero no se puede negar que está bien planteado.

Algo que se puede hacer extensible a Le Mans ’66, una cinta que no engaña y ofrece todo lo que promete una cinta de estas características: es muy clásica, muy evidente en sus intenciones, no se aleja demasiado de las convenciones del biopic, y está sustentada sobre todo en sus actores estrella. Hasta tiene el pegote de la trama familiar que debe añadir cierto riesgo emocional al personaje de Ken Miles pero resulta demasiado tópica para ello. Pero al contrario que otras cintas de este corte, logra ser muy disfrutable dentro de sus pautas marcadas. El tono de la cinta está perfectamente manejado, las secuencias de carreras son espectaculares (no está mal para alguien que no le interesan los coches), los momentos de humor funcionan muy bien y los dos actores muestran lo mejor que tienen dentro con dos personajes que hacen suyos por completo.

Mangold actúa aquí con la suficiente perspicacia para hacerse a un lado cuando toca y darle por completo la película a sus actores, porque sabe que ellos mismos te la podrían levantar en solitario, pero ellos juntos la elevan. Matt Damon está espléndido como el ancla emocional de la película y Christian Bale cae en sus manierismos pero sin perder carisma en una actuación que sabe mucho a estrella de cine clásica. Todos estos elementos logran una película que nunca pierde pie, a pesar de que no siempre sobresalga ni ofrezca algo especialmente singular. Por decirlo de manera simple y llana, es una cinta de señoros, con conflictos de señoros ante la que conectarán, sobre todo, señoros. Pero es una estupenda cinta de señoros de las que cada vez se hacen menos (y es una pena).