No hace mucho, empezó a salir la historia de que hubo un momento donde los gatos digitales de Cats llegaron a tener ojetes digitales. Así es. Seth Rogen pidió conocer ese montaje con los ojetes nada más enterarse. Pero la historia detrás de ese peculiar momento en la producción fue más aterrador de lo que cabría imaginarse.

En un extenso reportaje en The Daily Beast, fuentes cercanas hablan de cómo fue el laborioso y angustioso proceso de plegarse a los deseos del director Tom Hooper durante la fase de los efectos especiales. Fue especialmente tortuoso, comentan los expertos del equipo de efectos, dado que Hooper no tenía ni idea de lo que conllevaba el proceso de animación digital, y amargó la existencia de los artistas.

A mitad de completar la producción, empezaron a aparecer los agujeros del ano en los personajes. Uno de los que trabajó en los efectos especiales recuerda cómo se vivió el momento:

Cuando revísabamos, nuestra reacción fue, ‘¿Qué demonios? ¿Habéis visto eso?’. Lo pausamos. Llamamos a nuestro supervisor y le contamos ‘¡hay un maldito ojete aquí! ¡Varios ojetes!’ No era prominente, pero una vez lo veías… No estaba a simple vista, pero al mismo tiempo, cuando lo percibes, lo ves.

Como revela la fuente al artículo, “nadie nos dijo que había que poner ojetes. Es simplemente una de esas cosas que suceden y se cuelan”. Como respuesta, se contrató a un ingenuo afortunado cuyo único cometido iba a ser eliminar todos esos anos de la película.

La fuente habla de manera más extendida de todo el proceso de crear los efectos digitales que a muchos causó pesadillas. Semanas laborales de 90 horas, con algunos empleados quedándose dos o tres días seguidos, durmiendo bajo sus escritorios. Como aderezo a todo esto, el equipo técnico recibió un duro trato por parte de Tom Hooper durante el proceso.

Antes de terminar de renderizar las secuencias para las películas animadas, los equipos de efectos visuales suelen mostrar a los directores versiones previas con los personajes sin color o textura. Así, el director puede evaluar antes de emplear horas de trabajo en añadir color, textura e iluminación. Hooper, sin embargo, no comprendía el proceso. El director demandaba que le trajesen versiones plenamente renderizadas. De lo contrario, reaccionaba a las versiones preliminares con expresiones como “¿Qué es esta basura?” o “No lo comprendo, ¿donde esta el pelo [de los gatos]?”.

Hooper llegó a tener demandas totalmente irracionales y absurdas. Por ejemplo, demandaba que le mostrasen vídeos de gatos auténticos realizando las mismas acciones que los gatos de la película, algo ridículo porque “los gatos no bailan”. El cineasta también trataban con desdén a todo el equipo de efectos:

Cuando entrabas en una sala de conferencias, no se te permitía hablar. Y te hablaba como si fueses basura.

Sólo el trailer de dos minutos tan comentado llevó seis meses de producción. En su lanzamiento, quedaban cuatro meses para el estreno de la película. Meses que fueron todo un infierno para el equipo, y para los múltiples supervisores que tenían que reunirse con Hooper e iban cayendo conforme avanzaba la producción.

Era casi esclavitud. Teníamos que trabajar mucho en casi nada de tiempo, y todo era muy difícil. Estábamos tan apremiados que no teníamos tiempo para nada. Así que cuando la gente se queja de que ‘los efectos no eran buenos’ o ‘los animadores no son buenos’ o algo por el estilo, no es nuestra culpa. No teníamos tiempo. 6 meses para hacer un trailer de dos minutos y 4 meses para una película de hora y media. A poco que sepas de matemáticas, puedes imaginarte que no tiene ningún sentido.

Si les sirve de algún consuelo, la verdad es que el desastre de Cats no es realmente atribuible a la calidad de los efectos especiales.

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