Hablar de Ken Burns de los documentalistas más reputados y prolíficos. Por tanto, tiene un par de ideas o más fijas sobre qué debe hacer un documental y cómo debe hacerlo. Así que no es extraño que tenga una opinión sobre uno de los documentales más comentados estos días, The Last Dance. Incluso aunque no lo haya visto.

Para Burns, el documental en ocho partes de ESPN y Netflix centrado en la figura de Michael Jordan tiene un error terrible que cuestiona toda su validez. El cineasta remarca que entre las productoras de la docuserie se encuentra Jump 23, propiedad del propio Michael Jordan. Una presencia que debería escamar a los espectadores y a la que “nunca, nunca, nunca, nunca” hay que permitir como documentalista.

Si te encuentras allí influyendo el mero hecho de que se haga [el documental], significa que ciertos aspectos que no quieras que estén ahí no van a estar ahí. Y esa no es la manera en la que haces buen periodismo… Y ciertamente no es la manera en la que haces una buena historia, mi negocio.

El director, además, remarca que casos como el de The Last Dance deben ser “la dirección opuesta” hacia la que debe dirigirse el mundo del documental. Su negocio, como él dice. Estaba claro que no todos iban a estar a bordo con el entusiasmo que ha producido la docuserie.

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