Uno de los mejores dramas de los últimos años tenía que venir de HBO. Pero no era el que esperábamos. No era una Westworld o una nueva de David Simon (cada una valiosa a su manera). Era la acidísima sátira Succession, donde nos introducimos en el seno de una de las familias más pudientes del planeta, ese 1% inalcanzable expuesto en toda su miseria y bajura moral.

Ya no sólo es lo atinado del retrato de Jesse Armstrong, de la fabulosa dirección o del reparto mejor seleccionado. También es la maravillosa música de Nicholas Britell, con su perfecto choque entre clasicismo y pulso moderno. Su melodía para la secuencia de créditos inicial es paradigmática, con ese pasaje de piano y vientos propulsados por una percusión de hip hop acompañando imágenes de grabaciones antiguas y granulosas de la familia protagonista. Esa combinación hace una de las intros más brillantes e imposibles de saltar de la actualidad.

Pero lo más curioso es cuánto de esta secuencia inicial realmente debe a un genio de la cinematografía como David Fincher. De hecho, con la excepción de la música de Britell, el director de El Club de la Lucha ya ideó la misma secuencia para dar comienzo a su éxito de 1997, The Game.

Protagonizada por Michael Douglas y ahora un poco olvidada y considerada menor, a pesar de ser uno de los pocos y mayores éxitos comerciales de Fincher, la película da inicio con una serie de metraje y grabaciones añejas y granulosas que nos van proporcionando la historia previa del protagonista, Nicholas Van Orton. Vemos imágenes de cómo su padre termina fuera del cuadro tras su suicidio en su 48 cumpleaños, dejándole en solitario. Algo similar a lo practicado en la secuencia de Succession, sólo que la separación entre padres e hijos es voluntaria por los primeros, no por fuerza mayor.

Puedes observar las similitudes entre el film de Fincher y el drama de HBO a continuación: