La entrada de Daniel Craig a la franquicia de James Bond no pudo ser mejor que con Casino Royale. La película se encuentra en dura contienda con Skyfall para ser la mejor de su etapa, y está ampliamente como una de las mejores películas del Agente 007. Especialmente porque vino en un momento que necesitaba un reinicio, después de la desastrosa Muere otro día.

Para ello, volvieron a contar con el hombre que se encargó del anterior reinicio para introducir a Pierce Brosnan: el neozelandés Martin Campbell. El director supo identificar lo que buscaban los productores: «Querían traerlo de nuevo a la tierra. Cuando me incorporé, sentí lo mismo. Tenía que tener los pies totalmente en el suelo». Así, entregó una película cruda, directa, potente pero también muy fina. Para muestra, una de sus mejores escenas: la partida de póquer.

Por eso mismo, en Polygon han dedicado un concienzudo reportaje a desgranar la creación de dicha escena. Clavarla era crucial, ya que había dudas sobre cómo mantener al público enganchado a la partida, como explica el editor Stuart Baird.

Todo el mundo estaba terriblemente preocupado de que la gente se aburriera con ello.

«¿Por qué nunca lo hacen bien?»

Campbell se fijó en clásicos como El rey del juego o El póker de la muerte para tomar nota de cómo plasmar el juego en pantalla, pero también era importante que la propia partida funcionase como su propio microcosmos dentro de la película. Se trajo de asesor a Tom Sambrook, que ganó el Campeonato Europeo en 2002. Él mismo introdujo a todo el reparto y al equipo a los elementos esenciales del juego.

Les metía en una habitación en el sótano durante 15-20 minutos, donde montaron una mesa de póquer. Básicamente les conté lo mínimo necesario que tenían que saber para parecer que habían estado jugando a este juego.

El propio juego se convirtió en una sensación entre el equipo, que jugaba partidas entre tomas. Pero no sólo había que clavarlo estéticamente, que diera la sensación de que sabían jugar, sino que había que construir la escena para que sirviera como desarrollo del personaje de Bond, como explica el director.

Esto es Bond antes de volverse Bond, pensando con el corazón en vez de con la cabeza. Desde un punto de vista dramático, cada una de las partidas de cartas tiene un buen clímax. El asunto es que nunca jugarías una sola partida larga… Creo que habría puesto al límite la paciencia de los espectadores.

El propio Sambrook contribuyó a la construcción de la partida desde el guion, para asegurarse de que su desarrollo pareciera el esperable de una partida real, y evitar pifias habituales en películas de este estilo.

En el guion original, Bond lo apuesta todo cuando ve el comportamiento de Le Chiffre. Eso tenía que cambiar. Puse en el guion que Bond hace una resubida [de la apuesta], induciendo al momento de apostarlo todo. Llevo unas seis semanas para llevárselo a Martin Campbell. Le dije ‘Tienes que leerlo’, porque la mayor parte de la gente no lo sabrá o no le va a importar, pero habrá jugadores expertos al póquer que van a decir ‘Lo han vuelto a hacer. ¿Por qué nunca lo pueden hacer bien?’.

Pero al final, Campbell tiene claro por qué dicha escena fue un éxito rotundo.

Creo que la secuencia fue bastante convincente. Al final te das cuenta de que no es sólo las partidas de cartas, sino de lo que hay en juego. También es, básicamente, dos tíos follándose con los ojos. Ese era el secreto.

VíaPolygon
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