Alan Moore es uno de los creadores imprescindibles en la cultura del siglo XX y también del XXI con una obra que sigue teniendo relevancia y a la que se le sigue dando vueltas a día de hoy. No obstante, él sólo busca mirar para adelante, haciendo cosas como su futura nueva película The Show, pero es inevitable que se le acabe preguntando sobre superhéroes ya que, al fin y al cabo, hizo Watchmen, uno de los cómics más seminales del género.

Moore nunca se ha caracterizado por tener mesura en sus opiniones, y no parece que vaya a empezar ahora. El autor no tiene precisamente buenas palabras que decir sobre cómo se ha popularizado el género y explica que su decisión de dejar de escribir cómics vino porque “ahora la mayoría de la gente equipara cómics con pelis de superhéroes”.

No he isto una película de superhéroes desde la peli de ‘Batman’ de Tim Burton. Han arruinado el cine, y hasta cierto punto han arruinado la cultura. Hace años dije que me parecía un signo preocupante que cientos, miles de adultos estuvieran haciendo fila para ver personajes que fueron creados hace 50 años para entretener a niños de 12 años. Eso parecía responder a una especie de nostalgia por escapar de las complejidades del mundo moderno, y regresar a una memorable y nostálgica infancia. Eso parecía peligroso, estaba infantilizando a la población.

Esto puede ser una completa coincidencia, pero cuando en 2016 los americanos eligieron a Trump y el Reino Unido votó para dejar la Unión Europea, seis de las doce películas más taquilleras eran de superhéroes. No digo que uno cause lo otro, pero creo que son síntomas de lo mismo: una negación de la realidad y una urgencia por soluciones simplistas y sensacionalistas.

Os podéis imaginar su respuesta cuando le preguntaron si tenía algún interés en ver alguna película de superhéroes moderna.

Oh, Dios, no, no veo ninguna de esas. Todos esos personajes han sido robados de sus creadores originales, todos ellos. Tienen una larga línea de fantasmas detrás de ellos… No tengo interés en los superhéroes, eran una cosa que se inventó a finales de los años 30 para los niños, y están bastante bien como entretenimiento para niños. Pero si intentas hacerlos para un mundo adulto es cuando creo que se vuelve algo grotesco.

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