Cuando se suele enarbolar la queja por la “corrección política” creciente en el entretenimiento actual, suele ser para referirse a la introducción de diversidad (en pantalla y detrás de ella) que solía pecar por su ausencia en Hollywood. Pero lo que en realidad está haciendo daño a la creatividad y la libertad de expresión está siendo la influencia de China y sus autoridades, como ha demostrado recientemente un informe.

Para poder tener acceso al lucrativo mercado chino, muchos estudios de Hollywood se han plegado a las voluntades de las autoridades morales y censuradoras del país. Es algo que ha criticado recientemente Judd Apatow, director de Virgen a los 40, Lío embarazoso o la inminente El rey del barrio, argumentando que el problema para la comedia y los chistes que se pueden decir o no está en cómo el sistema se ha plegado a las voluntades de dichas autoridades:

Muchas de estas gigantes entidades corporativas tienen negocios con países alrededor del mundo, Arabia Saudí o China, y no van a criticarlos, y tampoco van a dejar que sus series los critiquen o no van a emitir documentales que profundicen en la verdad porque hacen mucho dinero.

Así que mientras seguimos con ‘Podemos decir este chiste, no podemos decir ese chiste’, a un nivel mayor, han cerrado la puerta por completo a contenido crítico sobre los abusos de derechos humanos en China, lo cual pienso que es más aterrador.

El caso reciente de Mulan, duramente criticada por el apoyo recibido por regiones y autoridades con repetidos historiales de abusos de los derechos humanos, viene rapido a la mente. Apatow expresa que si tratase de proponer una película de un hombre intentando escapar de los campos de concentración chinos, la idea sería descartada al instante.

En lugar de nosotros haciendo negocios con China y China volviéndose cada vez más libre, lo que ha ocurrido es que China ha comprado nuestro silencio con su dinero. Necesitamos películas que digan ‘Hey, hay gente que está siendo maltratada en Corea del Norte’, y el resultado de eso podría ser que, si haces esa propuesta hoy, nadie la consideraría. Pero como resultado de ello, no hemos logrado despertar a nuestro país o al mundo a través del arte o la sátira de la gente que está siendo maltratada en nuestro país o en otros países. Así que eso es muy peligroso.

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