Al contrario que muchas obras de Disney de finales de los 90 y comienzos del siglo, que han recibido un beneplácito nostálgico (a veces un poco random) que las mantiene en la memoria, la película Dinosaurio ha quedado bastante en el olvido. Lo único que le separa de no existir es su look inquietante y ser la primera película de la compañía en emplear la tecnología de animación por ordenador por completo (antes de ella, Fantasía 2000 empleó dicha tecnología de manera parcial).

Aun así, hablamos de una película que recaudó 356 millones en todo el mundo, así que es probable que hayas visto la película aunque ya te cueste recordar nada de ella. Algo que probablemente no hubiera pasado de haber sido el proyecto que se concibió en un inicio, mucho más atrevido e interesante. Para irnos a los orígenes del proyecto, hay que remontarse al tiempo y lugar donde estaba rodando la película Robocop.

En dicho set de rodaje, el supervisor de efectos visuales Phil Tippett y el productor Jon Davison discutían con el director Paul Verhoeven sobre una película centrada en la extinción masiva de los dinosaurios producida durante el periodo Cretácico-Paleógeno. La película iba a emplear la tecnología stop-motion que Tippett y Verhoeven utilizaron para varias escenas de Robocop. Para el director holandés, su inspiración llegaba del western clásico Raíces profundas, de George Stevens, donde los personajes principales viajan “de un paisaje devastado hacia una tierra prometida”.

El equipo creativo propuso esta idea a Jeffrey Katzenberg, por aquel entonces el jefe de la producción cinematográfica de Disney. Sumaron también al guionista Walon Green (Grupo Salvaje, Carga Maldita) y Verhoeven elaboró dos secuencias en storyboard para ayudar a calcular el presupuesto. 

Como es obvio, mucho cambió el proyecto hasta su estreno en el año 2000. El principal conflicto fue el citado presupuesto, con Verhoeven y Tippett pidiendo no menos de 45 millones de dólares para poder llevar a cabo su visión. Katzenberg se negaba a subir más allá de los 25 millones. Además, se insistió en que los animales hablasen, algo que no encajaba en la idea de Verhoeven. El proyecto perduró, pero sin ninguno de los involucrados originalmente y, para mayor ironía, el presupuesto se infló hasta los 125 millones al apostar por la animación por ordenador. Qué cosas.