La nueva edición de los Premios César, organizados por la Academia de Cine de Francia, llega con una buena dosis de polémica antes de su celebración. Se están organizando numerosas protestas, en las que están involucradas numerosas asociaciones feministas, para mostrar su rechazo ante un posible éxito de Roman Polanski en la ceremonia.

El Oficial y el Espía, el último drama del director franco-polaco, llega a los premios tras un buen recorrido en festivales de cine como el de Venecia, donde ganó el Gran Premio del Jurado, y ha recibido 12 nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Director. Las organizadoras de las protestas critican duramente a la organización y demandan que el director y su película no sean galardonados dado su historial de acusaciones por abusos y violaciones. Polanski huyó de los Estados Unidos antes de que se dictase sentencia en un caso por violación y proporcionar sustancias tóxicas a una menor, y desde entonces ha evitado visitar países que pudieran firmar la extradición y llevarle al país donde fue condenado.

Alain Terzian, presidente de la Academia, declaró en su momento que los César «no son una instancia que deba tener posiciones morales», pero esto resulta insuficiente para los manifestantes que no quieren ver honorado a una figura tan controvertida. Esto se suma a la actual problemática que están viviendo en el seno interno de la Academia, donde los miembros denuncian la falta de transparencia sobre dichos premios. Dichos representantes se declaran en contra de un sistema «elitista y cerrado» que no permite otras voces en sus operaciones. Desde la organización llamaron a la calma y anunciaron una serie de reformas profundas de sus estatutos.