Harvey Weinstein ya no tenía la mejor reputación antes de que se destaparan todos sus años de depredador sexual. Lo que sí era entonces es muy poderoso, por eso podía salirse con la suya a la hora de meter la pezuña en los montajes de las películas de Miramax y la Weintein Company. Están documentadísimos los casos de Bong Joon-ho con Snowpiercer o su última con Alfonso Gomez-Rejon con La guerra de las corrientes.

Otro empleado que tuvo choques con el productor ha recordado otro episodio de “Harvey Manostijeras”, esta vez en su relación con el Studio Ghibli. Steve Alpert trabajó para la división internacional del estudio de animación y, por aquel entonces, Miramax distribuía sus películas. 

El acuerdo estipulaba que la compañía no tocaría el montaje de las películas, pero Weinstein vio excesivos los 135 minutos de duración de La Princesa Mononoke, y demandaba a Hayao Miyazaki y al estudio que lo redujese a 90 minutos. Miyazaki se negó una y otra vez a estas peticiones que le llegaban a través de Alpert, y este tenía que trasladar estas negativas a Harvey, lo cuál le hacía rabiar. Alpert recuerda en sus memorias los improperios que recibía.

¡Si no consigues que recorte la puta película, no TRABAJARÁS EN ESTA PUTA INDUSTRIA NUNCA MÁS! ¡¡¿ME ENTIENDES?!! ¡¡NUNCA!!

No es la única anécdota interesante que Alpert plasma en sus memorias sobre su trabajo en Ghibli. El ejecutivo recuerda la ocasión en la que Miyazaki se negó a conocer a Martin Scorsese durante un viaje que hizo a Nueva York, reflejando su desinterés. Así se lo tuvo que comunicar a una agente de prensa desesperada.

-¿No puedes hacer que haga esto? No quiero perder mi trabajo.
-Creo que está cansado.