La tragedia mayor de Cementerio de Animales de Stephen King no son los muertos que atacan a los vivos, sino la incapacidad de un hombre de superar la muerte y de mirar hacia adelante. Por tanto, su destrucción final acaba llegando por su empeño en seguir llevando a sus seres queridos al cementerio para que estos vuelvan. Y vuelven, pero al mismo tiempo no. J.J. Abrams es ese hombre.

Abrams es un autor especializado en hacer buenos primeros actos. Por eso, las mejores temporadas de sus series (Alias, Perdidos) son siempre las primeras, y por eso funcionaron tan bien sus reboots tanto de Star Trek como de Star Wars. Hablamos de un cineasta muy habituado a despertar el interés en las obras que produce, sabe qué teclas emocionales tocar y su reverencia hacia canon resulta útil como lanzadera. El Despertar de la Fuerza funcionaba, al igual que la Star Trek de 2009, por todo ello, porque era capaz de recordar (y recordarnos) por qué nos entusiasman tanto estas historias.

Por eso el dardo desafiante de Rian Johnson en Los Últimos Jedi resultaba tan fascinante. Abrams nos refrescó el sentido de la maravilla por el pasado, Johnson nos animó a coger eso como punto de partida para algo nuevo, algo que haga Star Wars nuevamente relevante para los tiempos actuales. La respuesta de Abrams ha sido, desgraciadamente, volver a las viejas maneras, a recuperar los tics de películas de hace 30 años con la esperanza de que sigan oliendo como el primer día. Johnson insistía en dejar atrás el pasado, matarlo si era necesario. Abrams lo ha llevado al cementerio viviente para que volviese a la vida. Y ha vuelto, pero al mismo tiempo no.

Porque querer recuperar el espíritu de El Retorno del Jedi, la peli de la que más coge Abrams para hacer El Ascenso de Skywalker, es complicado si no tienes claro lo básico. El Retorno del Jedi es, a grandes rasgos, una peli de aventuras muy absurda. Lo es, pero la peli no se avergüenza de ello, todo lo contrario. Se pasa 45 minutos en el planeta de Jabba, recreándose a la hora de mostrarnos la serie de bichos que viven en su fortaleza, sólo para arreglar el desaguisado en el que se había quedado la anterior película. Y una de las tramas principales de su clímax implica una serie de osos de peluche peleando contra soldados de asalto. Abrams es incapaz de pasarse quieto en el mismo planeta más de 15 minutos y todo lo que sucede en la película lo narra con una seriedad autoimpostada y artificial, por tanto cada una de las ideas peregrinas que se le ocurren y suelta a lo largo de casi dos horas y media quedan raras y te dejan fuera de la película. Y, por supuesto, 9 de cada 10 ideas no son frescas, son puro fanservice que tiene que estar sí o sí en el argumento porque patatas.

El mayor síntoma de cómo sus temerarios impulsos de regurgitar fanservice acaban poniendo frenos al potencial dramático de la película está en el regreso del Emperador Palpatine. Su introducción en la trama es forzada y todo lo que lo involucra como nueva amenaza para La Resistencia está demasiado maquinado y autoexigido para resultar genuino. Su importancia en esta película es tan necesario como que los padres de Peter Parker creasen la araña mutante que le da poderes en The Amazing Spider-Man 2 (Marc Webb, 2014): ninguna, pero vale más el shock dramático que construirlo para que tenga sentido -algo que bien saben David Benioff y D.B. Weiss cuando hicieron la octava temporada de Juego de Tronos-.

Pero lo que más daña a la película no es ir de fanservice en fanservice (seguro que más de uno disfruta con ello y está bien) o pasarse más de una hora de película persiguiendo un mcguffin, sino el maltrato que se hace a los arcos dramáticos de los personajes. El único con un mínimo de tratamiento interesado (y aún así, más pensando en la sorpresa que en desarrollarlo apropiadamente) es el de Rey. El arco emocional de Kylo Ren se queda en segundo plano hasta prácticamente el ecuador de la trama. Poe Dameron es la nada. Finn tiene uno de los conflictos con más potencial de la saga pero a esta película nunca le interesa. Leia sólo aparece para decir frases hechas (eché en falta que en algún momento soltase un «el pescado más fresco se vende en Madrid»), algo que claramente viene limitado por la muerte de Carrie Fisher, pero ellos mismos se meten en el lío asegurando que tenían metraje descartado suficiente para hacer un arco consistente. La marginación de Rose Tico, como si de una Jar Jar Binks cualquiera se tratase, es de juzgado de guardia.

Resulta criminal que se sienta tan estéril y artificial una película que tiene elementos suficientes para hacer algo divertido y que dé gusto ver. Por cada ocurrencia disparatada agradecida (Babu Frik, los caballos galácticos) tiene que compensar con giros de trama dignos de los momentos más chuscos de Alias o con responder preguntas que realmente no necesitaban respuesta, a lo Star Trek: En la Oscuridad. La peli descarta el uso de fotografía digital y graba toda la película en 70mm, y aún así la estética es tan plana y oscura que acaba resultando fea.

Abrams se pone trampas a sí mismo tratando de introducir cosas que complazcan a un público tan heterogéneo que, por definición, es imposible de satisfacer en su totalidad. Por tanto, el ritmo resulta atropellado, la puesta en escena pobre, y se preocupa de más por tratar de responder preguntas en vez de tratar de establecer las suyas propias, cosa imprescindible para cualquier película que se precie. Pero ahí está su problema como cineasta, es infalible glorificando inicios pero incapaz de ofrecer cierres consistentes, prefiriendo corregir cosas que no necesitan correción, con un método que recuerda al de Homer Simpson tratando de salir de un pozo de brea.

Así, El Ascenso de Skywalker se queda como una fe de erratas prescindible, artificiosa y con nulo sentido del pathos narrativo. Por tanto, para una película que se erige a sí misma como el cierre de un ciclo de nueve películas, insuficiente. Resulta paradójico que Marvel, adalid de aferrarse a lo que funciona aún a riesgo de parodiarse a sí misma, haya conseguido un cierre de ciclo mas valiente y arriesgado con Vengadores: Endgame (son casi tres películas en una) que Abrams con todas las llaves del reíno para él. Un reíno que siempre había buscando la forma de mantenerse vigente pero cierra oliendo un poco a zombi. Delante suyo queda incertidumbre, pero está en su mano aprovechar esa libertad de acción o seguir con este ciclo de devorarse a sí mismo.

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Eddie
Eddie
11 months ago

Totalmente has descrito mis pensamientos al salir del cine. Genial crítica.