Steven Soderbergh, en 6 (o 7) películas

A ciertos ratos en un enigma, a ratos parece más simple de lo que parece. Steven Soderbergh es uno los directores más peculiares que hemos visto pasar por el sistema de estudios, dado los diferentes estilos que le hemos visto tocar en su carrera y también su manera de equilibrar perfectamente la mezcla de autor de prestigio, artesano eficiente que adoran los estudios y esteta con cierta obsesión por la técnica. 

La mezcla a veces les sale bien (muy bien), pero también le sale alguna que otra mamarrachada, o a veces todo lo anterior al mismo tiempo. Para intentar acercarnos un poco a su figura y poder llegar a entenderla en cierta medida, aprovechando que se estrena su nueva obra en Netflix, vamos a tocar diferentes etapas de su carrera y seleccionando algunas de las películas que resaltan alguna faceta suya.

Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989)

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Llegar y besar el santo. El primer largometraje de Soderbergh se saldó con un éxito inesperado en el prestigioso festival de Cannes y su éxito sirvió como punta de lanza para la irrupción del cine independiente (y, por extensión, de Miramax) en la cultura popular de los 90. El director estuvo dando vueltas a la película durante un año, pero cuando se puso la acabó de forma express: el guión escrito en 8 días en un bloc de notas amarillo, una semana de ensayos y un mes de rodaje. Y no necesita más, ya que le quedó un exquisito retrato de las relaciones y la naturaleza humana que sigue funcionando como un tiro y sigue notándose tan audaz como hace 30 años.

Más en esta línea: Schizopolis (1996) y Full Fontral (2002).

Un romance muy peligroso (1998)

Tras varios intentos de encargos modestos y de mediano presupuesto que no terminaron de cuajar ni en el buscado público ni en la crítica que se había rendido a su ópera prima, Soderbergh encontraría ambos al virar el género donde mejor exhibe músculo: el thriller criminal. Aquí encontramos uno de sus trabajos más finos y más completos, permitiendo que se luzcan dos estrellazas como George Clooney y Jennifer Lopez (lo digo en serio, aquí está muy bien) sin renunciar a sus inquietudes técnicas, haciendo probaturas con el montaje y la narración que le sientan bien a un relato tan vibrante como duro y seco.

Más en esta línea: Bajos Fondos (1995) y El Halcón Inglés (1999).

Traffic / Erin Brockovich (2000)

Soderbergh también llevaría a la perfección lo de trabajar con rapidez en proyectos hasta el punto de hacer coincidir en un mismo año dos películas, incluso dos tan distintas como estas. Por un lado, un drama social revestido con seriedad y prestigio que triunfó en los Oscar. Por otro lado, un entretenidísimo vehículo para una estrella que consiguió llevarse el Oscar. Uno ha envejecido mejor que el otro (una pista: en el bueno sale Julia Roberts), pero ambos conforman las dos caras de una misma moneda tan inclasificable como es su cine.

Más en esta línea: Contagio (2011) y Efectos Secundarios (2013) para Traffic, Ché (2008) y Behind the Candelabra (2013) para Erin Brockovich.

Ocean’s Eleven. Hagan juego (2001)

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Si quedaba alguna duda de lo bien que se le da a Steven trabajar con estrellas, aquí alcanzó la cumbre en dicha materia. Un repartazo de lujo que conjugaba algunas de los nombres más reconocibles de la época y, sobre todo, bien escogidos para que mezclen bien y acepten a gusto sus roles (pocos como Brad Pitt y Matt Damon son capaces de ceder pantalla sin complejo y salir beneficiados en el proceso) para ponerse al servicio de una peli de atracos que funciona milimétricamente, desde el guión hasta el montaje. Una peli que mola, que sabe que mola pero llevar con naturalidad el molar, no te lo restriega en la cara.

Más en esta línea: Ocean’s Twelve (2004), Ocean’s Thirteen (2007) y La Suerte de los Logan (2017).

¡El Soplón! (2009)

Tras unos cuantos esfuerzos que alternaban aciertos con pifias, es raro pasar a la siguiente etapa de su carrera destacando una peli como esta. Pero vale la pena por lo bien que evidencia un factor infravalorado en su cine: cuando quiere, puede ser muy divertido. Que haya exclamaciones en el título no es casualidad. Con un Matt Damon entregado por completo al chiste, Soderbergh se mostró aquí fresco y con chispa, volviendo a remarcar lo efectivo que es como realizador y lo entretenido que puede llegar a ser. No es el mejor ejemplo de su cine más desenfadado, pero aquí le sacaría punta y pasaría a ser un gran valor en cintas posteriores.

Más en esta línea: Magic Mike (2013) y, también, La Suerte de los Logan (2017).

High Flying Bird (2019)

Tras un momento de crisis ante estudios que ya no parecen tan dispuestos a seguir apostando por él (y por muy poca gente) a pesar de lo eficaz que es y lo poco que suele costar, el director decidió dejar de pensar en métodos tradicionales para la producción y distribución de sus pelis, siendo uno de los primeros con prestigio que apostó por la libertad que le ofrecía Netflix. Aquí firma una de sus obras más libres e interesantes, primero por lo refinado que se muestra filmando con iPhones y explorando sus posibilidades a la hora de diseñar planos y el retrato del color. Segundo, por cómo junta los diferentes tonos que ha tocado en su cine (el thriller de atracos, el drama social, la mezcla de ficción con realidad). Así, le queda uno de sus mejores esfuerzos y una de las joyas mejor escondidas del catálogo de Netflix.

Más en esta línea: Perturbada (2018) y The Laundromat: Dinero Sucio (2019).