Quizá no sea el estreno de más relumbrón, ni siquiera entre los estrenos en streaming que claramente domina Netflix (con razón, todo sea dicho), pero había algo en The Report y su manera de pasar bajo el radar que me intrigaba. Uno de los estrenos de Amazon Studios de este año no viene con aires de película importante, aunque el tema que toca lo sea, ni con el cartel de un director o actores importantísimos, a pesar de tener un repartazo liderado por Adam Driver, uno de los mejores actores de su generación.

Una vez vista, es comprensible que esta peli pase bastante bajo el radar, ya que no ofrece sorpresas, al menos no de las del tipo que te chocan. Si acaso, la sorpresa es que sea una película tan buena siguiendo tanto los renglones marcados y sin momentos deslumbrantes. The Report es cine “Bien Hecho”, contado de manera eficiente e interpretado ídem, sin estridencias y sin intenciones de dejar noqueado emocionalmente a un espectador medio. El tipo de cine adulto que estudios grandes de Hollywood parecen dejar de lado ante su falta de rentabilidad, que no cambia la vida de nadie pero que a nadie deja insatisfecho.

Por supuesto, es imposible culpar a nadie de no tener interés por la historia de cómo unos burócratas de Washington investigan las tácticas de tortura empleadas por la CIA para interrogar a sospechosos de pertenecer a Al Qaeda. Y menos cuando se sustenta sobre todo en conversaciones de despacho, unos pocos flashes duros mostrando los métodos de tortura, y juegos de intereses buscando ocultar toda la información posible. Era muy fácil caer en un juego de “Wikipedia filmada”, pero la cinta de Scott Z. Burns (guionista de largo recorrido en el sistema de estudios) tiene la buena factura necesaria para sortear sus posibles problemas y parecerse más al film de investigación clásico en la onda Todos los Hombres del Presidente (Alan J. Pakula, 1976) o, por poner un ejemplo reciente con el que guarda más similitudes, Spotlight (Thomas McCarthy, 2015).

Su tono sobrio y que se toma en serio lo que está contando lo hace un estreno poco atractivo en comparación con otros, pero ahí reside precisamente su virtud. Una doble sesión de esto con La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012) no es el plan más divertido del mundo, pero es la clase de cine “Bien hecho” que logra involucrar al espectador sin necesidad de artificios, sólo con una buena historia y con una interpretación protagonista notable (fabuloso Adam Driver) que ejerza de ancla. Es, también, un competente relato sobre la necesidad de asumir responsabilidades y del valor de la verdad en tiempos oscuros. No cambiará el rumbo del arte del cine, pero tampoco lo busca. Y lo que sí busca, lo hace de manera impecable.