Hace un par de días os hablábamos en este vuestro blog amigo del lanzamiento de VTelevisión, el nuevo canal de televisión lanzado por el Grupo Voz y os mencionábamos casi de pasada que buceando un poco en su parrilla nos encontrábamos con la sorpresa de que el canal emitiría los domingos a las 22.00 horas The WirePues bien, se juntan ahora dos factores fundamentales: uno, que la excelente serie de David Simon todavía no había merecido artículo propio en ReySombra, sino tan sólo una mención en nuestro especial sobre las mejores de la década y dos, que los fans de esta serie somos muy, muy pesados (somos como los de Lost, pero en plan cultureta insoportable), así que teniendo esto en cuenta y considerando que esta vez tenemos excusa, creemos que es un buen momento para recomendar una vez más esta maravilla a quien todavía no la haya visto.

Lo primero que uno dice cuando recomienda The Wire suele ser “dale tiempo”. Y es verdad. Probablemente verás el primer capítulo y te preguntarás de qué coño va esto. Y muy probablemente verás el segundo y todavía no le habrás pillado el tranquillo. Lo más seguro será que al terminar el tercero o el cuarto te empiece a picar la curiosidad y comiences a interesarte por los personajes. Y, si eres una persona de bien, lo más razonable sería que, al pasar del sexto o el séptimo empieces a devorar capítulos como si fueran galletitas saladas.

Que esto no os extrañe: es que sencillamente The Wire no está escrita como una serie de televisión; por eso se salta a la torera tantas convenciones a las que estamos tan cómodamente acostumbrados y por eso nos resulta complicado al principio adaptarnos a ella. No es extraño que sea así, porque en vez de guionistas digamos “profesionales”, esto está escrito, entre otros, por un periodista, un ex policía y un novelista. Y hay un poco de todo ello en la estructura de la serie: de artículo de periódico, de informe policial y, sobre todo, de novela. Dice David Simon que aquí ocurre lo que en este género literario: probablemente si lees sólo el primer capítulo todavía no sabrás de qué va el libro, pero con un poco de suerte, el estilo sabrá captarte y tendrás la paciencia suficiente hasta llegar a lo bueno. En todo caso, a la postre reconforta comprobar que uno ha visto muchas cosas, pero todas estaban ahí por algún motivo, tenían una justificación, nos conducían a algo. Pocos o ningún momento de relleno en cinco temporadas: a ver cuántos pueden decir lo mismo.

Lo segundo que deberíamos advertir al recomendarla es “siéntate a verla”. Puede parecer una estupidez, pero no: la televisión está llena de productos perfectamente compatibles con el ordenador, la charla o el zapping. Tened muy claro que The Wire no es uno de ellos. Uno no puede ver esta serie mientras plancha o recoge la cocina. Coño, que esto no es El mentalista. También lo explicaba David Simon creo recordar que en el DVD de la primera temporada: son conscientes de que exigen mucho al espectador, pero les gusta pensar que si éste pone de su parte, al final se sentirá recompensado y creerá que el esfuerzo ha valido la pena. Al menos en mi caso puedo afirmar que esto se ha cumplido con creces.

Y la tercera y última advertencia, con la que nos lavamos las manos descaradamente, es “ésta no es una serie para todo el mundo”. Puede que sencillamente no te enganche, que no te interese lo que te cuentan, que sus largos episodios de una hora te resulten demasiado áridos. Pero eso nos parece otra ventaja más. Si hay algo que siempre le reprochamos a las series españolas es su nula especialización, su inexistente capacidad para el riesgo: obviando el subgénero adolescente (el único permitido por lo jugoso de su target) todas las series tienen que ser para todo el mundo: la misma serie le tiene que gustar a la abuela, al padre, al niño y al cuñado. Hasta al perro, si hace falta. Y así acabamos con un puñado de series clónicas con abuelo marchoso, tía buenorra y chacha andaluza, todas con personajes intercambiables y con idénticos decorados de IKEA. The Wire se lanza y realiza una apuesta valiente. A Simon le dijeron que muchas cosas de esta serie no serían aceptables para el espectador medio (el “average viewer”) y su respuesta fue una frase hoy ya famosa: “Fuck the average viewer”. Tener las santas narices de seguir adelante con semejante leit-motiv es lo que nos ha proporcionado esta auténtica obra maestra, unánimemente reconocida como una de las mejores series de la historia. Pon algo de tu parte y, una vez a la semana, siéntate frente al televisor dispuesto a usar el cerebro. El esfuerzo tendrá su recompensa. 


[NOTA: El autor de este artículo ignora si VTelevisión ofrece esta serie con opción de versión original subtitulada. Si no es así, olvidad lo anterior y lanzaos a la mula como si no hubiera un mañana. Sencillamente, estaríais viendo otro programa.]

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