Colin Stetson — Sorrow

2016 será recordado, como estamos repitiendo hasta la saciedad en los últimos meses, por la muerte. En particular por la muerte de músicos de enjundia, pero también, entre otras cosas, por las primeras obras de gente como Nick Cave tras el fallecimiento de un hijo. Así pues, no sería excesivo decir que 2016 está siendo un año realmente doloroso, un año que sangra. Uno de esos que te encoge en corazón, que parece tener una cita con el tormento y la angustia, con la ansiedad y el desconsuelo. Aunque, visto desde la otra cara de la moneda, siempre se han escrito piezas maravillosas nacidas del más puro y sincero dolor.

2016 y 1976 eran, al final, lo mismo

Sin ir más lejos, hace ya 40 años, el polaco Henryk Górecki, fallecido hace seis, compuso su Sinfonía nº3, rebautizada de diversas formas, la que más nos gusta Sinfonía de las canciones tristes, claro. En ella, en tres movimientos escritos para orquesta y soprano (joder, dadme un momento, que me voy a encender la pipa y a sentarme en el sillón de madera pintada con detalles dorados, y sigo), el compositor visitaba distintas estampas con un componente común: una madre canta a su hijo en el momento en el que este se marcha, está ya, o ha fallecido en la guerra. El dolor, la angustia, la incógnita, compuestas en la Polonia de 1976 y revisionadas en abril de este año por Colin Stetson en Sorrow (Autoproducido, 2016).

¿Vamos a convertir Hipersónica, entonces, en un lugar en el que repasemos la música de cámara de hace cuatro décadas? Pues en principio la respuesta es no. Pero a la figura de Colin Stetson la tenemos en mente por ser colaborador habitual, como saxofonista principalmente, de bandas que están siempre en nuestra mente. Por mencionar unas cuantas: Tom Waits, BADBADNOTGOOD, Arcade Fire, Animal Collective, TV on the Radio o David Gilmour. No sería arriesgarse demasiado, pues, si presumimos que un hombre reclamado por nombres tan importantes y tan dispares entre sí, guarda un talento enorme dentro.

Y la facilidad con la que ha acercado la obra de Górecki a un terreno experimental, más acercado al post-rock, al jazz, alternando lo minimal con la grandilocuencia, asentando la voz de la mezzo soprano (Megan Stetson) entre una propuesta sonora fantástica, convierte a Sorrow en una obra que imaginamos hasta el propio Górecki disfrutaría.

Doce músicos, con secciones de cuerda y viento, que consiguen dotar a Sorrow de una potencia emocional que impresiona. Que difícilmente encontrará resistencia entre los paladares de los fans de las etiquetas descritas previamente, incluso de aquellos que se acerquen a querencia por sonidos más metal. Que acercarán la música de cámara a cualquiera que no esté familiarizada con ella (quizás por ello tenga espacio en esta página realmente un disco que tanto evoca a la música clásica), que transporta con enorme fluidez de la grandilocuencia de ‘Lento — Sostenuno Tranquilo Ma Cantabile’, la intensidad contenida de ‘Lento e Largo — Tranquilissimo’ o la tempestad desatada de forma definitiva en ‘Lento — Cantabilie-Semplice’. Distintas formas de entender lo fastuoso, lo inmenso y lo bello. Una de las obras más magistrales de los últimos meses.

8,31/10

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