Abstracción – Abstracción

Iniciar bien las cosas es importante. Párrafos como este van a ser importantes para que tú, como lector, sepas si lo que se va a contar te interesa o no. Y qué duda cabe, empezar bien un disco es fundamental. Y no hablo de empezar el disco con un pepinazo, o con el mayor jitazo que tengas bajo la manga, porque puedes lograr lo contrario: que el resto del disco no sepa igual porque ya has jugado tu mejor baza nada más empezar. No, se trata de presentar tus cualidades sin desvelar todo el pastel, de dar una puerta de entrada al trabajo completo.

Muchos grupos entienden esto como “ir creando ambiente hasta que empiece la mandanga” y hacen una intro que en la mayoria de veces resulta prescindible. Y ahí puedes empezar a perder a la gente sin darte cuenta, porque es ahí donde muchos empiezan a apreciar si lo que está por delante les va a valer la pena. Abstracción entienden esto muy bien desde el primer minuto de su álbum debut. Literalmente, la primera pieza, ‘Abstracción’, dura un minuto y no sólo presenta adecuadamente sus cartas en cuanto a sonido, sino que te logra introducir con acierto a la atmósfera y la experiencia de su disco. Ahí ya empiezan a triunfar y ahí empezamos a apreciar que estamos ante una banda de verdad.

Así, entramos apropiadamente a ‘Asinergia’, donde el grupo ya revela más de su propia naturaleza. Abstracción son un grupo eminentemente psicodélico, con mucha querencia por los aromas progresivos y las tendencias ácidas del género, pero el grupo nunca se cierra puertas a lo largo de los 25 minutos de su debut homónimo. Vemos momentos puramente folk, vemos influencias orientales, vemos desvíos hacia el rock andaluz, vemos instantes donde se asoma el espíritu de Jethro Tull (sí, por las flautas), pero todo siempre pensado para expandir los horizontes de su sonido y del álbum. Ningún movimiento se toma a la ligera y todo contribuye a la experiencia del disco, muestra de un grupo con ideas bastante claras y que, al mismo tiempo, sabe hacia donde tiene que dejarse llevar.

Cojamos una de sus mejores muestras: ‘Sueños de colores’, que apunta ya a uno de los temazos psicodélicos del año, ofrece una paleta de sensaciones y colores únicas. Los instrumentos van moviéndose de manera sinuosa, reservándose los momentos de estallido para que estos sean más impactantes, mostrando el singular manejo del tempo que tiene el grupo. Entre movimientos e improvisaciones se cuela la hechizante voz de Catalina Requena, cuyo tono resulta la guinda del pastel y que es capaz de dominar algo tan complejo de salir bien como ir cambiando de idioma durante la propia canción, algo que puede descolocar a poco que no se clave.

De esos 5 minutos de pieza ya podemos extraer todo lo que hacen bien como grupo, pero el disco tiene la virtud de que es mucho más a lo largo de muy poco tiempo. Es uno de esos álbumes que, sí, son toda una experiencia difícil de describir, y a veces las palabras se quedan cortas para poder descrifrarlo. Empezar las cosas bien es importante, y es difícil comenzar mejor la carrera de un grupo que con un debut tan bien hilado y tan vivo como este.

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