AC/DC Rock or Bust Aunque parezca mentira, escribir una crítica de AC/DC a estas alturas de la vida resulta complicado, básicamente porque todos sabemos ya lo que nos vamos a encontrar ante otro disco del mítico grupo de rockeros sexagenarios sin ni siquiera tener que escucharlo, así que aportar algo nuevo a la conversación es tan improbable como que ellos lo hagan a sus riffs. A ello se suma el inevitable grado de pereza que podemos experimentar, queriendo o sin querer, ante la perspectiva de afrontar otro disco más de la banda que a muchos nos enseñó conceptos tan básicos como el solo de guitarra cuando estábamos dando nuestros primeros pasos en esto de la educación musical.

Pero la pereza se la sacude uno de encima cuando empieza a sonar Rock Or Bust (Albert Music, 2014), momento en que te das cuenta de que los buenos y viejos AC/DC siguen sabiendo hacer música igual que la primera vez que se cruzaron en tu camino, hace ya tantos años. Este es el punto en el que la conversación suele derivar al insufrible debate entre lo apropiado de evolucionar o de mantenerte fiel a un estilo, el cual siempre me ha parecido totalmente vacío por lo polarizado que resulta: lo importante no es cambiar o quedar anclado, sino mantener un listón mínimo de calidad a lo largo del tiempo, se haga por la vía que se haga. En este caso lo tengo bastante claro, pues los escoceses afincados en Australia llevan aguantando el tipo cuatro décadas ya, cuestión que me parece mucho más relevante y meritoria que la forma que han seguido para conseguirlo.

No hay otro grupo tan capacitado como AC/DC para llegar a un acuerdo de mínimos con sus seguidores y cumplirlo casi sin bajarse del autobús

Otro punto a favor de sus modus operandi es que, siendo justos, tampoco son un grupo de publicar elepés a diestro y siniestro. Éste que ahora nos llega, por ejemplo, es el segundo en lo que va de siglo y el quinto en veinticinco años, así que tampoco se puede decir de ellos que estén saturando a sus seguidores. Eso sí, también hay que ser sinceros y admitir que, de esa última hornada de discos que acabo de señalar, Rock Or Bust se muestra como el menos atractivo, quedando un punto por debajo de Black Ice (Columbia, 2008) y varios por debajo de Stiff Upper Lip (East West, 2000), aunque sin dejar de hacer patentes todas las virtudes que caracterizan a cualquier otro esfuerzo presentado anteriormente por el grupo.

Es muy fácil trazar líneas que conecten todos y cada uno de los temas incluidos en este trabajo con canciones que ya formaban parte de su catálogo. Tenemos todas las modalidades: los cortes que buscan el himno de fácil coreado en el estadio, los que persiguen unas ondulaciones más blues y los que golpean con una fuerza más heavy en los riffs. Siempre, por descontado, tirando de los mismos acordes como materia prima, los mismos estribillos de fácil memorización, las mismas letras cargadas de tópicos, la misma producción bien equilibrada de nuevo por Brendan O’Brien y la misma profesionalidad en la ejecución por parte de todo el clan.

Quizás el único aspecto realmente llamativo de este disco que sale mañana a la venta sea lo rápido que se acaba, algo que se explica fácilmente cuando echamos cuentas y vemos que se trata del trabajo más corto en la carrera del grupo al quedarse por debajo de los treinta y cinco minutos, dos menos de lo que alcanzó Flick of the Switch (Albert Music, 1983) y ¡veinte! menos que su inmediato predecesor. Solo uno de los once cortes supera por poco la barrera de los tres minutos y medio, prueba inequívoca de que el quinteto ha ido con la directa más puesta que nunca, presentando una serie de canciones con muy poco margen para adornos y con prisa por dejar paso a la siguiente pista.

Nos queda con ello un álbum que, de tan ágil que pretende ser, acaba resultando algo sobrio y falto de verdadera pegada. No es un mal disco, repito e insisto en ello, porque de sobra sabemos todos que no hay otro grupo tan capacitado como AC/DC para llegar a un acuerdo de mínimos con sus seguidores y cumplirlo casi sin bajarse del autobús. Precisamente porque sabemos eso, y porque lo sabemos desde hace ya muchos años, todo el pescado de Rock Or Bust estaba ya vendido antes incluso de que hubiéramos tenido oportunidad de escucharlo: quienes hemos aguantado con ellos hasta aquí lo aceptaremos como un más (no el mejor, ni el más emocionante) y quienes se aburrieron hace tiempo podrán seguir su camino sin tener que hacer el ademán de prestarle ninguna atención.

7/10

En Hipersónica | AC/DC – PWRUP (2020)

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