Angel Olsen – All Mirrors, crítica: caída del cielo

Para entender algunas cosas se necesita tiempo. A menudo múcho más que una tarde de estudio. Una de las frases más odiosas que ha parido el ser humano es «ya lo entenderás cuando seas mayor». Seis palabras insultantes, oprobiosas, injuriosas, denigrantes, horrendas cuando se enlazan la una tras la otra. Recuerdo perfectamente lo que me costó opinar sobre la escala de Mohs el día que la dimos en clase. Un diamante es una piedra tierna, delicadísima, pero más dura que ninguna otra cosa en el mundo. El que diga que entiende eso con nueve años que se vaya a la mierda. Tiffany & Co se lo montó de puta madre sin necesidad de más anuncio. Ya lo entenderéis cuando seáis mayores.

Ahora soy, efectivamente, mayor. Y aunque hasta hace poco seguía sin acabar de ver claro la mierda esta de los diamantes, Angel Olsen me lo ha dejado clarísimo con All Mirrors (Jagjaguwar, 2019), su cuarto disco de estudio. Tan delicado como contundente. Tan fino como dictatorial. Once canciones con las que, por si el titánico My Woman no hubiese sido suficiente, la de St. Louis completa, si cabe, un disco todavía más mayúsculo. Un plan infalible, perfecto, para dominar el mundo de la mano de John Congleton (uno de los mejores productores de los últimos 20 años).

A All Mirrors entramos por la puerta grande. Con ‘Lark’, el segundo single del álbum, que conocimos hace unas semanas y que nos dejó la piel de gallina y el tórax sin fuelle. Una canción absoluta, de una maravillosa inestabilidad emocional y una arquitectura impecable. Jugando entre la calma, las secciones de cuerda, la delicadeza y la demolición de puente y estribillo. 10/10 en la escala de Mohs. No voy a negar que, al final de estos 06:19 estoy tan entregado que es casi imposible bajarme del carro de fan y escuchar lo demás con calma y templanza.

Hay varias Angel Olsen en el disco. Están las dos (dejémoslo en dos) anteriores, una amante del folk, incluso del country; la otra, una dominadora implacable del indie rock. Pero va más allá. Experimenta con los sintetizadores y sale ya no indemne (sería suficiente, teniendo en cuenta lo a la mierda que se va casi todo aquel que empieza a juguetear con ellos) si no abrumadoramente victoriosa. Fíjense en ‘All Mirrors’ si no me creen.

‘Two Easy‘ y ‘New Love Casette’ te acunan, de nuevo con mayor presencia electrónica en sus melodías. Te acarician, te dan la mano para que no pases miedo en la oscuridad hasta que los fantasmas se alejen y puedas conciliar el sueño. Un sueño que pronto se interrumpe,, primero con la grandilocuencia de ese eterno jitazo pop que es ‘What it is‘, después con la brutal y arrolladora fuerza de ‘Impasse’, otro de los momentos cumbres del disco. Pura pornografía de épica, tormenta y caos. Angel Olsen desatada antes de afrontar un tramo final de disco sobresaliente.

Veamos: ‘Tonight’ no puede ir más sobrada de emotividad. Desnudez e inmensidad a partes iguales. Con la contención exacta para que esa sección de cuerda no se pase de edulcorada. La enésima obra maestra de All Mirrors. ‘Summer’ te hace bailar casi sin pretenderlo, como esa chica que con una sonrisa inocente y desprovista de pretensión acaba enamorándote de inmediato. Por puro potencial, porque no has conocido ni conocerás jamás a otra como ella. Incluso si estás teniendo esa misma sensación en All Mirrors cada tres minutos.

‘Endgame’, con Angel convertida en la crooner más grande de todos los tiempos, enlazado con ‘Chance’, majestuosa y desbordante de carisma, llevándonos a otra época, regalándonos amor y susurrándonos al oído que sí, que podemos enamorarnos de ella para siempre, por inalcanzable y platónico que pueda parecer ese deseo. Dejando claro que Angel Olsen es una de las cosas más grandes que le ha pasado a la música en la última década. Alcanzando cotas incluso más altas de las que ya alcanzó en su día My Woman, mejor disco internacional de 2016 según esta casa.

No hay diamante capaz de rayar a Angel, la piedra más preciosa y dura que jamás hayáis conocido.

9,35/10

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