Arca — Arca

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Reducción de las capas sonoras para proyectar su fragilidad


El venezolano Alejandro Ghersi entró como un tren en nuestros oídos hace algunos años con su sonido mutante, por una parte rompió moldes con esa electrónica hecha un simbionte con ritmos latinos, y por otra se encargó de seguir estirando la parte más creativa del glitch, deformando las capas sonoras de mil formas. Eso en lo musical, en el plano individual, sigue construyendo su personalidad y su cuerpo, lo que le hace siempre un tipo muy interesante al que seguir. Con Arca (XL Recordings, 2017) esa deconstrucción sigue y Ghersi nos presenta su parte más visceral, aunque no en el sentido de reventarnos la sesera contra la pared, sino con sus pensamientos más íntimos y primarios. Algo que se ve tanto en los temas como en los videoclips.

Es esa evolución la que hace a Arca un culo inquieto como pocos en el panorama musical, puesto que pone la vulnerabilidad de los cuerpos y la sexualidad en el centro de su discurso, algo que sólo hacía parcialmente antes. Sin embargo, esa visión más frágil ha despojado a su música de la parte más corpórea que esta tenía. Poco queda de las deconstrucciones sonoras de graves gordos y texturas glitch que te golpeaban físicamente. Ahora opta por romper por dentro, reduciendo ese sonido grueso. Y cantando en español por primera vez. Una vez más, muestra su discurso flexible, capaz de fluir en diferentes direcciones dependiendo del momento personal en que se encuentre y sin ningún tipo de tapujo. Lo que le hace totalmente imprevisible.

Mucho peso emocional, menos musical

Precisamente el giro en este disco de homónimo título deja ver el poderío que puede tener su voz en cortes como ‘Saunter’, que es de los pocos que tiene esa herencia sonora de todo lo que ha hecho antes, al igual que las rupturas rítmicas de ‘Castration’. Un título que entra dentro de ese hilo conductor del álbum en el que los títulos enseñan la vulnerabilidad y la fragilidad que embadurna este trabajo. El venezolano se desnuda para volver a la lírica amorosa en ‘Coraje’ y unta de atmósferas más coloridas temas como ‘Fugaces’. Un álbum en el que destapa unos sentimientos que le costó transmitir durante su primera juventud y que ahora salen regurgitados de forma directa y primaria.

Prácticamente en todos los temas ejemplifica cómo sacar su discurso desde las entrañas pero sin acudir a la virulencia melódica que practicaba antes. También sacando a pasear su personalidad, sin atenerse a etiquetas y sin miedo a acercarse a un pop que apunta al mainstream en ‘Desafío’. Aunque se ha quitado de encima toda la experimentación y la deconstrucción sonora de su música y su fusión con ritmos latinos, que era lo que nos dejaba patidifusos, es difícil encontrar ahora mismo a un artista que plantee trabajos con esta profundidad en la electrónica. Que musicalmente sea de mayor o menor satisfacción para los seguidores es otro asunto. Esa profundidad viene acompañada con una reducción sonora a niveles hasta ahora inéditos en él, aunque por momentos sea más dramático en temas como ‘Reverie’.

Esa parte más convulsa es la que se echa en falta en este álbum, parte inherente de ese Arca deconstructor y transformador del sonido. Con todo, esa proyección personal que hace al exterior con este álbum le hace sigue colocando como un tipo escurridizo, difícil de etiquetar y que rezuma clase por todos sus poros. Se hace imposible vislumbrar qué camino va a seguir próximamente, salvo que seguirá poniendo en duda los cánones establecidos y esputando al exterior sus inquietudes, ya sean sonoras o emocionales y dejándonos con el culo torcido una vez más. Hay que tener mucho talento y arrojo para hacerlo. No todos pueden romper así los moldes. El valor conceptual del disco va mucho más allá del eminentemente musical, que se queda algo atrás en algunos pasajes. Lo que lo acaba lastrando a pesar de todo lo que tiene que decir.

7,3/10