Regreso sin contemplaciones


Parecía hasta mentira, difícil de creer, pero ya era una realidad, At the Drive-In estaban de vuelta. Incluso cuando soltaron el primer tema nuevo en 16 años costaba creerlo. Hasta que prácticamente su nuevo disco estaba a la vuelta de la esquina, aún no terminaba de verlo como la realidad que era. Lo cual me ha llevado a reflexión, ¿por qué encerrarme en un constante estado de negación ante algo que hace unos años asumía como algo que me gustaría bastante ver?

Lo más sencillo sería acudir al temor como causante principal de dicha negación. Diecisiete años son muchos, demasiados para una banda cuya gasolina era esa adrelanina y furia juvenil y más incluso para unos músicos que han vivido mucho estos años. Hablamos de una banda en la que dos de sus miembros clave se han pasado una década haciendo algo como The Mars Volta o, más loco incluso, cosas inefables como esta.

Y, sin embargo, volvieron haciendo cosas como esta.

Después de años de excentricidad y retorcimiento musical, algo debió hacer click en la mente tanto de Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez-López para acabar alejándose de esos excesos. Es inevitable pensar en un proyecto como Antemasque como el posible primer paso hasta la llegada de este nuevo trabajo. Aquel disco no era precisamente punk, pero desde luego ponía bastante empeño en alejarse del barroquismo fumeta de The Mars Volta y apostaba bastante por la canción pura y dura, cortita y al pie, con la sencillez y la efectividad directa por bandera.

No obstante, At the Drive-In nunca fueron sólo canción punk directa y sencilla, y en las canciones de Relationship of Command (Gran Royal, 2000) había espacio para muchos detalles, reflexión y desafío a los convencionalismos. ¿Serían capaces estos músicos con tantos años de carrera a sus espaldas de retomar desde lo dejaron con, además, la energía de antaño? La respuesta va un poco a medias, pero puede valer.

Podemos decir que At the Drive-In han vuelto con ganas con in•ter a•li•a (Rise, 2017) atendiendo a niveles de energía desplegada. No es pura furia adolescente lo que se destila aquí, pero sin duda hay bastante furia. Los de El Paso se andan con muy pocas contemplaciones y apuestan por un álbum muy directo y muy de garage. Guitarras, batería, bajo y, por supuesto, micrófono. Ninguna herramienta participa en la construcción de la esencia de este disco y todas se ponen de acuerdo para ir a degüello en la mayor parte del recorrido (aunque sin los gritos a los coros de Omar y de un Jim Ward cuya ausencia se acaba notando en el desarrollo de la obra).

Es implica perder algunos de los detalles melódicos y electrónicos tan exquisitos del RoC que precisamente ponían la guinda a un disco prácticamente generacional. Sin embargo, creo que cualquiera que afronte este nuevo disco a estas alturas del partido tiene asumido por completo que igualar la cima de su predecesor iba a ser imposible. Aquí está la versión menos completa de At the Drive-In, pero también encontramos su esencia más pura y sin cortar.

Atendiendo al resultado puro y duro, es complicado poner pegas. Cedric vuelve con una fuerza al micrófono que prácticamente ni se recordaba ya, Omar se da la suficiente libertad a la guitarra para seguir aportando ese toque especial al sonido At the Drive-In y el mordiente de Paul Hinojos, Tony Hajjar y el incorporado Keeley Davis (antiguo compañero de los otros dos en Sparta) está muy afilado, listo para dejar noqueado a cualquier que se ponga en medio de su recorrido.

La combinación de todos esos elementos nos deja una colección de canciones muy potentes y muy certeras. Quizá era uno de los aspectos más cruciales de cara a este nuevo disco: ser capaces de entregar temas que compensen 17 años de ausencia y no suenen oxidados. Una vez más, no encontramos los excelsos niveles de Relationship of Command, pero se defiende muy bien en ese aspecto, empezando con el cuchillo entre los dientes con ‘No Wolf Like the Present’ y continuando a base de zambombazos. ‘Continuum’, ‘Governed By Contagions’, ‘Incurably Innocent’ o ‘Torrentially Cutshaw’ son grandes ejemplos de un disco que funciona sobradamente en cuanto a repertorio se refiere.

Habrá quién se lamente de que no se alcancen los estándares del RoC -seamos sinceros, cuántos han llegado a esos niveles durante estos 17 años- pero no creo que in•ter a•li•a tenga tanto que envidiar de un disco de notable como In/Casino/Out (Fearless, 1998) y eso no es decir poco. No se puede decir que este sería el disco que At the Drive-In hubieran sacado en 2004 o 2005 si no se hubiesen separado, porque al final los años se terminan notando.

Ni ellos tienen ya veinte años ni nosotros somos esos muchachitos jóvenes y confusos que nos quedamos asombrados con aquel torrencial despliegue de furia. Pero leñe, uno no puede evitar sentirse muy vivo escuchando un disco así que, más allá de las verdaderas intenciones que haya habido para sacarlo, nos muestra a una banda que parece sentirse muy a gusto volviendo por estos derroteros.

7,85/10


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