Balago – Els Altres

Una vez más, y sin hacer mucho ruido, aunque cumpliendo siempre holgadamente en sus discos y en los festivales de referencia electrónicos del país, Balago vuelve —ahora solo queda David Crespo— en largo para ofrecer un disco en el que sumergirse. Como siempre, cumplidor. De hecho, no puede sorprender nada el resultado de Els Altres (Foehn, 2020). Después de prácticamente veinte años de trayectoria, Balago han hecho de todo en su universo ambiental, a veces incluso con deslices por el post-rock. En esta nueva entrega, tras el gran sabor de boca de El Demà (Fohen, 2018), el productor de La Garriga opta por elaborar tres largas piezas, de entre 13 y 23 minutos en las que las evocaciones costumbristas, los detalles y los cambios de ritmo, emanan de forma natural. De hecho, la principal novedad que aportan, y que supone una buena fórmula para darle un vuelco a su habitual modus operandi, son esas pequeñas incisiones sonoras, fragmentos quirúrgicos que van cambiando constantemente, aparte del hecho de que apuesten por minutajes tan largos.

Frente a otros trabajos de ambient, que este año está habiendo bastantes y muy buenos, Balago apuesta por seccionar el álbum en tres grandes partes que funcionan como un todo, una narrativa continua separada por ese largo minutaje que parece hacer referencia a diferentes paisajes de una ciudad o zona, al sonido de su vida diaria, con sus luces y sombras. Con inesperados cambios sonoros en las propias canciones, de forma que dentro de cada una podrían salir varias. Al final, una especie de collage que queda bien reflejado en la portada. Junto a lo que parecen grabaciones de campo, en ‘Part I‘ por ejemplo convergen un ambient más tribal, a veces incluso bordeando el new age, con sampleos de campanas y otros pequeños detalles que se entremezclan suavemente en una línea tenue. Experimentación en cuanto al concepto, con fragmentos cortos y melodías que no se acaban de desarrollar completamente, en lo que acaban siendo 13 minutos de collage sonoro ambiental.

Por su parte, ‘Part II‘ empieza de una forma ambiental más clásica, con esa atmósfera fría y nostálgica en sus primeros compases de la que tanto ha tirado Balago. Sin embargo, después se va recrudeciendo, con aderezos tribales y orientales, para volver a la misma atmósfera, sobre la que irán virtiendo de forma efímera su habitual percusión profunda y dejar paso a una cinéfila sinfonía clasicita de viento. Se encarga de cerrar ‘Part III‘, la pieza más larga y con más matices. Con sonidos orgánicos y de nuevo esa percusión marca de la casa por momentos, avanza para a mitad de corte pasar a una ambientación que dibuja cierta épica y erosión y a la que poco a poco van despojando su grosor, hasta casi dejar una línea imperceptible que luego evoluciona con el teclado hasta el final. Un disco que en cierta forma, está emparentado con Extractes d’un diari (Foehn, 2010), con una portada del mismo patrón, y con unas canciones de arquitectura sonora muy similar, que aquí podrían estar embutidas en estras tres largas piezas en las que inmiscuirse con auriculares. Un trabajo interesante, alejado de la profundidad, la fuerza, las atmósferas y simpatías espaciales de sus últimos álbumes, y que suponen una propuesta diferente de los catalanes, en la que perderse sin perder la atención por todos sus detalles. Una propuesta ambiental diferente, con aires relativamente costumbristas, según la evocación. Buen disco, como siempre.

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