Decía Sofia Coppola que hacer su última película para Apple TV+ le parecía una oportunidad fascinante para que los cineastas exploren nuevas vías creativas. Es cierto que esto no es exclusivo del servicio de la compañía y llevamos viendo tiempo como algunos han encontrado en el streaming no sólo la oportunidad de seguir trabajando en sus proyectos soñados, sino de expandir todo lo que una película puede dar de sí. También es cierto que la entrada de Netflix ha favorecido el boom de formatos que tenían pocas oportunidades y difusión en salas de cine tradicionales, como los documentales.

No obstante, con el boom también llega la necesidad de hacer en masa determinados tipos de documentales (¿no os parece que cada dos semanas hay un nuevo true crime que hay que ver en Netlfix?) por ser los más consumidos, y cabe la pena preguntarse si se está explotando realmente las posibilidades del género en estos servicios. Por supuesto, Netflix es conocida por no poner demasiadas limitaciones a sus creadores, pero no puedo evitar preguntarme si algo como lo que vemos en Beastie Boys Story tiene realmente lugar en su servicio. Es decir, estamos ante un proyecto que toca varias de sus áreas de interés (no sólo el documental), ¿pero habrían hecho una apuesta verdadera por él? ¿Habrían luchado por hacerse con él para luego hacer su habituañ estrategia de apostar fuerte en el finde de estreno y luego dejar que se pierda en el inmenso catálogo (y poner esfuerzos en cosas más mediocres como Tiger King)?

Probablemente el mejor lugar posible para Beastie Boys Story esté en un lugar como Apple TV+, donde va a resaltar y durante más tiempo. Sí, el alcance del servicio es limitado, no estamos ante un agente de primer nivel en estos tiempos de streaming, pero se le plantea por delante un espacio en blanco donde tiene toda la libertad de ser lo que sea. Es decir, no tenemos todavía mucha idea de qué es realmente «una serie de Apple TV+» o un «documental de Apple TV+». Y es algo que los propios Beastie Boys y Spike Jonze aprovechan para explotar todas las posibilidades de su artefacto.

Porque acercarse a Beastie Boys Story no es lo mismo que acercarse al enésimo documental de música que explora la historia de una banda. Sí, como en otros del estilo, son los miembros supervivientes los que cuentan sus propia historia, pero el formato difiere, con dichos miembros sobre un escenario narrando la historia con la misma naturalidad que afrontar un concierto del grupo. Por tanto, hay bastante de película-concierto aquí, pero también se aleja de ello por la manera en la que se involucra al público y cómo se estructura el show. Los conciertos de Beastie Boys, como es de esperar, no se pueden reducir a algo tradicional, pero en la película vemos una manera de fluir y de interactuar con el espectador muy cercana a un especial de comedia (cabe remarcar que Spike Jonze ha dirigido un especial de este tipo para Aziz Ansari).

Así, Mike D, Ad-Rock y Jonze aprovechan lo mejor de los tres estilos para dar un aire fresco y especial para esta película. Una película que ya tendría su propio valor por la propia historia de los Beastie Boys, pero lo que la hace especial es precisamente cómo la cuentan: con poca Wikipedia y mucho corazón. También mucha honestidad. Nunca ocultan que esta es su versión de la historia, y como todos nuestros recuerdos hay algunos más difusos que otros. Adam Horovitz explica en el primer tercio cómo conoció a sus compañeros y amigos en un concierto de Misfits, aunque la realidad es que «probablemente fuera en un concierto de Circle Jerks, pero me gustan más los Misfits, así que voy a decir que fue en uno de los Misfits». Te dejan todo el derecho para que cojas lo que digan con pinzas, pero te garantizan que la historia va a valer la pena.

Como en todas las mejores historias, hay momentos de gloria y momentos de dolor. Momentos de incertidumbre y el clásico momento donde deciden apostar por ellos mismos y salen triunfando. La muerte de Adam Yauch es algo que revolotea a lo largo del film y los momentos más duramente honestos llegan por ahí, explicando el torbellino creativo que era y cómo fue el motor para llevar al grupo todo lo lejos posible. También hay momentos agridulces recordando su periodo con Def Jam, desde el subidón que les dio el éxito de Licensed to Ill, cómo dicho éxito les hizo verse más perdidos que nunca y la tensa relación con Russell Simmons, especialmente en los puntos finales de dicha relación. Pero también hay mucho espacio para el humor (recordemos que esto también es un especial de comedia), desde el fallido intento de Horovitz en tener carrera en el cine al chiste recurrente de «CRAZY SHIT» (con voz de Bill Hader incluida), pasando también por esas escenas post-créditos que va a ser fácil que os perdáis si no estáis al quite.

Diamond, Horovitz y Jonze (este tanto rodando como dirigiendo el show entre bambalinas) muestran un perfecto sentido del ritmo para hacer fluir toda la historia, narrando con la misma reflexiva introspección de aquellos que han vivido dos vidas (o más) en una pero con la misma energía y frescura que han caracterizado siempre a la banda. Por tanto, no es que estemos ante un documento valioso para entender a uno de los versos libres más interesantes del hip hop, sino que encontramos una valiosa experiencia que pone patas arriba esos anquilosados documentales de música de artistas diciendo lo que quieren contar y omitiendo el resto, más apreciables para la fanáticada dura del artista de turno que para el resto. Te podrías meter en Beastie Boys Story a ciegas y podrías salir encantado aunque no tengas ni idea del grupo y sus canciones te suenen sólo de refilón. Por eso mismo, aún teniendo mucho terreno que recorrer, Apple TV+ se ha apuntado un buen tanto ofreciendo a este proyecto la oportunidad de existir.