Un trabajo notable que flipará a los acérrimos del ambient


Sumidos en esto de la agenda setting de la tele, con todas las cosas actuales con las que se nos azotan a diario, me pregunto a veces qué pasa en determinados sitios; sitios en los que parece que nunca ocurra nada. Como Australia o Islandia. Pero como pasa en otros casos, de países bastante alejados y fuera del espectro electrónico, que es el que nos ocupa, llegan artistas talentosos con discos mayúsculos, como ha sido, de nuevo, el caso de Ben Frost (nacido en el primer país y afincado en el segundo) con The Centre Cannot Hold (Mute, 2017), un álbum que esputa intensidad.

La hegemonía de las texturas atómicas

Como ya intuíamos, Treshold of Faith (Mute, 2017) iba a ser un aperitivo de este LP, en el que también ha participado el productor y sacrosanta figura del underground Steve Albini. Otro disco corto, para que las cualidades y la potencia no se difuminen con minutaje excesivo, en el que el australiano pasa por encima de A U R O R A (Mute, 2014), aunque en otro sentido. Si bien este último ya era de una envergadura eléctrica notable, The Centre Cannot Hold se inmiscuye en las texturas, uno de los arietes clave en la estructura sonora de Frost, para explotarlas mucho más.

Es un álbum mucho más centrado en la ambientación y en las segundas líneas que no en las violentas descargas de energía de aquél trabajo de 2014. Algo que permite disfrutar de su característico y fácilmente reconocible sonido de forma diferente. Mientras que antes te caía el rayo sin posibilidad de reaccionar, aquí la energía se ramifica y se va extendiendo poco a poco por tus oídos, de forma que puedes saborear cada matiz más intensamente, sin empujes efímeros. Como ver la tormenta desde lejos. Frost ha entendido que lo post-industrial no tiene por qué ser necesariamente siempre la potencia de lo industrial. Y ahí hay hueco para la épica y para las emociones, donde las partes vocales, algunas dramáticas, como la banda sonora de un futuro despoblado y distópico, juegan un papel fundamental.

Un cambio de guión que oxigena su propuesta y la renueva

Cada juego con la base ambiental y engalanado con las secciones vocales, como el caso de ‘Meg Ryan Eyez’ son regalos que se podrán percibir mucho mejor con unos buenos auriculares y escuchando atentamente. Así que si bien se esperaban las tormentas, como auguraba el EP previo, finalmente ha tirado por el juego con las ambientaciones, y el resultado es fantástico. Cortes como ‘Trauma Theory’ no tienen ese ímpetu destructor, pero tener esa carga eléctrica flotando todo el tiempo en la atmósfera es un acierto, dejando al oyente disfrutando de cada desintegración de átomos.

Aunque hay algo de estruendo como el tema inicial, ‘Treshold of Faith’, donde más gana este disco es en la parte por la que se ha decantado el australiano mayoritariamente, y en ‘All That You Love Will Be Eviscerated’, al estilo de Roly Porter o Paul Jebanasam, como también en el tema de cierre, hace suya la montaña rusa eléctrica way of life, con idas y venidas de intensidad. En este camino Frost ha encontrado, quizá gracias a la producción de Albini y sus grabaciones conjuntas durante diez días en Chicago, otra forma inteligente de explotar su creatividad. En entender que no es necesario estallar para sorprender y apelar más a los matices, está la clave. Que la energía no se destruye, sólo se transforma. Y joder, qué resultado.

7,7/10

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