Vuelve el señor de las tormentas industriales cuquis


Este tórrido verano se va marchando, pero poco, aunque siguen llegando novedades esperadas e inesperadas, por lo que el bajón que suele atacar en agosto debería poder consolarse con lo que viene en septiembre. Todos vamos llegando al redil en este final de mes, y Ben Frost, uno de los señores que más consenso generó en el Excel de 2014, harto difícil en Hipersónica (sobre todo en electrónica) también. Lógico por aquél grato A U R O R A (Mute, 2014), que también se coló en lo mejor de electrónica. Tras estos últimos años con bandas sonoras y algún EP flojo, en septiembre volverá con un nuevo álbum. Pero antes, Treshold of Faith (Mute, 2017), otro lanzamiento en corto que llegó en julio.

Las razones por las que aquél A U R O R A triunfara son entendibles, esa rama industrial bañada en capas electrizantes y contundentes que caían sobre ti como una pesada melodía atrapaban fácilmente. Al fin, después de varios experimentos operísticos, bandasonoriles como el de este mismo año, parece que habrá un disco al fin ‘normal’ en 2017. Y este EP va en esa línea, sin ahondar en las experimentaciones varias de estos últimos años, totalmente lícitas pero no tan eficientes como su disco de 2014. En Threshold of Faith encontramos por momentos a ese Frost feroz, lanzando descargas desde un punto alto que no alcanzamos a ver, con la tensión de no saber cuándo ni cómo caerá la siguiente tormenta.

Frost y Albini, esa extraña pareja

Un EP que no nos deja en el sitio, pero que sirve como aperitivo, porque quizá ese papel lo cumpla el próximo LP, que se publicará a finales de septiembre. Esta referencia tiene una primera mitad de ambient oscuro atosigado por las estridencias y el sonido eléctrico que caracteriza a Frost, sobre todo en los primeros temas, y después es más calmado en su parte central, donde se encuentra una de las sorpresas: Steve Albini. Después de rajar de cierta electrónica, aquí tenemos a uno de los mitos del underground americano, produciendo al australiano. Quizá le ha atraído su juego con las atmósferas y cómo estira y descompone la melodía, dejando en liza sólo los átomos con más energía, que son los que se desintegran en ‘The Beat Don’t Die in Bingo Town’ o que entran en turbulencias gracias a la remezcla de Lotic.

Se ve, por tanto, lo bien rodeado que ha estado Frost en este EP en el que a pesar de la ira que desata puntualmente, deja ver la fascinación que siente por las atmósferas cargadas y las bellas deformidades que puede provocar en ellas. Una muestra es la manipulación del ambiente que aplica en ese corte de cierre, ‘Mere Anarchy’, donde se despide con una preciosa sinfonía que recuerda al sonido de Clark y que deja dos interrogantes: si el camino del disco será este juego entre ambientes y noise, y en qué ha metido la mano Albini. Un par de cuestiones que dan ganas de ver por dónde saldrá el mes que viene. En cuanto a esta referencia, un giro interesante por la calma del esqueleto de varias canciones. Se le echaba de menos (en esta versión).

7/10

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