Bjarki – Happy Earthday

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Bjarki Rúnar Sigurðarson, más conocido en los recónditos mundos de la IDM como Bjarki, ha publicado este año su cuarta referencia, Happy Earthday (!K7, 2019), el cuarto largo de una prolífica trayectoria a pesar de su juventud. Después de haber disfrutado de la oportunidad que le ha brindado Nina Kraviz en su casa трип para publicar sus tres primeros LPs en el mismo año, el islandés ha debutado en el prestigioso sello alemán con el que se saca de la manga un maravilloso trabajo, el más completo de su carrera hasta el momento. Un disco de consumo a fuego lento, de una hora de duración, en el que hay tantos palos, sin manoseos, que casi parece un recopilatorio de todos esos espacios comunes que hay entre la IDM, los breaks, el ambient o el glitch de los últimos 25 años.

El regreso de un desconocido prodigio

Desde sus inicios, el productor islandés siempre ha mostrado de qué pie cojeaba. Si bien esa diversidad ha estado siempre bien presente, desde su tridente de 2016 saltaba a la palestra un ensamblaje sonoro muy similar al de Autechre, con IDM y breaks entrecortados, a veces también con esa querencia por las cacofonías. Cuestión que no ha sido óbice para que se pudieran encontrar auténticas perlas de IDM que tienen un acabado exquisito, de lo mejor que se ha escuchado en la actual década en el género. Tras tres álbumes en un mismo año, sin apenas diferencias entre ellos, casi cortados por el mismo patrón, la gama sonora era tremendamente rica.

Sin embargo, es en Happy Earthday donde más brilla —hasta el momento— la propuesta de Bjarki, a pesar de que en aquél tridente de 2016, Lefhanded Fuqs (трип, 2016) ya era de una calidad excelsa. Así pues, este se trata de un álbum con acabado minucioso, donde cada pieza se ha colocado quirúrgicamente cual reloj suizo, dando como resultado un trabajo menos agresivo y complejo que lo ofrecido en algunos de sus pasajes de 2016. De breaks contemporáneos que recuerdan y mucho a Skee Mask, a ambientaciones inmersivas como las de unos Boards of Canada en plena forma, el productor nórdico sorprende por la riqueza de su discurso y sobre todo por su ejecución.

A lo largo del disco sobrevuela sobre él la sensación de que es uno de esos grandes trabajos de IDM, sugestivos, de masticar lento y sin prisas para saborear todas sus aristas. Y lo es. Con una primera parte más ambiental —eso sí, con mucho devaneo en el interior— el corte que inaugura el LP ya está repleto de detalles y unos accesibles breaks que oxigenan una línea escapista que ensalza el talento del artista nórdico. En ‘Alone in Sandkassi‘, el segundo corte, Bjarki ya marca territorio con unos detalles más en la superficie; más perceptibles. Una suerte de línea de bajo sobre el que caen cantidad de recursos sonoros a un tempo y una inmersión lenta como la de BOC.

Un repaso a todos los sonidos que importan

Después llegarán ‘( . )_( . )‘ y su breakbeat a lo Skee Mask, la coraza instrumental del Richard D. James de drukqs (Warp, 2001) o temas que flirtean sin evitarlo con el glitch de Alva Noto u Oval en ‘Bheiv_sheep‘. Breves ejemplos de lo aprendida que tiene la lección el islandés. Sin embargo, en la segunda parte llegan más cortes en los que busca una adaptación de todos esos sonidos a su registro, aunque sea inevitable que sigan apareciendo por el retrovisor muchos célebres productores. ‘ANa5‘ es por ejemplo el puente entre las referencias clásicas y su receta de autor, con ambientación, percusión heredera de BOC, pequeños aguijonazos glitch y amagos breaks de cuando Autechre aún miraban al hip hop antes de entrar a otras dimensiones.

Dejando de lado esa especie de transición, ‘Cereal Rudestorm‘ —¿respuesta inteligente al trance de Sandstorm?— ejerce de ese terreno propio de Bjarki, aglutinando en ella las infinitas influencias, como ya hizo de forma maestra en 2016 —donde hay algunas de las canciones IDM más interesantes de la actual década—, con una sutil y bella euforia contenida, vocoder incluido. Una manera de hilar un elocuente tercio final con sonidos analógicos a lo Datach’i (‘Salty Grautinn‘) y esos pasajes barbitúricos para dejar la mente en blanco. Para cerrar el trabajo, después de un importante despliegue sonoro, que sólo se puede deglutir convenientemente en varios capítulos, el islandés culmina su viaje con ‘UXI‘, cuadrando el círculo para dejarlo donde empezó, con un pasaje luminoso que lejos de evaporarse, va sumando más texturas mientras avanza.

Con Happy Earthday, Bjarki entrega su trabajo más completo y trabajado hasta ahora. Se escapa de dibujos más complejos como los que llegó a trazar en 2016, al más puro estilo Autechre, para darle coherencia al conjunto de referencias que maneja, que no es pequeño. De hecho, en este cuarto largo están prácticamente presentes todos los estilos que han dialogado siempre con la IDM, líneas que se difuminan y que impiden catalogar cada tema con un sólo género. Frente al riesgo de dispersión y pérdida de frescura por ampliar tanto el foco, el artista islandés retrata una especie de recopilatorio que va desde el sonido warpiano en su época dorada hasta nuestros tiempos. Y lo hace con un talento colosal y una ejecución sin fisuras. Sin duda, uno de los discos indiscutibles del año.

8,6/10

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