Black Mountain – Destroyer

Suena muy ventajista decirlo ahora, pero incluso con lo mucho que disfruté su anterior disco, IV (como se puede comprobar), no podía despegar de mi mente la sensación de que Black Mountain iba a ser uno de esos grupos que, más tarde o más temprano, iba a sucumbir a la pereza creativa. Lo que tienen los prejuicios generados por miles de bandas de psicodelia heavy que han acabado cayendo a lo mismo.

Quizá ese pensamiento me hizo acudir con algo de duda a Destroyer, su nuevo álbum, incluso tras gustarme bastante, como he dicho, su predecesor. Que Stephen McBean se haya desecho de casi todos sus miembros anteriores y haya renovado casi por completo la formación no ayudaba. Claro que cada uno tiene derecho a hacer lo que quiera con su chiringuito, y esto no tiene que significar nada malo, pero tampoco despierta los mejores presagios.

Lo más decepcionante de Destroyer probablemente sea que esos aires de renovación no se sientan realmente. Sigue siendo un álbum de Black Mountain, con su psicodelia galáctica, sus guitarras pesadas y sus teclados siderales (se nota que el tecladista es el único que ha continuado en la banda). La cuestión es que lo poco que hacen a lo largo del disco que pueda sentirse diferente no se llega a sentir como tal, y los trucos que empleaban tan bien con anterioridad ya suenan un poco a resobados.

En sus mejores momentos, Destroyer se siente un trabajo que no desentona y hasta funciona, pero que no deja poso ninguno. Ni un momento memorable, ni un riff fabuloso. En sus peores momentos, se queda en algo sencillamente prescindible y que suena excesivamente acomodado. Ni frío, ni calor. Y qué queréis que os diga, lo que menos falta nos hace es un disco de Black Mountain que cause indiferencia.

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Black Mountain - Destroyer
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