Black Sabbath — Paranoid (1970), crítica: prolongando el estado de gracia

Uno de los axiomas que más se repiten en el maravilloso mundo de las conversaciones musicales surge a partir de la pregunta “¿Qué disco me escucho de este grupo?”. La respuesta más habitual suele ser “Empieza por el debut”, aunque hay diversas excepciones. Los primeros discos suelen ser una puerta de entrada más que acertada a la hora de explorar un grupo y, siguiendo a partir de ahí, se puede observar como un grupo evoluciona desde esa primera piedra. No se han visto pocos casos de segundos discos que no satisfacen todas las expectativas que surgen a partir del primero, pero también se da el caso de esos segundos platos que cogen lo ya ofrecido, lo pulen e incluso lo perfeccionan, superando a sus predecesores.

Así sucedió con Black Sabbath a la hora de afrontar su segundo álbum. En su debut homónimo, el grupo encontró un punto medio entre el árido Blues Rock de sus inicios y la pesadez del Heavy que más adelante perfeccionarían. Un movimiento que, a la postre, ha sido ampliamente reconocido y reverenciado, reconociendo dicho disco como uno de los más influyentes e imprescindibles de la historia. No se vio de igual manera en sus inicios, donde las críticas musicales del momento destrozaron enérgicamente la música de los Sabbath, debido principalmente al encontrarse con algo totalmente fuera de lo común y que exploraba vías por entonces desconocidas.

Black Sabbath, triunfando a pesar de las críticas

Era evidente, la crítica odiaba a Black Sabbath. Sin embargo, eso no frenó que la popularidad del grupo fuera ascendiendo de manera paulatina. A pesar de las críticas negativas, Black Sabbath (el álbum) cosechó un éxito notable en las listas británicas que les dio suficiente crédito para ponerse manos a la obra con el siguiente. Cuatro meses después del lanzamiento de su debut ya comenzaron a grabar su segunda pieza y, tres meses después, lo sacaron al mercado bajo el nombre de Paranoid. Aún pareciendo un proceso un tanto apresurado, la banda no se sintió intimidada y mostraron que estaban en estado de gracia.

La poca distancia entre ambos discos en el tiempo da a entender que los cambios en el sonido son mínimos, pero oyendo este segundo disco se ve que estos cambios son sustanciales. El factor bluesero de su música que se palpaba en su debut, en Paranoid adquiere menos protagonismo, aunque no desaparece del todo como se aprecia, sobre todo, en los temas finales, la instrumental ‘Rat Salad’ (con estupendo solo de batería de Bill Ward) y en ‘Fairies Wear Boots’, un duro y árido Rock ‘N Roll donde lo que más brilla son la guitarra de Tony Iommi y el feeling que transmite Ozzy Osbourne como vocalista (a pesar de que siempre se le consideró limitado en lo técnico).

Paranoid, prolongando el estado de gracia de la banda

Sabbath tenían claro que lo que funcionaba mejor no cambiarlo, al menos en exceso. Emplean los mismas esquemas, pero incidiendo más en los aspectos definitorios de su sonido. ‘War Pigs’ abre de igual manera que abría ‘Black Sabbath’ (la canción) en Black Sabbath (el álbum): de manera pesada, ruda y oscura. Casi ocho minutos llenos de muy buenos riffs de la marca de Tony Iommi, las críticas letras de Geezer Butler y cantadas por Ozzy que, en vez de temer la tenebrosa presencia del diablo, apunta hacia los dirigentes y la clase adinerada que engrasaban la máquina de la guerra.

Decía Henry Rollins que solo podía confiar en ti mismo y en los seis primeros discos de Black Sabbath. De entre esos seis discos cada uno puede sentir mayor predilección por uno o por otro por varios motivos. Paranoid es el mío, principalmente, por ser más canónico y seminal que su predecesor y por las canciones que contiene, varias de las cuales yo colocaría en mi top 10 de canciones de los Sabbath. Empezando por ese jitazo mayúsculo como es el tema homónimo, puesto casi por rellenar, compuesto en poco más de cinco minutos y grabado a toda prisa para terminar el disco, pero terminó siendo el primer single del mismo. ‘Paranoid’ es una imprescindible en la educación musical de muchos, incluido yo mismo, y ampliamente memorable gracias a ese adictivo riff de Iommi, con un esquema que luego sería empleado hasta la saciedad por el Punk.

Es fácil dejarse engatusar por Paranoid y perderse en sus opulentas canciones. ‘Planet Caravan’ rezuma psicodelia por los cuatro costados y nos da una canción en la que, desde esa guitarra hasta la voz de Ozzy, hipnotizan por completo al oyente y lo atraen hasta sus fauces. La trascendencia e importancia de piezas como ‘Hand of Doom’ o ‘Iron Man’ es indudable ya que sus esquemas darían paso a lo que se conocería como el Doom Metal. La segunda de las dos se hace hasta más imprescindible dada su categoría de himno definitivo de la banda, muy presente en sus conciertos, y una pieza perfecta si quieres aprender a tocar un instrumento.

No me quiero dejar sin mencionar ‘Electric Funeral’, otra de las joyas de un conjunto ya de por sí excelente. La retorcida y oscura distorsión del sonido sería un paso clave en la evolución de Sabbath, cadencioso y lento en su inicio, dando luego lugar a un desenfreno instrumental esquizofrénico. Un disco con casi ninguna fisura, de canciones enfermizas y brillantes, que ha sido ampliamente reconocido como una de las obras fundamentales del Metal y una marcada influencia en miles de artistas. Aunque fue también menospreciado por la crítica musical del momento, el tiempo lo terminó poniendo en su lugar y, aun a pesar de las críticas, aumentó la popularidad de una banda en auge. Y, afortunadamente, la cosa no hacía más que empezar.

Lo mejor

  • Perfeccionamiento y avance en el sonido característico de la banda
  • Varias canciones que hoy son himnos dentro de su historia
  • La hipnótica psicodelia de ‘Planet Caravan’
  • La profundidad y fuerza de ‘Iron Man’ o ‘Hand of Doom’
  • ’Paranoid’, unos de esos temas más grandes que la vida

Lo peor

  • Que algunos diréis que este disco está algo sobrevalorado
  • Que no no lo está ni mucho menos
  • Nada más

Especial Black Sabbath en Hipersónica

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1 month ago

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