Otro disco notable con temas que se salen de órbita


Hace tiempo ya que no sabemos mucho de Fuck Buttons, y es una lástima porque sus discos de grandilocuencia y erosión siempre son bienvenidos para llenarnos de cera los oídos. Hasta que sus dos mitades sigan inmiscuidas en sus proyectos propios, habremos de seguir tirando de sus monumentales obras. O podemos tirar también de esos proyectos paralelos, sobre todo del de Benjamin John Power, Blanck Mass, que parece el encargado del martillo en el proyecto a raíz de sus trabajos personales. Es justo lo que nos vuelve a mostrar este mes en World Eater (Sacred Bones, 2017).

Frente a la potencia, más potencia

Blanck Mass es un tipo regular, en su proyecto personal de momento no parece que vaya a rozar un trabajo de excelencia, pero desde luego va sobrado para discos de notable con algunos pepinazos de esos de poner el equipo de música a toda fuerza y jugar con sus límites cual central de Chernobyl. En 2015 llegó Dumb Flesh (Sacred Bones, 2015), un álbum en el que exhibía esa regularidad, sin embargo, ese mismo curso publicó The Great Confuso EP (Sacred Bones, 2015), donde exploraba la contundencia de su sonido más aún (ahí está ese joyón con Genesis P. Orridge). Y World Eater va por ahí.

Power revisita su sonido tirando de la raigambre de más músculo en la mayoría de temas, a veces con bombos casi industriales, y eso da como resultado, una vez más, algún corte fabuloso. Pero esta vez la intensidad de sus canciones viene acompañada de más detalles en la superficie, yendo más allá de las percusiones, generalmente algún efecto que le da ciertas texturas a los temas. Una fórmula bastante efectiva que ha ido mejorando con el paso de los años. Desde su debut, que estaba más centrado en los drones, hasta ahora, ha ido vitaminando cada vez más su propuesta, y en este disco ha llegado a su máximo exponente hasta el momento.

Detalles más cuidados para no vivir sólo de la explosión

Una propuesta a la que se le podrían ver las costuras en el futuro dado que al el patrón había venido siendo el mismo a la hora de tirar por la contundencia, pero consciente de ello, y hábil, Power ha metido más texturas para actualizar su sonido. De hecho, incluso en esos cortes que no son de clímax, como ‘Please’, aprovecha para jugar con nuevas formas, aquí con algún ritmo que rompe y un tempo al más puro estilo UK Bass. Y en ‘Minessota / Ears Fors / Naked’ juega con la ambientación y el ruido sordo que había en Fuck Buttons, acabando con un toque de sintes ochenteros. Aunque son temas un peldaño por debajo de las hostias que gusta repartirnos en cada disco.

El resto ya se puede imaginar, de la epopeya de ‘Rhesus Negative’, donde las secciones vocales y ese sonido tan Slow Focus te dejan seco, hasta la imponente percusión de ‘The Rat’ y su atmósfera cósmica, pasando por la distorsión de ‘Hive Mind’, el álbum es una montaña rusa repleta de curvas, pasajes abruptos y velocidad desbocada. Blanck Mass ha vuelto en su formato más imponente, y eso hace que este sea su disco más completo hasta la fecha, enseñando los dientes como muestra en la portada.

A pesar de que los cortes más tranquilos no funcionen tanto como las sacudidas por las que es célebre, en global es un álbum más potente y del que se ha preocupado de cuidar detalles para que no todo sea soltar el martillo y que destruya lo que hay alrededor. Una ligera actualización que aún le mantiene lejos de facturar un disco sobresaliente, pero que le sigue haciendo infalible. A falta de pan (Fuck Buttons), buenas son tortas (el susodicho).

7.9/10

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