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Bonobo — Migration

Despacito y con buena letra


Es curioso ver la evolución lenta que han tenido ciertos artistas, casi dos décadas en activo y apenas unas leves modificaciones en su sonido; lo necesariamente laxas como para llevar un discurso coherente, pero con unas características tan precisas que son suficientes para no desentonar con su pasado. Es lo que lleva haciendo Bonobo durante toda su carrera y lo que volvemos a ver en Migration (Ninja Tune, 2017), uno de los discos electrónicos más madrugadores del presente año.

De aquél Bonobo con preferencias jazzeras embadurnadas de un downtempo que aún hoy sobrevive en su propuesta ya queda bien poco. En sus últimos discos ha ido mutando ese nu-jazz por otros derroteros que hoy giran en torno al future garage. Eso sí, sin dejar de lado esos rasgos inherentes a su propuesta, como son el enorme talento que suele desprender y el cuidado en sus detalles. Migration sigue una evolución lógica con The North Borders (Nina Tune, 2013), sigue apostando por ritmos lentos y preciosistas, precisamente manteniendo vivo ese downtempo, pero pisando algo más el acelerador cuando le apetece. Eso sí, poco, no vaya a descarrilar. Él es amigo de los cambios lentos y seguros. Y a veces es un lastre: la zona de confort.

Del nu-jazz al future garage

Y de esas revoluciones que sube por momentos podemos ver por ejemplo qué bien encaja ese future garage más clubby de ‘Kerala’ dentro de su propuesta (y quizá del disco de The XX). Sin duda una de las facetas que aún podría tener tiempo de explotar más ampliamente para desarrollar nuevos horizontes. Pero claro, es un hombre de evoluciones lentas. Y esas vibraciones marca de la casa siguen vigentes en temas estimulantes como ‘7th Sevens’ o más suaves pero con gran instrumentación como ‘Ontario’. Es la medicina que siempre nos ha dado Bonobo.

La pregunta es si lleva demasiado con esa fórmula. Sus giros son lentos y a cuentagotas, casi imperceptibles, y tiene un margen precioso para epatar. Es lo que pasa al escuchar esos momentos de desmelenamiento de cortes tan electrizantes como ‘Outlier’, que es lo mejor del disco. Es lógico preguntarse por qué no explota más esa vía. Pero ya se sabe, Bonobo es hombre de cambios lentos. De momento hay que conformarse con temas de mayor tempo como ‘No Reason’ combinados con otros que rompen el ritmo como hace ‘Second Sun’.

En resumidas cuentas, un satisfactorio regreso de Bonobo, en línea con su álbum anterior, que no llega a la calidad de Black Sands (Ninja Tune, 2010), pero en el que sigue demostrando que tiene talento para regalar. Un más de lo mismo que se suele decir. Si no tuviéramos algunos momentos de ambientación e instrumentación tan reposados, una vía que ya ha explorado ampliamente, quedaría un álbum más completo con esa faceta más expeditiva con la que de momento no quiere romper la balanza.

6,8/10

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